jueves, 10 de abril de 2014

Cómo Derrotar Gigantes

“Elige un enemigo grande y esto te obligará a crecer para poder enfrentarlo. Achica tu miedo, porque si el crece, tú te harás pequeño”. Estas palabras del Subcomandante Marcos sirven para ejemplificar que no siempre el más poderoso, el más fuerte, quien posee más recursos sale victorioso. Nos sobrecogen, nos emocionan y nos llenan de esperanza y confianza en nosotros mismos poder contemplar historias de superación.

Cada uno de nosotros, en algún momento de nuestra existencia hemos protagonizado no sólo una, sino varias de estas epopeyas. Hicimos, quizá lo estemos haciendo ahora en el presente, frente a un reto que veíamos como un imposible y que, finalmente, fuimos capaces de superar. De él extrajimos un aprendizaje que nos sirve como referencia para situaciones futuras. Los medios de comunicación están deseosos de publicar noticias amables que tratan de estas historias de superación. Relatos de vida de personas, grupos, comunidades que, partiendo de una situación de desventaja, logran superarse a sí mismos despertando con ello la admiración de los demás.

Estas historias de superación nos conmueven, nos resultan dignas de admiración, se convierten en un ejemplo vital. La fuerza de su impacto emocional en quien las descubre se debe a que nos proyectamos a nosotros mismos en estas historias. Admiramos las historias de personas que se superan como Albert Espinosa, Irene Villa, Teresa Perales... Nos hacemos seguidores de esos equipos humildes que desde sus limitaciones plantan cara a los más grandes como fue el caso del Numancia de Soria en los noventa, hace una par de años con el Mirandés u hoy con el Atlético de Madrid en su lucha con los más grandes de Europa.

Estas historias nos sitúan en la perspectiva de que un reto, que analizado desde el punto de partida, valorando los recursos disponibles y las capacidades de las que se disponen nos dictan unas probabilidades de éxito mínimas. Sin embargo, nos dan un lugar a la esperanza. En definitiva nos hacen volver a creer que el ser humano es extraordinario. Pasando de ser una personas limitadas, carentes de una capacidad o habilidades que creíamos indispensables para superar el desafío y centrando su atención únicamente en la carencia, a convertirse en un todo muy diferente del que se era en ese punto inicial con la proyección de otra serie de habilidades que no se contemplaban en un primer momento como posibilitadoras para el logro y que, una vez empleadas, demuestran ser de gran utilidad.


El mayor estímulo que tenemos para desarrollar nuestras capacidades está en ver mermada alguna de ellas. Tendemos a buscar situaciones y estados de equilibrio. En el momento en el que una de nuestras capacidades o recursos escasea otros se pondrán en marcha para compensar este déficit. Sucede que, en ocasiones, esta compensación se hace mediante habilidades de carácter destructivo de cara a empeorar la situación inicial. ¿Por qué hacemos esto? Porque si mermamos el contexto en el que vivimos nos ahorramos el gasto de esforzarnos por mantener el mismo nivel de bienestar que teníamos anteriormente. Hay quien prefiere deteriorar su vida y la calidad de sus relaciones con los demás y con su entorno sólo por no tener que hacer frente a un esfuerzo y el reconocimiento de una limitación. Todos hemos topado con personas así a lo largo de nuestras vidas. Personas cuyo único mensaje es culpar a las circunstancias, a los políticos, a la crisis, a dios, a los demás de la situación en la que se encuentran.


Las historias de superación nos hablan de no dejarnos arrastrar por este comportamiento. Un comportamiento racional nos dicta que debemos luchar por suplir la situación de carencia para continuar obteniendo los mismos resultados. Para evitar el conformismo y estimular la persecución de retos y desafíos necesitamos modelos de conducta a través de las experiencias de vida de otros. A través de ellas y las emociones que nos despiertan se arranca el motor de nuestra propia transformación. Sintiendo lo que otro siente, vivir como propio el triunfo del otro, aumenta la sensación de que uno mismo sería capaz de conseguir el mismo resultado si se encontrase en una situación similar a la del protagonista de la historia. Empelando para ello los mismos recursos y habilidades que hemos visto que ha utilizado: trabajo, esfuerzo, tesón, manejo de la frustración, toma de decisiones.

Las historias de superación pueden resumirse en la frase que guía los principios de la revista time en la película dirigida y protagonizada por Ben Stiller La vida secreta de Walter Mitty “Ver el mundo, afrontar sus peligros. Descubrir qué hay más allá de los muros. Encontrar a otras personas y sentir. Ése es el propósito de la vida”


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