jueves, 25 de febrero de 2016

El joven de Zamayón

Toda mi relación con el pueblo de Zamayón hasta la fecha han sido pasos fugaces a lomos de la bicicleta y, creo recordar, que se trataba también del lugar de origen de los antepasados de uno de los ilustres alumnos que he tenido el gusto de disfrutar. Movido por la curiosidad y la sugerencia del insigne amigo que afirma que estoy ante un hecho de clara antropología rural. Me he aventurado a descubrir qué puede haber llevado a esta localidad que no alcanza los doscientos habitantes a plantear un moción de censura a su recientemente elegido alcalde.


Allí están, en el pleno municipal, los cinco concejales del ayuntamiento.  Uno de ellos joven, que adopta la actitud de quien ha sido citado al despacho del director tras una travesura colectiva, las manos en los bolsillos, la barbilla contra el pecho y las piernas extendidas de quien sabe lo que va a hacer y decir y está esperando que llegue su momento para salir cuanto antes. El papel de un joven de su pueblo que es el espejo de lo que muchos jóvenes vienen siendo en estos entornos. El de quien debe escuchar y acatar los dictados de los mayores, curtidas las por el trabajo en el campo.

Un joven que está allí y no quiere estar. De quien está a la vez en su pueblo y en un pueblo que no es el suyo. Es el pueblo de sus mayores, de sus padres, de sus abuelos. Un pueblo que es de él pero no es el de él. Una convivencia marcada por los asuntos del pasado. Disputas y alianzas que se forjan de un momento a otro y que tienen el peso de arrastrarse toda una vida. Conflictos que nacieron, se sostuvieron, dieron vida y ayudaron a alimentar las conversaciones de la intimidad del hogar en los fríos y largos días de los largos y fríos inviernos de la meseta.

Allí está él, testigo mudo de disputas verbales entre rivales. Familias que se enemistan enquistando las oportunidades de los que les seguirán. Rivalidad que, sin ser la suya, tendrá que sostener siempre ya que sus vecinos, no tendrán dinero, no tendrán esperanza, no tendrán recursos, pero lo que no les faltará nunca es memoria. Porque en Zamayón, como en el resto de pueblos que siguen siendo pueblos, no hay políticas que atiendan a siglas de partidos sino familias presididas por sus apellidos. 

Joven, toda una vida por delante, pero una historia familiar detrás. Y allí está él, rodeado por sus vecinos que no le increpan, que le liberan del bochorno y de la infamia como hacen con sus compañeros de opinión y juicio. Allí está él, olvidado, recluido al papel del niño que tiene que escuchar y hacer lo que dicen los mayores. De alguien al que se le niega la capacidad de tener sus propio criterio en las relaciones políticas y económicas de su pueblo. Porque el joven sabe que no decide cómo quiere que sea la forma de vida de Zamayón, sino que simplemente la hereda. Herencia que no se vende ni se malogra, sino que se conserva y se respeta, no se le falta ni se la niega.

Termina la sesión y apenas se ha movido. El único movimiento que le cambia la postura aperece en la disputa verbal, reflejo de la sociedad rural y reflejo de España. Una juventud que sólo se le pide presencia, acción e iniciativa cuando hace falta fuerza para contener el desastre. Una juventud, la española, que sabe que su horizonte es cargar cruces que no son las suyas. Un joven resignado a no decir porque él sí sabe, no cómo los demás que ignorándole apelan a que "ignorancia se puede decir". Joven ignorado que no ignorante, espejo de todos, voz que no se oye pero que es preciso escuchar.


lunes, 22 de febrero de 2016

Carta a los Señores Diputados

Señores diputados. Los últimos sesenta días España vive la misma situación en las que cuatro millones de desempleados nos encontramos desde hace tiempo. España está en paro. El debate para sus analistas está en la artimética de los escaños mientras la cuarta parte de la población experimenta tratando de despejar la incógnita que le aleje su precariedad.


Señores diputados. La clase política vive el dilema de los muchos al encontrar de repente que aquello que le sostenía en un solo yo ya no es posible. España se encuentra como el trabajador recién despedido que se ve obligado a descubrir otras partes de sí mismo, otros planos de su ser que son muchos que existían desde hace tiempo, que se expresan en el presente y que van a proyectarse hacia el futuro.

Señores diputados. España como sus jóvenes y desempleados está en tránsito. Está en la zona que es conocida en la psicología como la ·zona neutral". Ese espacio que no es ni allí ni aquí y que se encuentra en mitad de la nada. Un territorio en el que la identidad se vuelve incierta y el sentimiento de inseguridad lo invade todo. El Congreso es, hoy, lo más parecido a la cola del paro y es bueno que lo sea. Que ustedes que llevan tiempo aferrados al engaño del escaño hayan perdido las anclas que los aferraban a lo inamovible y vivan en sus propias carnes la realidad de los muchos.

Señores diputados,  ustedes como yo, el parado, tienen que aprender a desprenderse de lo anterior. Descubrir que es el momento de dar entrada a lo nuevo aunque aún no se sienta que se forma parte de ello. Sin abandonar del todo lo que se ha sido pero con la perspectiva clara de que se puede y se debe comenzar a ser otro. Diputados deben ustedes elegir entre aferrarse al pasado o impulsarse para entrar de lleno en el futuro.

Señores diputadso, como joven de 34 años quiero que viva los que muchos como yo llevamos viviendo. Ustedes llevan viviéndolo apenas dos meses, mi generación lleva años en esta circunstancia. Les advierto que tendrán que hacer frente a vaivenes, irán hacia delante pero también retrocederán. Oscilarán de un extremo a su opuesto, descubrirán nuevas posibilidades y papeles que representar en su vida que el de diputado. ¿Creen ustedes que cuatro millones de personas como yo somos simplemente parados? Que, como falsamente piensan, vivimos anhelantes esperando que el maná nos caiga del celo en forma de subsidio. Siento decirles que, de nuevo, se equivocan.

Señores diputados les pido que hagan un ejercicio intelectual. Sé que están inmersos en el desasosiego,pero créname, uno se acostumbra a sentarse a la mesa cada día con él. Entiendo que crean que están en una situación insoportable que no saben cuánto tiempo más será capaz de aguantar. Les pido que se esfuercen un poco más y sobre todo les demando  un ejercicio de sinceridad consigo mismos. Respondan a estas dos preguntas ¿quién es? y ¿quién no es?. Cuatro millones de personas nos acostamos cada noche con ellas y con ellas nos despertamos. Cuando tengan la respuesta descubrirán el verdadero progreso.

Señores diputados, ni yo soy solo un parado ni ustedes son sólo diputados. Dejénse sorprender al averiguar que existen alternativas. Pero, sobre todo, descubran nuevas prioridades y respondan una última pregunta. ¿Qué es lo que no quieren realmente abandonar? En la vida hay muchas circunstancias y, de vez en cuando, hay que comprender que no hay nada mejor que reordenar las prioridades. Cuatro millones de personas, cada mañana, buscamos un motivo para levantarnos. Ustedes mientras, señores diputados, viven instalados en una falsa comodidad que les dice que no hay motivo para levantarse de su escaño.