martes, 16 de diciembre de 2014

El Pequeño Nicolás que llevas dentro

Deseamos que nuestros equipos ganen para demostrar nuestra propia superioridad. Pero ¿ a quién? A nosotros mismos y a los demás. La razón, creemos que con ello aumentará nuestro prestigio. Si nos rodeamos de éxito pensamos, la consideración y valoración pública de nuestras aptitudes será más positiva.

Este es el motivo por el que, en España, la mayoría de aficionados al fútbol son seguidores o bien del Real Madrid o del Barcelona. En provincias no hay equipos que alcancen el éxito de manera frecuente, por eso se es del equipo local y de uno de los dos equipos más importantes. Queremos estar cerca del éxito y exhibirlo públicamente luciendo la camiseta del equipo de turno, colgando banderines en el retrovisor o grabando en la piel la fidelidad a un escudo. Todo un negocio éste del deseo de éxito para los clubes de fútbol.

El pequeño Nicolás es el ejemplo perfecto de que nos juntamos a las personas de éxito para que quienes nos ven con ellos nos asocien con élEl ámbito deportivo no es el único espacio donde este hecho sucede. Lo hemos visto recientemente con el caso del Pequeño Nicolás y cómo situándose próximo a personas con gran proyección pública quienes allí le contemplaban proyectaban en él un conjunto de cualidades positivas. No se trata de un fenómeno nuevo y menos en España. Al lado de alguien que triunfa o alcanza visibilidad pública aparece siempre una cohorte de sujetos que le acompañan. Los programas del corazón lo saben bien y con ello logran llenar horas y horas de televisión y miles de páginas de revistas.

Jugamos con la visibilidad nuestras relaciones de manera intencionada. Hay ocasiones en las que las escondemos. Otras veces alardeamos y  exhibimos públicamente con todo los altavoces que tenemos a nuestro alcance que conocemos a alguien. El motivo causar la impresión adecuada en las personas que descubren o ven esas conexiones. Exhibiendo las relaciones que hablan bien de nosotros y ocultando las negativas. El fin es siempre el mismo: gustar, y es que no podemos obviar que a todos nos gusta gustar.

El mocito feliz lleva años apareciendo junto a famosos en Andalucía para que su fama se le pegue y lo ha conseguidoNos gusta gustar y para eso pretendemos que nos asocien con cosas positivas. Buscamos vivir en las mejores zonas de la ciudad, acudir a restaurantes de gran reputación, llevar a los hijos a los mejores colegios y que estudien en las más afamadas universidades. Es por eso que nos gustan tanto los rankings, nos ayudan a saber qué posición ocupamos en la escala social, si estamos haciendo las cosas mal o bien para despertar la admiración de los demás. Las redes sociales con la cuantificación del número de seguidores ha facilitado el que sus usuarios puedan ubicarse y saber cuánto puede llegar a gustar, alivia conciencias, aumenta la competitividad, el exhibicionismo y, también, puede llegar a generar frustración e impotencia.

La mejor manera de saber cómo cada uno de nosotros busca asociarse con una persona, grupo, colectivo de la tipología que sea es más fácil de lo que pensamos. Simplemente, en las próximas conversaciones que mantengas analiza bien los pronombres que se utilizan: cuándo aparece el pronombre nosotros y cuándo el pronombre ellos. Con esa simple distinción estaremos descubriendo las cualidades que ésa persona cree tener y desea que quien le escuche proyecte en ella. 

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