sábado, 7 de octubre de 2017

No hay nadie nuevo cerca de ti



La última chica que conocí apareció porque no pude ir a un concierto. Fue la pasada noche del jueves de este mes de octubre que parece una primavera de colores que lanza su última afrenta antes de que ser comida por la oscuridad del invierno. Sucedió que ambos nos sentamos juntos en el mismo vagón en el metro de Ópera.

Ella, sin apenas haber llegado a la siguiente parada, se quedó dormida y, para cuando nos detuvimos en Gran Vía ya tenía recostada su cabeza sobre mi hombro. A esta hora en la que ya anochecido, con la desolación de ser quien cierra la oficina y con un par de cervezas encima, en una situación así, uno se cree el protagonista de todas las canciones de amor del mundo. El primer recuerdo que me viene de ella es el olor suave y dulce de su pelo, que me transportaba a pensarla en un ritual lento, de luz templada y ambiente cálido que cada día llevaría a cabo para conseguirlo.

Elena, que así se llama o eso decía su playlist, iba escuchando música, podía escuchar la melodía saliendo de sus auriculares. Hasta llegar a Rubén Darío sonaba Arcade Fire y, hasta Diego de León, sonaba Neuman. La verdad que no conocía ninguna de las canciones pero me parecieron la banda sonora más hermosa que he escuchado en la vida. Me repetí cien veces a lo largo de esa noche, esos nombres que leí en la pantalla de su teléfono, para que no se me olvidaran nunca.



La tercera canción sí la conocía, sonaba Vetusta Morla, cuando despertó, me lanzó una sonrisa y una disculpa avergonzada. La puerta se abrió, y fue allí, en Quintana donde ella desapareció de mi vida para siempre mientras en mi cabeza continuaba la canción que ahora estaría sonando. “Dejarse llevar suena demasiado bien…”.



Esa noche dormí como quien sabe que se está enamorando y amanecí con la energía de quien ya se sabe enamorado del todo. Mientras desayunaba intenté dar con las canciones que sonaban en su cabeza la noche anterior. Exploré a toda la velocidad que puede la discografía de Arcade Fire, saltando de canción en canción, tratando de identificar la canción en los primeros acordes.

Para cuando estaba en la puerta del trabajo logré dar con la melodía que ansiaba y, antes que consultar el correo como es mi costumbre nada más llegar, lo que hice fue buscar la letra de la canción. Sin duda, la canción hablaba de nosotros, de ese encuentro, cuando dice your dreams are the only things that save you”. Con la de Neuman tuve más suerte y a la tercera canción que escuché di con ella.



Desde entonces no he vuelto a saber nada de aquella chica por mucho que la he buscado, cada semana, a la misma hora, en la misma estación y en el mismo vagón, mientras escucho, una y otra vez, las mismas canciones en el mismo orden que aquella noche. He caído en el abismo de la añoranza buscándola en todas las redes sociales que tengo a mi alcance. No doy con ella pero está siempre conmigo. Con su música y el champú que, sin que lo sepa, compartimos.

Puede que, con esta confesión, pueda parecer un psicopáta cuando, quien de verdad mata es la pantalla de mi teléfono que, una y otra vez, escupiéndome sin parar una pregunta“¿no hay nadie nuevo cerca de ti?”.

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