miércoles, 13 de agosto de 2014

La Taquilla Cerrada del Vestuario

Las gradas no dejan de corear Michel Maricón por tocar los genitales de Valkderrama

El deporte es un reflejo de los valores de la sociedad donde se practican.


 El deporte se asienta en valores como la resistencia, el esfuerzo, la valentía, la agresividad, la capacidad de sacrificio o la lucha continua por defender unos valores y un estilo así como el alarde de unas capacidades físicas. Todas estas características son apreciadas y valoradas en la sociedad y también en los deportistas. Sin embargo, hay un pequeño reducto de comportamiento que ya la sociedad tolera y ha asimilado que aún no ha calado en el terreno deportivo: la libre aceptación de la orientación sexual de los deportistas.

El deporte, especialmente las disciplinas colectivas, son un reflejo de los modelos clásicos de la sociedad: los deportistas de élite se casan a edades tempranas, tienen hijos y éste parece ser el patrón más extendido. Estos modelos a la antigua usanza han creado unos estereotipos muy arraigados a los que resulta muy complicado hacerles frente. En primer lugar si tomamos como referencia a los propios seguidores de estos espectáculos. En los estadios las apelaciones a los deportistas a que hagan muestras de su hombría y masculinidad son continuas, recurriéndose al uso de términos como maricón a aquellos que no muestran ese compromiso con la masculinidad. Es frecuente escuchar en los estadios de fútbol a los aficionados utilizando ese término para menospreciar a los jugadores del equipo rival. La gradas de los estadios son una sociedad masculina.


La homosexualidad ha sido perseguida históricamente y repudiada socialmente, aún hoy existen países en las que es un delito.Nno es algo sencillo y cómodo superar este lastre histórico, más aún cuando estamos convirtiendo en una exigencia pública saber la orientación sexual de quienes nos rodean. Parece que dentro del protocolo social y la cortesía hay ahora que acompañar a nuestro nombre, cada vez que nos presentamos, en sociedad no el apellido o la profesión, sino nuestras preferencias sexuales. A un heterosexual no se le pide que haga público reconocimiento de su orientación sexual como tampoco ha de solicitárselo a un homosexual, la cuestión es que el segundo no tenga que reprimir la manifestación de su conducta sexual del mismo modo que sucede con el primero. 


Un deportista homosexual no solo ha de hacer frente a las burlas del aficionado sino que también ha de hacer frente a la consideración que de él hagan sus compañeros de vestuario. 



El vestuario de un equipo está formado por personas que conviven muchas horas y comparten  su tiempo de ocio. 

Es tal su relación que un vestuario acaba construyendo una identidad común basado en unos principios, valores y tradiciones en los que el diferente no es bien recibido. Recordemos que los deportes colectivos se rigen a día de hoy de un modelo muy clásico y tradicional en cuanto a los valores, normas, costumbres que los han forjado. Si volvemos la vista a la antigua Grecia veríamos que el famoso Batallón Sagrado de Tebas estaba integrado por parejas hombres, muy fieros y belicosos, que luchaban mejor que el resto porque estaban en plena batalla estaban defendiendo a su amor.

Me resulta llamativo que de los más de seiscientos jugadores que participaron en el pasado Mundial de Fútbol, ninguno sea homosexual. Estadísticamente creo que no es posible, a no ser que se trate de un entorno en el que se da una extraordinaria capacidad para la selección de jugadores atendiendo, como un aspecto relevante, su orientación sexual o porque los futbolistas que llegan al más alto nivel posean unos niveles de testosterona y un ideal de masculinidad tradicional tan arraigado que haga imposible su deriva sexual del patrón tradicionalista.

Reconocer a homosexualidad en el deporte es un hándicap que puede acabar determinando la carrera deportiva e incluso la personal.

Justin Fasahanu fue el primer futbolista en reconocer suhomosexualidad pero también el primer jugador negro por el que se pagó un millón de libras en el fútbol inglés. Pues bien, reconocer su homosexualidad le valió para recibir el desprecio de su entrenador Brian Clough lo que provocó la caída de su carrera como futbolista y, varios años después, de su propia vida al ahorcarse tras ser acusado de mantener relaciones sexuales con un menor.

Justin Fashanu fue el primer futbolista en reconocer su homosexualidad

Fashanu no es el único jugador que ha reconocido su orientación sexual en público varios lo han hecho después que él pero todos siguiendo un patrón bastante similar, lo han reconocido prácticamente al final de su carrera deportiva como es el caso del futbolista alemán Thomas Hitzlsperger o el estadounidense Robbie Rogers. El principal motivo para ocultar hasta el final este hecho, aparte del componente social, puede ser el económica al considerar que el reconocimiento público de su homosexualidad puede perjudicar su carrera deportiva y su fuente de ingresos. Se estima que, Martina Navratilova, dejó de percibir alrededor de seis millones de euros que podría haber obtenido en contratos publicitarios de no haber reconocido su condición de lesbiana.

El jugador Jason Collins reconoció su homosexualidad casi al final de su carrera

El fútbol no es el único deporte  en el que la homosexualidad es silenciada.


 En el baloncesto también sucede, el primer jugador de baloncesto que reconoció públicamente su homosexualidad fue John Amaechi, quien jugó varios años en la NBA. Las reacciones a su declaración por parte de algunos jugadores no deja de resultar sorprendentes. La superestrella LeBron James decía “si eres y gay y no lo admites no eres sincero. Tienes que ser sincero con tus compañeros de equipo es una cuestión de confianza”. El exjugador Tim Hardaway decía sobre la homosexualidad en la NBA que “no debería estar en el vestuario mientras nosotros estuviésemos allí porque siempre estaríamos preocupados porque nos haría sentir incómodos”. Cinco años después otro jugador, Jason Collins hizo pública su homosexualidad casi al final de su carrera deportiva lo que le valió el reconocimiento público del presidente norteamericano Barack Obama. Este gesto del inquilino de la Casa Blanca habla de un proceso de cambio y aceptación experimentado en apenas un lustro y que va mostrando su impronta en la sociedad y, por ende, en el deporte.

Por mi parte toda mi admiración y respeto para estos deportistas capaces de reconocer abiertamienta su condición sexual. Han tenido que enfrentarse y lidiar en  un contexto homofóbico donde las burlas, agresiones, rechazo y desprecio hacia un colectivo de personas por su “supuesta condición sexual” por lo que seguro, han debido luchar ante crisis de autoestima, sentimiento de discriminación, represión sentimental, ocultación indentitaria, ausencia de asertividad, dependencia emocional… muchos obstáculos para poder mostrarse en su totalidad y en plena libertad. Quizá, cuando se sienten capaces de hacerlo es, viendo próximo el fin de sus carreras deportivas o éstas ya han terminado, descubren otros entornos en los que esta represión no existe y pueden vislumbrar un horizonte nuevo libre de ansiedad y del homófobo que cargaba consigo. Estos ejemplos son la muestra de que un gay feliz es que el ayuda a otros a serlo, su gesto, cargado de simbología, es el comienzo de un camino que hará posible la felicidad de quienes vengan detrás.



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