lunes, 31 de agosto de 2015

Sobrevivir a otro Verano Contigo

Termino las vacaciones echando de menos volver al trabajo. He pasado un mes de continua convivencia con mi pareja y he decir que, milagrosamente, ambos hemos sobrevivido. Hemos sido capaces de derrotar al hastío, de ir a lugares nuevos en los que la única cara conocida sea la nuestra y que todos los planes para pasar el día fueran los que el uno al otro nos hacíamos. Propuestas que no iban más allá de la extrapolación de las mismas rutinas de cada día a otros escenarios y a nuevos horarios. Aún así hemos sobrevivido.


Esta mañana, mientras ella se preparaba para volver de nuevo al trabajo, me he preguntado qué ha permitido que tal milagro se haya obrado después de que, a mitad de mes, estuviese odiando la nefasta idea de que nuestras empresas hubieran confabulado para suspender su actividad en las mismas fechas. 

El quince de agosto creía que no sería capaz de soportar durante más tiempo su manía de no recoger las migas de pan después del desayuno, su extraña obsesión por alinear las zapatillas con las líneas del suelo y su más que insufrible don para ajustar los horarios a su entera conveniencia. Creía que cuando llegara el día treinta nunca más tendría que volver a tener que seguir los turnos para la ducha ella impone y jamás volvería a hacer viajes de regreso al coche porque hubiese olvidado esto o lo otro.

Hoy, treinta y uno de agosto, ninguno de los vaticinios y juramentos que me hice en silencio hace quince días se han cumplido. He aprovechado cuando se ha marchado, apresurada porque su tiempo se aceleraba mientras el mío seguía instalado en la lentitud de quien no quiere desperezarse, para tratar de dar respuesta a este misterio que me corroe. ¿Qué provoca que otra vez, otro treinta y uno de agosto, sigamos estando juntos? He pasado muchos minutos buscando respuestas y no encontraba ninguna. He desayunado sin prisa intentando encontrar entre los dulces algún sabor que me transportara al recuerdo de un pasado mejor o al sueño de un futuro improbable. Nada.

Al salir de la ducha, hoy no había turnos ni se había establecido un tiempo máximo, he cometido uno de los mayores agravios que se puede cometer contra la pareja: utilizar sus zapatillas de estar en casa y, ese acto tan banal, insignificante, se ha vuelto revelador. Ha sido calzarme esas zapatillas y, a cada paso que separa la ducha del armario, han aflorado sin esperarlo las razones por las que, llegado el último día de agosto, sigo deseando estar con ella. 

Me ha salido un listado en que aparecen las grandes cosas, las medianas y las pequeñas por los que continuo con mi pareja y que ahora comparto. Lo he titulado "Motivos para quererte el 31 de Agosto"

MOTIVOS PARA QUERERTE EL 31 de AGOSTO

  • La capacidad que tienes para quejarte de todo menos de lo poco que te quejas.
  • Una sonrisa, la otra y la siguiente, porque cada una de ellas y la suma de todas me descubre que te ríes por todo y a la vez te ríes de nada y porque, casi siempre que lloras lo haces de alegría y muy pocas veces de pena.
  • Cada vez que en la comida me preguntas por la cena, que, en cada cena, me preguntas por la comida y por dejar que el desayuno sea mi terreno infranqueable.
  • Recordarme que mis ronquidos son la banda sonora de tus desvelos a la vez que olvidas lo atento que estoy a tus coreografías que hace que no sólo durmamos el uno al lado del otro sino juntos.
  • El que los domingos no te preocupen los lunes, en invierno no extrañes el verano y que lleves con orgullo cada año que has cumplido porque, como tú misma dices, son el reflejo de todo lo que has vivido y de todo lo que estás dispuesta a vivir.
  • Cada uno de tus pijamas, por tu asombrosa capacidad que tienes para ponértelo cada vez que entras en casa y lo que los echas de menos cuando no lo llevas puesto.
  • Ir cada mañana a abrazarte porque así, mientras estamos tan cerca, me doy cuenta de que podemos llegar muy lejos y que gracias a ello descubro que, aunque estemos muy lejos siempre hallamos el punto intermedio donde encontrarnos.
  • Ante todo y, sobre todo, el que me hagas feliz por estar a tu lado y, sobre todo, cuando estoy a tu lado.


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