miércoles, 24 de septiembre de 2014

Envejecemos con cada decisión

La magia de los líderes radica en su ambivalencia. Su capacidad para seducir y conseguir que la gente le siga es posible gracias a las contradicciones. Por un lado, debe ser visto como una persona frágil y sensible, al mismo tiempo, se debe tener la certeza de cuáles son sus fortalezas, de su convicción a la hora de decidir lo más acertado en situaciones que implican mucho riesgo, que siempre sabrá elegir la mejor opción y que posee un gran repertorio de soluciones a poner en práctica sin el menor atisbo de duda. En su paso por esta situación de ambivalencia, de incertidumbre continuada, desencadena que los procesos de envejecimiento se aceleren en situaciones en las que la toma de decisiones tiene repercusiones directas sobre otras personas. Lo vimos en el caso de Zapatero una vez que asumió la presidencia del gobierno, el deterioro físico de Guardiola en sus cuatro años al frente del Barcelona y en otro gran número de ejemplos. Aún así, hay quien no se ve afectado por este mal. como puede ser el presidente Mariano Rajoy que al no tomar decisiones más allá del tono de tinte a emplear sus procesos de maduración se han ralentizado.

La autoridad del líder se consigue en base a la actitud que demuestra en los buenos y en los malos momentos. Por los aciertos y también por los errores. En los últimos días aparece en la prensa deportiva un debate continuo en torno a las decisiones que los entrenadores de los principales equipos de fútbol en España adoptan. Las decisiones de Ancelotti con respectoal debate de la portería entre Iker Casillas y Keylor Navas, los pitos de la afición del Vicente Calderón ante la decisión de Simeone a la hora de realizar un cambio, la política de rotaciones de Luis Enrique en el Barcelona… En política la decisión del gobierno de retirar la ley del aborto y la consiguiente dimisión del ministro de justicia Alberto Ruiz-Gallardón y cada quien, en su vida personal también decide entre un conjunto de alternativas que tiene a su alcance, siendo con ello evaluado por los demás yu por sí mismo, acerca de la capacidad de gestionar su devenir.

Decidir implica riesgo, la posibilidad de equivocarnos o de acertar. Tomamos decisiones que sólo nos afectan de manera individual y otras que afectan a quienes tenemos cerca o a terceros a los que ni siquiera conocemos. Cada una de nuestras decisiones tiene repercusión directa sobre alguien, por ello para tomarlas hemos de tomar distancia emocional con los afectados por la misma (pudiendo ser uno mismo). El caso del gran futbolista holandés Marco Van Basten me va a ayudar a explicar y entender cómo afecta la toma de decisiones y la resolución de conflictos a su autoevaluación y la evaluación del grupo del que forma parte y al que afectan sus decisiones.

Marco Van Basten, fue considerado el mejor delantero del mundo de finales de los ochenta y principios de los noventa. Un jugador que por sí solo era capaz de desequilibrar cualquier partido. Fue, como futbolista, un delantero contracorriente pues pese a su altura, que a ojos de los espectadores le encasillaban como un jugador torpe y de escasa técnica, se rebeló como todo lo contrario. Marco Van Basten, en cada partido, tenía que tomar decisiones en centésimas de segundo: pasar a un compañero u otro, chutar a puerta, aguantar la pelota o tratar de regatear a cuantos adversarios le salieran a hacer frente. En este escenario sus decisiones, aún siendo individuales, se diluyen entre las de sus compañeros puesto que ellos también están tomando decisiones a cada instante así, tanto el acierto como el error, no recae sobre sus espaldas sino que recae sobre los once jugadores que están en el campo.

Tras su carrera como futbolista, a la que Van Basten tuvo que poner fin a consecuencia de una lesión de tobillo, opta por hacerse entrenador. Su primera experiencia al más alto nivel es siendo seleccionador de Holanda, a la que le sigue una temporada como entrenador del Ajax, equipo donde aprendió a ser futbolista, y el Heerenveen. Para esta nueva temporada había decido hacerse cargo del banquillo del AZ Alkmaar con el objetivo de clasificar para las competiciones europeas. Al poco de dar comienzo la Erediviese fallece su padre lo cual deriva en el entrenador holandés en un conjunto de problemas cardíacos que le tienen de baja por espacio de dos semanas.

Tras quince días de ausencia la sorpresa aparece cuando, en su regreso, anuncia que vuelve al equipo pero no cómo primer entrenador sinocomo entrenador asistente. Marco Van Basten afirma que el ejercer de entrenador, hoy por hoy, le genera un alto nivel de malestar tanto a nivel físico como mental, lo que ha venido derivando en varios episodios de estrés. El hecho de tener que ocuparse de un sinfín de tareas, la exposición pública de su figura, la percepción de estar siendo continuamente evaluado por miles de ojos que analizan cada uno de sus gestos y, sobre todo, la pérdida de pasión en la búsqueda de soluciones a las situaciones que se plantean dentro de un campo de fútbol le han llevado a tomar esta inesperada y sorprendente decisión.


Dedicarse a una actividad en la que nuestra pasión está ausente, donde no encontramos la motivación para hacer frente de lo que conlleva, de disfrutar y sufrir con ello termina por destruir al individuo. Pero esto no debe ser sólo aplicable al desempeño profesional, sino también a nuestras relaciones personales, por qué seguir compartiendo la vida con alguien que no nos apasiona, con quien no deseamos compartir nuestro tiempo ni nuestras vivencias. Estaríamos igualmente destruyéndonos.

Decía Pep Guardiola a sus ayudantes y al cuerpo técnica, cuando se hizo cargo, del Barcelona y optó por prescindir de Ronaldinho y Deco, o posteriormente con Eto'o e Ibrahimovic, “todo aquello que suceda debe ser la consecuencia de las decisiones que hayamos tomado nosotros y no terceros”. El mismo criterio fue el que siguió cuando optó por abandonar el equipo blaugrana, había perdido la pasión, el deseo de encontrar soluciones y, lo mismo debió pensar cuando dio su rueda de prensa más comentada antes del enfrentamiento con el Real Madrid, dirigido por José Mourinho, en las semifinales de la Liga de Campeones cuando quiso que lo que, sucediese, dejando de lado todas las presiones que han podido con Van Basten y, al igual que el holandés, dejar que lo que aconteciese fuese el resultado de una decisión que libremente había escogido.


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