miércoles, 30 de noviembre de 2016

La selección de la especie

Una entrevista de trabajo. Varios candidatos. Un reto. 

Una vida que no volverá a ser la misma.




A Román le gusta llegar cinco minutos antes a cualquier cita. No iba a perder su hábito precisamente hoy que tenía entrevista de trabajo. A sus 42 años, los últimos siete meses desempleado, tiene la percepción de que su vida laboral está dando sus últimos coletazos antes de caer en la deriva. Por eso, hoy se ha propuesto a sacar lo mejor de sí.

Se ha perfilado bien la barba y dejarse el bigote que tanto le luce. Se ha puesto una camisa alegre y, en vez de corbata, se ha decantado por la pajarita. Ha repasado los cristales de sus lentes para que su mirada clara reluzca, repasado mentalmente su carrera y ensayado las respuestas a las preguntas más comprometidas que puedan plantearle. ¿Por qué finalizó su contrato en la empresa anterior? ¿Qué se ve capaz de aportar a la empresa? ¿Cuánto le gustaría percibir como salario? Román no duda, se siente preparado.

Al llegar a las oficinas de la empresa ha dado su nombre. La recepcionista le ha sonreído y solicitado que hasta que finalice el proceso de selección debe dejar su teléfono móvil. Ella se encargará de custodiarlo para devolvérselo cuando concluya. Román no ha puesto objeciones, le ha entregado sumiso y dispuesto su viejo teléfono. La recepcionista no ha hecho ningún comentario al respecto, pero le ha sorprendido que, en los tiempos que corren, una persona menor de 50 años utilice un teléfono tan obsoleto. Salón Oceanía, tercera planta, suerte.

El primer candidato que logre la cifra de mil seguidores se hará con el puesto. 


Ha entrado en la sala confiado, seguro de sí, hombros en alto, pasos firmes y sonrisa afable. Allí ha comprobado que son catorce los candidatos que aguardan, como él, su turno. Primer contratiempo, esperaba una entrevista individual, pero esto tiene toda la pinta de ser una selección grupal. Acto seguido vendrán las dinámicas de grupo, de comunicación y demás fantasías que los profesionales de recursos humanos idean para justificar sus salarios. No pasa nada, no es la primera vez que se enfrenta a estos procesos. Toma aire, con tranquilidad recorre visualmente la sala, se sabe capaz viendo que es el más veterano de los allí presentes.

Apenas ha terminado de dar los buenos días y acomodarse en el único asiento que quedaba libre cuando ha aparecido un joven de apenas veinte años en el umbral de la puerta. Les ha dado la bienvenida, se ha presentado como el CEO de la compañía y explicado, brevemente y sin rodeos, en qué consiste el proceso de selección.

-Están todos aquí porque han presentado su candidatura para un puesto de trabajo en el departamento de comunicación de la compañía. Sólo uno de entre los aquí presentes se hará con el puesto. El salario es de 36.000 euros brutos anuales, con cuarenta días de vacaciones por año y con la posibilidad de trabajar desde casa. Si alguien no está conforme con las condiciones puede abandonar ahora mismo –nadie se ha movido de su sitio- . Viendo que no hay objeciones paso a explicarles en qué consiste la prueba. Cada uno de ustedes pasará a una sala donde estarán solos. En ella encontrarán un sillón, una pequeña mesa con agua, comida y un teléfono móvil. Cada teléfono será su herramienta de trabajo, hemos creado para cada uno de ustedes un perfil nuevo en Twitter. El primero de ustedes que logre la cifra de mil seguidores se hará con el puesto.

Román ha sentido que se le venía el mundo encima o al menos eso decía la expresión pálida de su cara. Ha pensado en abandonar pero, ya que estaba allí, no pierde nada por intentarlo. Se ha dirigido a su puesto andando sobre las puntas, silencioso y vacilante como quien se asoma a un precipicio. Ha cruzado el umbral y allí está, ese teléfono que sabe que va a ser su condena. Un teléfono que le va a echar para siempre del mercado laboral, como en su día se vieron fuera los segadores con la llegada de las cosechadoras, los campaneros con los relojes de pulsera o los herreros con los altos hornos. 

Román se ha despertado creyéndose moderno y todo pinta que se acostará obsoleto. Estará vivo sí, pero muerto profesionalmente. La única opción viable que le quedará cuando esto termine será la de mostrarse como objeto de exposición en el museo arqueológico. Él y su móvil. Homo Analogicus sería el nombre que se pondría en el cartel que explicase su vida, presentase sus herramientas y su vida sexual.

Una nueva especie aflora ente las redes. El homo analogicus está a punto de entrar en los museos


Ha agitado su cabeza para disipar estos pensamientos de la cabeza. ¡Céntrate! se ha dicho. Ha cogido el teléfono, desbloqueado la pantalla y se ha lanzado a la telaraña de las redes. Ha hecho un rápido repaso mental por los manuales y artículos que ha leído al respecto de esta red social. Primero, elegir un nombre.¡Bien! esto no es necesario que lo haga, ya lo han hecho por mí, así gano tiempo. Segundo, elegir una foto de perfil. ¡Mierda! Esto ya es más difícil. ¿Cómo coño me voy a hacer una foto de perfil yo sólo y que quede bien? ¡Putos selfies!

Un momento, un momento, calma Román. Recuerda lo que has leído. Poner la cámara a la altura de la frente, poner un poco de morritos y una mirada profunda. Al tercer intento ha pensado que el resultado era aceptable. Tercero, empezar a publicar. ¡Esto sí que es difícil! ¿Cómo empiezo? No puedo resultar pretencioso pero tampoco idiota. Ya está. ¡Lo tengo! Escribe “Hola mundo”. Su primer tweet ya está en la red.

Ha pasado dos minutos desde que ha escrito el mensaje. No hay respuesta. Su número de seguidores sigue siendo cero. No pasa nada, no es bueno que precipitarse. Ha encontrado la forma de salir del atolladero. Tiempo atrás se fijó en una noticia donde se contaba que utilizar gatos suele tener muchas reproducciones en la red. Se ha pasado la siguiente hora recopilando memes de gatos y lanzándolos a la red de forma inmisericorde. Ya son diecisiete los tweet que ha publicado. Nueve seguidores.

Recurrir a los gatos parece que no está funcionando tan bien como esperaba. Es un buen momento para cambiar de estrategia y no hacer el ridículo. Ha llegado la hora de opinar sobre los temas de actualidad. Busca las etiquetas más populares. Escribe sin pensar. Opina de todo sin saber de nada. No consulta siquiera las noticias de las que habla. Sólo opina. Critica. Su cuenta de seguidores lo agradece. 124 tweets publicados. 46 seguidores. Esto funciona.

Han pasado muchas horas desde el inicio de la prueba. Varios candidatos han desistido.  Román persevera. Se le dará peor que a ninguno pero no va a permitirse un abandono. Nada. Sigue publicando. Sigue publicando. Los últimos setenta mensajes han sido un resumen de su vida. ¡Qué triste! Cuarenta años de existencia en apenas diez mil palabras. 153 seguidores.

Llegada la última hora de la tarde han venido a darle el aviso de que la prueba ha terminado. Uno de los candidatos ya ha alcanzado el objetivo. Román actualiza de nuevo la pantalla. Ese cabrón ya tiene mil seguidores y yo no estoy cerca de los doscientos  Malditos niñatos que sólo viven para las redes sociales -se ha dicho con una rabia que le abrasaba el pecho.. Se ha puesto en pie, y ha hecho ademán de devolver el teléfono a la persona que le ha venido a notificarle el resultado.

-No es necesario –ha dicho el joven con una sonrisa. Como deferencia por el esfuerzo realizado y agradecimiento con los candidatos, la empresa les regala a cada uno el dispositivo con el que han participado en la prueba.

Román regresa a casa, es tarde. Se palpa una y otra vez el bolsillo. Saca el teléfono del bolsillo. Desbloquea la pantalla. Escribe. “Esta es mi mensaje de despedida. Adiós mundo”. Al entrar en casa su pareja le ha preguntado inquieto si le ha pasado algo. 

-Llevo todo el día llamándote y no coges el teléfono-le ha dicho en  un tono de reproche. ¿Cómo ha ido la entrevista? 

-El puesto se lo han dado a otro más joven -ha dicho apesadumbrado.

Está bien entrada la madrugada y Román es incapaz de dormir. Le da vueltas a todo. Decide levantarse. Necesita estar solo. Coge su teléfono. Comienza a escribir de nuevo.

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