domingo, 5 de febrero de 2017

Terminó la huida - Ignacio. Bellido

Terminó la huida


Yo, que siempre huía de las miradas cargadas de nostalgia, de las palabras de sospecha, de los domingos de eucaristía y de las promesas no pedidas, cuando te vi tuve que rehacer mi vida.

Yo, que siempre escapaba de contratar una tarifa plana de caricias, que me negaba a arrendar el patrimonio de mi intimidad y a hipotecar la pasión a un interés fijo, cuando te vi estampe mi firma.

Yo, que siempre me escabullía de unos ojos que herían, de las sonrisas que estremecían y de los labios que escocían, cuando te vi quise abrir todas mis heridas. 

Cuando te vi terminó la huida.

Cuando te vi dediqué los diez primeros segundos a buscar un terreno vacío en tu corazón en el que construir mi casa. Dibujé los planos. Rellené los formularios sin tu permiso y pagué por adelantado cada una de las plusvalías que me ofrecías. En el momento que te vi forje los cimientos de una guarida en la que quedarme instalado para siempre.

Los siguientes veinte segundos los dediqué a explorar tu geografía. Recuperé cada uno de los mapas de mi vida para encontrar todos tus tesoros escondidos, calculé la escala de todo el espacio que teníamos por explorar.

Cinco segundos los invertí en dejar escrito en el pentagrama de mi memoria el compás de mis latidos, en que la orquesta de mis sentidos interpretase la sinfonía de cada uno de tus pasos.

Los tres segundos siguientes le di cuerda al reloj para que que no parase nunca de dar vueltas a la órbita de tu sonrisa.

Los últimos veintidós solo los entregué a una sola causa. Un lapso de tiempo en el que no hice nada. Este tiempo lo utilicé para envejecer en ellos pero contigo. Era el momento de permanecer a tu lado para ser presente, fabular futuros y hacer memoria.

Cuando te vi terminó mi huida, comenzó una vida. Sesenta segundos que no se olvidan.

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