lunes, 21 de diciembre de 2015

La preocupación por el tiempo

Foto La preocupación por el tiempo
El desarrollo del reloj cambió nuestras vidas para siempre

La preocupación por el tiempo


Cómo el desarrollo del reloj cambió nuestras vidas para siempre


No hay nada como el advenimiento de una fecha señalada como un cumpleaños, un cambio de año o un suceso de elevada carga emocional como el fallecimiento de un ser querido o un nacimiento para tomar conciencia del paso del tiempo. Es en estos momentos cuando hacemos repaso de lo que hicimos tiempo atrás o de lo que haremos más adelante mientras el tiempo sigue su curso. Pedimos un minuto más, lanzamos propósitos para hacer ahora lo que no nos atrevimos a hacer o para recuperar hoy lo que ayer fuimos e hicimos.

La preocupación por el tiempo viene es una inquietud reciente. Tiempo atrás su transcurrir no era una materia de preocupación individual ni colectiva. El tiempo se medía en grandes magnitudes marcadas por los ritmos de las cosechas agrícolas. El tiempo fluía y la preocupación por la exactitud y la precisión no existía tal y como la buscamos hoy. Medimos al tiempo al detalle, descomponiendo nuestra existencia en días, horas, minutos, segundos en una lucha contra el reloj para seguir haciendo lo mismo en menos tiempo y poder incorporar nuevas rutinas. Estructuración de tiempo que trata de cumplir con el fin de ser más productivos: ser capaces de hacer más cosas más rápido como si persiguiésemos grabar cada día nuestro nombre en el libro de los récords.

Los relojes de las plazas públicas y de las torres de la iglesias con sus campanas cambiaron nuestros hábitos para siempre

Esta preocupación por el tiempo tiene un elevado componente religioso. Los primeros en comenzar a interesarse por dotar de unos ritmos al día fueron los religiosos de la orden de San Benito allá por el siglo VI. En los monasterios de esta orden se seguía las instrucción de tener que cumplir con siete oraciones diarias que debían realizarse en momentos concretos del día. Aquí comienza a surgir un interés por la precisión, heredada y llevada un paso más adelante unos siglos después por la orden cisterciense  que comienza a desarrollar la relojería mecánica basándose en el dogma de que no cumplir con las actividades diarias y perder el tiempo es ofender a dios.

El interés por el tiempo de esta orden cruza los muros del monasterio y es adoptado por la corte. Los cortesanos ven la necesidad de establecer unos ritmos y el orden en unas ciudades que comienzan a experimentar un notable crecimiento. Así, la industria relojera se perfecciona y aparecen en el paisaje urbano los campanarios, encargados de dictar y recordar el transcurrir del tiempo a sus habitantes: el inicio de la actividad, la apertura de puertas de la ciudad, el toque de queda, las reuniones públicas... La gestión de las ciudades y de la vida de los ciudadanos busca la sincronización en aras de optimizar la actividad comercial, el transporte, el ocio de los ciudadanos... Los relojes públicos cambian de una vez para siempre nuestra forma de comportarnos, de organizar el tiempo personal y social, la forma de trabajar y la forma de comprar.

Las redes sociales están cambiando nuestra forma de trabajar y relacionarnos con los demás y con los espacios públicos

La preocupación por el tiempo queda estandarizada apenas dos siglos después de su salida de los monasterios. En el siglo XIV ya se ha incorporado a la vida cotidiana de la ciudad, siendo un elemento clave para el tránsito de la Edad Media al Renacimiento y la llegada de la Ilustración. Las ciudades compiten entre sí para tener el reloj más preciso y hermoso en las torres de sus edificios más relevantes. Conforme la industria relojera avanza se da un proceso de miniaturización y abaratamiento de costes que hace que los relojes entren en las viviendas al volverse más asequibles y tener un tamaño más reducido.

El desarrollo de la industria relojera concluye con la aparición del reloj personal.  De repente, comenzamos a portar con nosotros un nuevo compañero al que recurrimos numerosas veces a lo largo del día. Un objeto que se convierte en nuestro vigilante recordándonos el tiempo que hemos perdido o nos han hecho perder, el que hemos malgastado o aquel que acabamos de derrochar. Un compañero que convierte el día en una carrera contra sus dictámenes y que trata de impulsarnos a ser más productivos y a buscar la realización personal. Un recordatorio de lo que hemos sido y dejado de ser, de lo que somos y no somos capaces de ser, de lo que queremos ser y de lo que nunca llegaremos a ser convirtiéndonos en ese conejo de Alicia en el País de las Maravillas que vive angustiado por un tic-tac incontrolable.

El reloj es el testigo que presta la declaración definitiva el día que nos evaluamos nuestras vidas ya sea por el último cumpleaños, el cercano cambio de año o por la pérdida de alguien con quien queríamos seguir pasando más tiempo. 

En el futuro no recurriremos al reloj como testigo. Nos bastará un repaso al muro de nuestro Facebook para ver qué hemos sido y cómo hemos cambiado. Si el reloj y su evolución fue tecnología necesaria para vivir el tránsito de la sociedades agrícolas a las sociedad urbanas e industriales, las redes sociales y sus consiguientes avances serán la tecnología de las nuevas sociedades digitales.

2 comentarios:

  1. no se como he encontrado esta página pero con un post de esta calidad me quedo

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    1. Bienvenido Jose Marcillo, encantado de que hayas llegado. Puedes quedarte todo el tiempo que quieras. Un saludo

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