lunes, 26 de mayo de 2014

Políticos sin Inteligencia pero con Cerebro

La inteligencia de políticos está en duda si tomamos como ejemplo a ana BotellaLos cerebros de los políticos no suelen destacar por su capacidad de razonamiento. Este hecho no debería sorprendernos si nos atenemos a las decisiones que adoptan, declaraciones públicas salidas de tono y conductas del todo inadecuadas para un cargo público. Los políticos suelen darla sensación de que son incapaces de razonar y pensar cuando hablamos de tomar decisiones que nos afectan a todos.

El funcionamiento del cerebro de un político no es diferente del de cualquier otro individuo. Se han realizado diversos estudios que han pretendido conocer los resortes de actividad cerebral de nuestros representantes. Se han analizado sus circuitos neuronales, las diferencias de actividad cerebral ante la resolución conflictos entre una persona de izquierdas o de derechas. Pese a todos estos esfuerzos investigadores hemos de tener presentes una máxima: no es necesario ser inteligente para ser político.

Elegimos a nuestros representantes no por su inteligencia sino por su personalidad. Es su actitud y resolución ante lo cotidiano, una alta seguridad en sí mismo, optimismo, apertura y una capacidad de resistencia ante las circunstancias cambiantes lo que acaba decantando el voto por uno u otro candidato. Uno de las exigencias personales que los votantes aprecian es que los candidatos a cargos electos sean personas capaces de vivir en un escenario hostil y de conflicto y saber gestionar el rechazo de amplios sectores de la sociedad.
La inteligencia del político no es clave a la hora de darle nuestro voto
Ya Aristóteles aseguraba que aquel orador con capacidad para conectar mediante la emoción con su auditorio es capaz de ganar su aprobación y beneplácito, aún sin haber empleado un solo argumento sólido durante su exposición. Saber comunicar y persuadir es necesario para alcanzar un puesto destacado en la política. La clase política que tenemos no es más que un reflejo de la sociedad que representa. Si los asientos de los diputados están ocupados por personas con escasa capacidad intelectual, lo que se produce es una imagen proyectada del espejo de una sociedad en la que la inteligencia no es esencial para el triunfo.

La inteligencia no es requisito sine qua non para ser político. Eso sí, es necesario el manejo eficiente de algunas de las inteligencias múltiples de las que habla Howard Gardner. La primera, como ya decíamos, es la inteligencia verbal: la capacidad para expresarse y comprender mediante el lenguaje o la escritura. La inteligencia interpersonal también es muy necesaria, esta inteligencia nos ayuda a entender a los demás y ganarnos su confianza. Por último, si lo que se desea es establecer conexiones emocionales con los ciudadanos la inteligencia emocional resultará muy útil. Se trata de la habilidad para reconocer, entender y gestionar las emociones. El manejo y el uso de estas inteligencias es mucho más importante para tener una carrera política que un alto cociente intelectual.

Puede que a los políticos el cerebro les funcione de manera diferente al resto de la población, no porque sean un reducto de los menos aptos de cada sociedad. Sí son los más capaces de saber sobrevivir y enfrentarse a presiones sociales cambiantes. El político debe ser un maestro en el arte del manejo y la gestión de la ambivalencia y la ambigüedad. Los políticos son una subespecie de nuestra especie cuya característica debe ser la previsibilidad y saber asumir a la perfección el rol del chivo expiatorio sobre el que descargar gran parte de nuestras frustraciones.

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