lunes, 6 de julio de 2015

Hacerse mayor sin consentimiento

En ocasiones lo que no encaja, lo inadecuado, es lo que más queremos. A lo largo de nuestra vida nos desafiamos a nosotros mismos y nos decantamos por personas, grupos, productos u opciones que están fuera del marco de referencia que solemos utilizar y decidimos incorporarlo a nuestro cotidiano.


Muchas son las personas que han decidido emparejarse con otras que son completamente opuestas a ellas y lo ven como un reto, una oportunidad de aprendizaje o una transgresión de uno mismo, un deseo de agitación de uno mismo. En mi caso, a lo largo de mi vida me he decantado por tratar de construir pareja con personas que me resultan muy ajenas y que escapan del molde predecible de mis decisiones anteriores. El motivo, retarse a uno mismo y, al mismo tiempo, tratar de conocerse. Encuentro otros motivos en un intento de perder el miedo, tratar de romper límites y eliminar prejuicios.

En los últimos días se ha aplaudido la decisión de Estados Unidos de aprobar el matrimonio entre personas del mismo sexo como un acto de ruptura, de superación de unas restricciones culturales al tiempo que nos llevamos las manos a la cabeza ante lo que sucede a orillas del Mediterráneo.



Desde hace unas semanas y, más aún, desde ayer, nos hallamos rodeados con las noticias sobre el referendum en Grecia y las valoraciones en torno a la actitud de su actual gobierno. Bien, considero que los griegos con su "no" han optado por lo inadecuado, por salir de lo norma que dice lo que es moralmente bueno o adecuado y han decidido trazar su propia senda. Se puede concebir esta opción como un comportamiento adolescente, un signo de rebeldía, de juventud y de renovación. Un deseo de construir una identidad que les permita ser otros sin dejar de ser lo que son.

Me genera mucho rechazo las valoraciones que muchos analistas lanzan diciendo que los griegos se lanzan al abismo, que se están inmolando como país y que parecen haber perdido el juicio. A mi modo de ver, los entiendo como un yo adolescente que se aventura a tomar riesgos, opta por probar otras alternativas a las que desde el seno paternal se le lanzan y decide erigirse en constructor de su propio carácter. En este caso Grecia se ha decantado por empezar a vivir sin los dictados incuestionables de la Unión Europea, decidiendo ser los dueños de sus decisiones y quienes tracen su propio camino, con sus aciertos y con sus errores. Lo que no quiere decir que desee que sus padres (UE) dejen de serlo, sino que quiere cierta independencia de ellos y construir su propia intimidad.


Sólo puedo apoyar la decisión de los griegos que han decidido ser adultos mientras el resto de los países preferimos seguir adoptando el papel infantil del niño remilgado, bueno y obediente que, por envidia, señala con el dedo a quien no se comporta como ellos. El pecado de la independencia lo llaman o la suerte de hacerse mayor que preferimos llamarlo otros.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Tu opinión es importante