miércoles, 27 de enero de 2016

Qué vuelvan las cigüeñas

Qué vuelvan las cigüeñas

Recién comenzado el nuevo año sigo trayendo a éste dudas, preguntas y conjeturas que elaboré años atrás. -Una de las que siempre me han acompañado, desde mi más pequeña infancia, es por qué a los bebés los traía una cigüeña. Los dibujos de la Warner, esas cortas protecciones de animación, que llenaban las tardes de mi infancia y las mañanas de los sábados son las causantes de esa pregunta que me ha rondado hasta hoy.

La pregunta me ha vuelto a la mente al ver la programación de las fiestas de diferentes pueblos de la provincia con motivo de la festividad de San Blas y el consabido refrán de que la cigüeña verás. La visualización de toda esta cartelería me ha transportado a la casa de mis abuelos donde los misterios surgían en cada parte y cada visita era una búsqueda de respuestas a los interrogantes que plantea la vida en el campo.

Me recuerdo, con unos siete años aproximadamente, ataviado con unos pantalones que llegaban hasta las rodillas, que era una indumentaria habitual en aquella época y que en los últimos estíos la modernidad urbana a vuelto a rescatar, sentado en el poyo situado junto a una de las acacias que estaban a la puerta de la casa de abobe mirando atentamente el campanario de la iglesia. Allí, posadas, anidaban dos, tres y hasta cuatro cigüeñas que no paraba de escrutar y vigilar con denuedo mientras emitían el sonido característico con sus picos que recuerda a una ametralladora. Ese sonido se llama crotoreo, según me dijo, mi abuelo Severo, que de eso sólo tenía el nombre, que era para mí la persona más sabia que conocía.

Jamás ví llegar, durante los años que duró mi investigación, cigüeña portadora de vida nueva. Pensaba yo que era curioso que a mi pueblo sólo llegaran de estas aves las constructoras, lo cual me parecía lógico con la proliferación de grúas que, cada mes que pasaba dificultaban algo más mis avistamientos, que las encargadas del transporte de bebés estarían en algún pueblo vecino o todas con base en París para realizar las entregas en el lugar indicado donde parejas jóvenes ocuparan grandes edificios de ladrillo y ascensor.

Llevo varios días pendiente de los cielos y no hay rastro de cigüeñas por los tejados. No habrán venido porque poco tendrán que encontrar en este pueblo que es cada vez menos campo y más cemento. Que para qué van a venir si no hay alimento que llevarse a la boca. Y es esta cuestión de la cantidad de alimento disponible para la cigüeña la que la tiene asociada con la natalidad. Cuanto mayor es el número de cigüeñas en el campanario mejor es la cosecha y más cigüeñas optarán por anidar en él. Del número de cigüeñas podemos entonces deducir el nivel económico de la zona para los meses siguientes. Muchas cigüeñas es sinónimo de mucho que celebrar, mejores perspectivas de futuro y la creencia de un mundo más próspero que queremos, por deseo o descuido, que otros vengan a disfrutar.

Es una idea menos romántica pero más científica. Es lo que tiene el transcurrir del tiempo que sustituye idealizaciones por sólidas certezas. El ministro de Economía mientras tanto anuncia la mayor caída del desempleo en la historia de España. Mientras le escucho no dejo de preguntarme qué estará mirando el señor de Guindos.


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