lunes, 16 de febrero de 2015

Enamorarse Bien

el mejor beso de la historia del cine en lo que el viento se llevóLo más hermoso que le puede a uno pasar en la vida es tener la oportunidad de enamorarse. Enamorarse es de las cosas más bellas que pueden suceder pero, como todo, se puede mejorar. ¿Cómo? Enamorándose bien.

Lo más hermoso que le puede pasar a un ser humano es enamorarse bien

A lo largo de una vida son varias las ocasiones en las que elegimos de quién enamorarnos. Esta es una de las decisiones más complejas y que mayores efectos secundarios va a tener en nuestro porvenir. Por eso, hemos de poner mucha atención a la hora de elegir de quién nos enamoramos.

Enamorarse bien implica la construcción compartida de un proyecto común.

Proyecto que debe surgir del compromiso responsable y voluntario de cada uno de los implicados. Este proyecto tiene el punto de partida en el momento en el que mostramos que lo tuyo es mío y lo mío es tuyo, tantas veces, que se deja de distinguir entre lo tuyo y lo mío para referirse a lo nuestro. Enamorarse bien es cambiar de pronombres.

Enamorarse bien es repetirte te quiero con las palabras de la boca y los besos de los labios

Y, en la pausa entre uno y otro, mientras tratamos de recobrar el aliento, llegará, antes o después, el momento de plantear la pregunta clave sobre el futuro de la relación "¿para qué me quieres?". Enamorarse bien es valorar la protección que una voz evoca.

Enamorarse bien es saber preguntar y querer responder

Porque lo difícil del amor no es que aparezca, que surja, que brote y se encuentre. Lo realmente difícil del amor es que continúe. Lo difícil del amor es encontrar la fórmula que ayude a soportar el paso del tiempo con sus silencios, las discusiones mil veces repetidas, las mismas batallas centenares de veces oídas. Enamorarse bien es querer formar parte de una historia.

Enamorarse bien es no querer renunciar al calor de un cuerpo conocido.

Es descubrir que la ternura y el afecto que ese cuerpo nos trasmitía nos lo sigue ofreciendo, aunque el cuerpo no sea el mismo. Amamos a quien amamos no sólo por el futuro que queremos construir, sino también por el pasado que esperamos poder rescatar. Enamorarse bien es disponer de un salvavidas cargado de caricias conocidas.

Enamorarse bien es comprometerse a querer a la persona que eres, a la que creo que eres y a en la que, creo, te convertirás.


miércoles, 11 de febrero de 2015

Al Menos Tienes Trabajo

al menos tienes trabajo un axioma aceptado que nos esclavizaAl menos tienes trabajo es un axioma muy repetido en las conversaciones durante los últimos años. Puedes lamentar tu situación laboral, la precariedad de las condiciones, la incertidumbre sobre cuánto se prolongará en el tiempo, el impedimento para el disfrute del propio tiempo, de la familia, del estrés asociada, de los achaques físicos derivado de la carga… Son muchas las consecuencias del concepto de trabajo de hoy día pero, al menos, tienes trabajo.

“Al menos tienes trabajo” habla del miedo y el desasosiego que genera  no estar en posesión de ese vínculo. De esa posibilidad de aferrarse a una garantía de un futuro, embrutecedor y de sometimiento, pero, al menos, un futuro. Tenemos miedo de perder el vínculo con algo que nos esclaviza.

Las condiciones laborales de hoy, en muchas ocasiones, provocan que los salarios sean bajos, las horas de trabajo sean muchas y las responsabilidades asumidas por el trabajador excedan lo que su contrato laboral refleja. Resulta complicado que el trabajo se convierta en una vía de crecimiento y desarrollo personal ya que, o bien, el acceso al puesto de trabajo deseado no es posible, o bien, no es en bajo unas condiciones laborales dignas y adecuadas, o bien, ni siquiera se tenga acceso al puesto de trabajo.

El trabajo debe ser un impulso para el crecimiento personal y no sólo un garante de cierta estabilidad económica y, por ende, de una estabilidad emocional. El trabajo debe ser motor de desarrollo, de crecimiento y de cambio para las personas que lo desempeñan. Es poco probable que una persona que trabaje en la restauración cumpla con su convenio colectivo y trabaje ocho horas, probablemente trabajará diez o más y cobrará por ocho, y así en otras muchas profesiones. Esto provoca que cuando este trabajador dispone de tiempo libre hay más probabilidades de que invierta su tiempo en descansar con un mando a distancia en la mano que le permita coger fuerzas para la jornada del día siguiente.

Esto es trabajo de supervivencia, trabajar para sobrevivir, cuando el trabajo debe ser desarrollo pues es una fuente muy importante de nuestra identidad no sólo individual sino también societaria. Al menos tienes trabajo sí, pero quizá este impida desarrollar al máximo mis capacidades y posibilidades, limitan así, aún más mis oportunidades.

Vivimos condenados a una carrera profesional vinculada a las primeras profesiones que desempeñamos, las primeras empresas de las que formamos parte y las condiciones laborales que asumimos en su día. Con la tasa de paro actual se habla de que hay muchas personas en situación de desempleo provenientes del estallido de la burbuja inmobiliaria ,lo cual es cierto, o de otros sectores ya obsoletos o necesitados de reconversión. No lo discuto.

Sí discuto el hecho de que estos individuos viven presos en una realidad derivada del concepto de que trabajo es el equivalente a subsistencia. Subsistir no nos es suficiente. Necesitamos tener la oportunidad de desarrollarnos. Impedir esta posibilidad conduce al descontento, a la apatía y, sí, también a la rebeldía ante el advenimiento de una muerte social o un suicidio social inducido. El axioma “al menos tienes trabajo” habla de que nos volvemos insensibles y eso es algo que como humanos y como sociedad debemos impedir. Hemos de lanzar mensajes que dejen claro que somos seres sensibles y queremos continuar siéndolo.

miércoles, 4 de febrero de 2015

Alerta por Olas y Oleadas

Tengo la sensación de vivir en un estado de alerta permanente que lleva prolongándose muchos años. Vivimos rodeados de mensajes de aviso, advertencias, llamadas a la precaución, a los efectos secundarios de los instintos, a lo nuevo, a lo viejo, al orden, al desorden, al calor, al frío, a lo mucho y a lo poco... 
Estado de alerta por frio y bajas temperaturas

No sé quién le ve la gracia y lo divertido a vivir en este estado exaltación continuada, con notificaciones en la pantalla del teléfono y titulares que anuncian noticias catastróficas.Todo esto provoca que cuando salimos a la calle nos miremos unos a otros con los ojos desorbitados y desconfiados mientras nos cruzamos con pasos cortos pero acelerados por una calle en el que a lo lejos el sonido de las sirenas nos anuncian la proximidad del patíbulo.

Unos sostienen que se trata de la cultura del miedo y el vivir bajo un sentimiento de miedo y la percepción de que una amenaza está próxima a materializarse. La más reciente, una ola de frío que se avecina para los próximos días. ¡¡¡la más fría de los últimos tres años!!! Para echarse a temblar. Tan obsesionados estamos con estos mensajes apocalípticos, agoreros que comienzan con "la más...", propios de la mercadotecnia, la publicidad y el sensacionalismo que perdemos la noción de lo real.

Tenemos la opción de vivir bajo esa cultura del miedo que nos paraliza y nos dice de manera soterrada que somos incapaces de hacer frente a la situación anunciada, por lo que, la mejor opción, es que deleguemos su gestión y afrontamiento. Por otro lado, tenemos la oportunidad de enfrentarnos a dicha situación y comprobar si la amenaza es real, cuál es su tamaño y magnitud y, sobre todo, de qué capacidades y habilidades dispongo para afrontarla. Qué recursos poseo y cuáles necesito para que, en un futuro, cuando la situación se repita pueda minimizar su impacto.

Hoy en España vivimos bajo el siguiente mensaje ante la llegada de las próximas elecciones municipales, autonómicas y generales. La opción, a día de hoy, lanzada por el Partido Popular de "o nosotros o el caos". El nosotros implica lo que ya conocemos porque hemos convivido con ello durante años: menoscabo de las prestaciones sociales, pérdida de servicios y calidad en la atención sanitaria, menor esfuerzo en investigación, abandono de la educación, empeoramiento de las condiciones laborales...

la cultura del miedo es una estrategia política para recabar votos

La otra alternativa es el caos, es decir, optamos vivir bajo la cultura del miedo y la percepción de la amenaza constante o nos sumergimos en el caos. Personalmente prefiero el caos ya que éste, tal y como decía José Saramago "no es más que un orden por descifrar". El orden de hoy ya lo conozco y, personalmente, no me gusta. Revolvamos y construyamos de nuevo un orden en el que quepamos todos.