martes, 22 de noviembre de 2016

Recetas proscritas

Una nueva medicina contra la depresión capaz de elevar el ánimo de todo un país está a punto de ser comercializada.

recetas proscritas | Ignacio Bellido


-La solución definitiva está en recetar amantes.

-¿Pero qué clase de disparate es este?

-No es ningún disparate Dr. Prather. Nuestros laboratorios llevan años estudiando este nuevo tratamiento y ningún fármaco ha conseguido acercarse a sus beneficios. Es más, según hemos descubierto, ¡un amante es mucho más beneficioso para la felicidad del paciente que cambiar de trabajo! Es mejor para la salud que cambiar de residencia. Y lo mejor de todo, no es necesario siquiera cambiar de pareja. Se puede tener un amante y conservar la pareja actual. Esto es, sin duda, lo más revolucionario, con este remedio mejoramos la salud mental del paciente y preservamos una institución sagrada como el matrimonio.

-No veo qué de científico hay en lo que dice. Me parece un nuevo capricho de su excéntrico jefe y todo un acierto en marketing de su laboratorio no se lo voy negar. ¡La medicina no es ningún juego, es una ciencia que lleva miles de años tratando de mejorar la vida de la personas! Y ahora viene usted con esta idea tan macabra.

-Para nuestro laboratorio la medicina nunca ha sido un juego. Desde la fundación de nuestra empresa, hace más de 75 años, hemos colaborado mano a mano con las más prestigiosas universidades del mundo. Este proyecto llamado “amante en ciernes”, lleva ocho años siendo investigado en el MIT por los profesionales más prestigiosos del mundo en distintas disciplinas. Así que creo Dr. Prather, que lo que he venido a mostrarle es mucho más serio de lo que piensa.

-Disculpe que le haya ofendido, no era mi intención. Pero no consigo discernir qué puede tener de beneficioso un amante en la vida de mis pacientes.

-Verá doctor. Como bien sabe lo sencillo y beneficioso para la industria farmaceútica sería seguir recurriendo a los antidepresivos. Pero estamos alarmados por los niveles de adicción y dependencia a estos medicamentos en la población mayor de 45 años. Creemos que prescribiendo amantes podemos hacer mucho más por la felicidad del país que manteniendo el actual mercado de los medicamentos. Además, con nuestra propuesta reduciríamos el gasto que suponen estos químicos a las arcas públicas. Nuestros laboratorios llevan décadas beneficiándose de la comercialización de fármacos, pero creemos que ha llegado el momento de hacer algo de forma altruista por la humanidad.

-Sigo sin ver el beneficio que usted dice y, ni mucho menos, cómo pretende usted que mis pacientes me tomen en serio si les prescribo una amante para sus estados depresivos. No creo que el daño emocional que genera el desempleo de larga duración, las crisis de ansiedad sobrevenidas al ver amenazado su bienestar o, simplemente, ser capaz de hacer frente a los vaivenes de la vida se solucione con un amante.

-¡Ay, doctor! –contestó mientras suspiraba-. Solemos estar reacios a los grandes cambios que mejorarán nuestras vidas aun sabiendo que no podemos escapar a ellos. Si me permite una aclaración, nuestra propuesta de medicina no estriba en que amante y paciente se enamoren. Tampoco queremos que sea sexo por sexo, sino que se trata de que nuestro amante enriquezca ambos la vida del otro y, a la vez, vea enriquecida su propia vida –decía con una sonrisa en los labios y los ojos-. Para que lo vea más claro, pongamos un como ejemplo el paciente que ha salido de su consulta antes de que usted me recibiera.

-Sí, ¿dígame en qué le puede ser útil un amante al Sr. Malthius? –preguntó extrañado el doctor que no se había movido de su silla-. Le informo de que este señor lleva en estado depresivo más de tres años. Su mujer falleció y  ha tenido que hacer frente, desde entonces, a dos hijos adolescentes sin ningún apoyo familiar. La angustia de esa situación le ha provocado distintas patologías de orden muscular y articular que debe tratarse a diario para conservar su empleo.

-Es un caso perfecto para que pueda entender lo que vengo a explicarle. Verá el Sr. Matlhius ha dicho que se llama ¿verdad? Este señor necesita un amante, un rayo de luz en su vida, y, al mismo tiempo, puede ser la medicina perfecta para otra de sus pacientes si aprovechamos su potencial para amar.  Como usted sabe un amante, una aventura ocasional con unas dosis de sexo y comprensión hacen más por el bue ánimo de las personas que cualquier sustancia química artificial, es la mejor medicina que ha existido siempre. Ayuda a aliviar tensiones físicas, aumenta la capacidad de aprendizaje con la segregación de dopamina, las personas se vuelven más creativas para resolver problemas cotidianos y ganan confianza en sí mismas volviéndose más extovertidas. Todo lo que no tienen la mayoría de los pacientes que le visitan a diario.

-Visto así, parece una buena solución. Y económica. Si me decidiese a ponerla en práctica. ¿Cómo puedo saber si uno de mis pacientes será un buen amante? ¿Cuál será el criterio de selección por el que debo regirme?

-Dr. Prather déjese guiar por su buen ojo clínico. Desde nuestro laboratorio sólo le recomendamos que siga una serie de parámetros para seleccionar los amantes mejor preparados.
-Cuénteme

-Lo primero de todo es el criterio de edad. Sólo podrá elegir mayores de 35 años, hombres.

-¿Sólo hombres? ¿Qué pasa que las mujeres no pueden ser buenas amantes? ¿Qué descubrimientos han hecho desde el MIT a este respecto?

-Creáme doctor, no hay mejor amante ni ser que pueda dar más amor que una mujer pero, por momento, la sociedad no está preparada. Aún hoy las mujeres, consideran a otras mujeres que ejercen el papel de amantes como derrochadoras de su tiempo en una relación sin ninguna utilidad. En lo que se va cambiando ese cliché podremos trabajar en aras de la felicidad ciñéndonos sólo a reclutar hombres.

-Entendido, sólo hombres mayores de 35 años. ¿Alguna consideración adicional que deba ser tenida en cuenta para elegir a los mejores y más preparados? ¿No me pedirá que tengo que pedirles que se desnuden o hacerles una exploración rectal?

-No, el proceso de selección es mucho más sencillo, rápido e indoloro que todo eso. Lo único que tiene que hacer es tener la certeza de que el amante no sea un tonto a las tres, ni un cantamañanas ni mucho menos un cero a la izquierda.

-Parece sencillo, creo que con eso me elimina usted un buen número de posibles. Y dígame, ¿los elijo divorciados, solteros, viudos, casados?

-Lo importante es que no sea nuevo en esto del amor no correspondido y que no sea exigente. Tenga en cuenta que no siempre el trabajo será grato o se acomodará a sus gustos.

-Sí, sí, lo entiendo perfectamente. No se trata de un trabajo ideal claro está.

-Debe tener claro que no se trata de ningún trabajo porque no está remunerado. Además, tiene otra serie de requisitos como disponer de vehículo propio. Ya sabe usted que la pasión y el deseo se manifiestan sin previo aviso y en los lugares más inesperados, por lo que hay que estar preparado para cualquier emergencia.

-Es lógico.

-Además, necesitamos de alguien con flexibilidad horaria y que esté más bien disponible en horario diurno. Ya sabe usted que las casas suelen estar vacías en las mañanas lo que hace de éste un buen momento para los escarceos. Así que busque entre sus pacientes aquellos que trabajen de noche. Ya sabe vigilantes, policías, basureros, barrenderos, recepcionistas, camareros, médicos de urgencias…

-Me resultará difícil encontrar candidatos con tantos requisitos y, si encima no pagan, se complica mucho más la cosa.

-No crea, ser amante tiene grandes ventajas fiscales. Hemos logrado un acuerdo con el gobierno para que todos aquellos que se den de alta como amantes se beneficien de exenciones a la hora de tributar. Entienda que con el ahorro que darán al Estado éste sepa corresponder a los ciudadanos que tanto contribuyan al bien común.

-¡Es una excelente medida por parte de nuestros gobernantes! La verdad que este nuevo gobierno está haciendo mucho por mejorar la vida de sus compatriotas.

-Escuchéme bien porque no se trata del único beneficio. Tenga bien presente que para los amantes quedarán las noches libres, aunque por su profesión muchas las ocupen trabajando pero sus noches de descanso quedarán intactas. Podrán disfrutar del fin de semana a cuerpo de rey porque podrán encontrarse con sus amigotes sin estar pendientes del teléfono, ventajas del desarrollo de la tele por cable y que los maridos opten por quedarse en el calor de su casa viendo el fútbol que yendo a pasar miserias al estadio.

-Parece que todos son ventajas.

-Y no son las únicas. Hay muchas más. Le reirán las gracias, recibirán halagos sin merecerlos, no se les tendrán en cuenta sus múltiples defectos… Como puede ver, desde nuestro laboratorio hemos pensado en todo antes de lanzarnos a comercializar nuestra propuesta.

-Ya veo. Me queda una última pregunta que lleva un rato rondándome la cabeza.

-Adelante, no tenga reparos en preguntar lo que desee Dr. Prather. Sabe que una de las razones por las que estoy aquí es para aclarar y atender cualquiera de sus dudas.

-Como usted bien sabe- el Dr. Prather carraspeó antes de continuar mientras su vista se anclaba en los papeles sobre su mesa-, la situación de la sanidad en este país no es la mejor debido a los ajustes que realizaron los gobiernos anteriores. Largas listas de espera, atención deficitaria en medicina general, salarios congelados… Esto ha generado que el desánimo y el desencanto ha hecho mella entre los profesionales sanitarios. Me centro que me estoy yendo por las ramas ¿Podría como médico recetarme a mí mismo o iría en contra de nuestro juramento hipocrático?

recetas proscritas | Ignacio Bellido


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