martes, 6 de septiembre de 2016

Llegado el momento

Imagen de Mara Barros extraída de su perfil de Fscebook

Llegó un momento en el que todo lo que echaba de menos eran sus ausencias. Ser la única exploradora de su espacio, la dueña de cada uno de los sonidos entre esas cuatro paredes, la gestora del tiempo y el ritmo de su vida. Llegó un momento en el que dejó de echar de menos a la persona con quien vivía.

Tomó la decisión cuando, dormido a su lado, descubrió que habitaban en el mismo territorio pero en husos horarios distintos. Él en el de la urgencia, en el meridiano de que hay que hacer las cosas ya, cuanto entes. Ella en el paralelo en el de queda toda una vida por delante. Él en el de comprobar ante el espejo, cada mañana el último estrago de la edad. Ella en el de continuar asomándose a la ventanas para perder de vista su reflejo. Era una vida en la misma latitud pero con coordenadas distintas.

Llegó un momento en el que sólo extrañaba los momentos vividos. Una temporada en el que los protagonistas dejan de ser lo importante de la historia. Hoy  ya es capaz de reconocer que fueron felices. Sí, felices a ratos, sólo ratos. La coreografía que inventaron para su propia canción del verano, el ataque de risa el día de la ceremonia de su graduación.. Llegó un momento en el que quería vivir su vida de nuevo, pero mejorada.

Desde que sólo echa de menos sus ausencias ya apenas duerme, pasa las noches en vela esperando acostarse y levantarse con horarios cambiados. Ofreciéndose voluntaria siempre que puede para hacer horas extra ocupada en táreas de las que él ya no se ocupa y en las que es okupa. Espera del destino que le sorprenda con una casa vacía, sin cargas, sin fotografías en las paredes de las personas que ya no son, sin objetos con pasado, sin promesas incumplidas por falta de fondos. 

Llegó un momento en el que quería interpretar la banda sonora de su vida. Una melodía pausada, sin reproches ni urgencias. Una lista con canciones para gritar y saltar acompañadas de otras en las que entregarse al solo de otro de cuerpo, sin derecho a bises ni estribillos. Llegó un momento en el quiso quitarse muchas canciones de en medio.

Llegó un momento en el que necesitaba un abrazo y no unos brazos. Una fortaleza donde no escuchar nunca más que todo pasará porque quiere que las cosas le sigan pasando. Un espacio donde pueda haber guerra y que, tras cada alto el fuego, no queden señales ni cicatrices. Llegó un momento en el que descubrió que sólo llorando se curaba.

Le ha llegado el momento de vivir la vida que desea. Comenzó esta mañana con las dos cucharadas de azúcar en su café del desayuno, terminará esta noche cuando sus párpados bajen el telón del día. Continuará mañana porque, en su despensa, siempre queda azúcar.

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