miércoles, 3 de diciembre de 2014

Compro-Metidos

Vivimos esclavos del deseo de ser y parecer consecuentes con nuestras decisiones. Cada vez que nos posicionamos ante un tema controvertido o tomamos una decisión quedamos atados. El motivo, las presiones personales y sociales que nos empujan a comportarnos de acuerdo con el compromiso contraído. De lo contrario corremos el riesgo de ser tachados de hipócritas.

el compromiso con mi yo pasado condiciona el resultado de las eleccionesTodos nosotros a lo largo de nuestra vida nos engañamos de vez en cuando para que nuestra forma de pensar y nuestras creencias sean consecuentes con nuestras conductas visibles. Un ejemplo, puedo tener una ideología de derechas y la defiendo en público ergo lo más lógico es que vote al Partido Popular, así lo he hecho y manifestado en público, he acudido a mítines que el partido organizó en mi ciudad… Estas muestras de mi modo de pensar me presionan para que en las próximas elecciones vote de nuevo por el partido aunque esté avergonzado por los continuos casos de corrupción o por las reformas laborales y económicas puestas en marcha en la última legislatura.

El compromiso con mi pensamiento manifestado en el pasado es más fuerte que la opinión que hoy mantengo. El resto de simpatizantes del partido e incluso mis conocidos de ideología opuesta esperan de mí que siga siendo coherente con el pensamiento del pasado. Esta presión por seguir siendo coherente con las opiniones políticas defendidas en el pasado hacen que el Partido Popular apenas pierda votos, gana elecciones ante desmovilizaciones de votantes de la izquierda porque la presión del compromiso hace que sus votantes teman ser tachados de desleales.

El compromiso con una decisión no sólo afecta a nivel político sino que impregna nuestro cotidiano. Por ejemplo, ahora que se acercan las fechas navideñas y el sorteo de lotería. Puede que aún hoy no hayamos comprado ningún décimo porque creemos poco probable que nos toque. Sin embargo, en el momento que tengamos en nuestro poder un billete viviremos con la ilusión de la probabilidad de que nos toque la lotería y le asignaremos mayor probabilidad de que resultemos premiados que antes de haber adquirido el billete.

las redes sociale snos comprometen porque nos obligan a ser coherentes con lo que manifestamosLas relaciones personales también están condicionadas por elpoder del compromiso. Más aún con la existencia de las redes sociales, especialmente WhatsApp. El compromiso nos obliga a actuar en consonancia con él con mayor entusiasmo y vinculación cuando éste ha sido expresado por escrito, es decir, si hemos dicho a través de un mensaje a alguien que acudiremos a la cena que ha organizado, aunque no tengamos ninguna más, el poder de este compromiso escrito hará que en muy contadas ocasiones traicionemos a la palabra dada. Más aún cuando esta puede ser utilizada en nuestra contra y en la cena el anfitrión mostrar al resto de comensales nuestra falta de compromiso, dañando con ello nuestra reputación y credibilidad.

El compromiso por tanto, condiciona nuestra vida y las decisiones que creemos tomar libremente. De esto se valen muy bien las empresas y vendedores con sus técnicas y estrategias de venta. Promueven pequeños compromisos que van dando lugar a otros mayores de los que obtendrán mayores beneficios económicos. Las operadores de telefonía lo saben muy bien y se valen de ello como recurso de marketing, para lo que nos van planteando preguntas a las que la respuesta condicionada es siempre sí, de cara a que, al final, de la interlocución nos brinden un servicio o producto que responde de manera congruente con todos esos sí condicionados que nos han obligado a manifestar. Con ello, nos ponen en la tesitura de traicionar nuestra palabra o adquirir el producto o servicio a cambio del bienestar psicológico y la satisfacción personal de mostrarnos fieles a nosotros mismos y a nuestra palabra.

Estos y otros son los riesgos del compromiso pero hemos de reconocer que tiene sus ventajas. Ser fieles a uno mismo nos evita el esfuerzo de tener que analizar cada una de las decisiones que hemos de tomar liberándonos de tiempo para dedicarlo a otras cosas y, sobre todo, nos evita tener que enfrentarnos a nosotros mismos y a la consciencia del inevitable paso del tiempo.


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