sábado, 22 de marzo de 2014

Me he Enamorado del Móvil y te he sido Infiel

Somos adictos al móvil y éste invade todos nuestros espaciosEl móvil es nuestra vía de contacto con una parte importante de la realidad. La realidad de  lo que ocurre en Internet. Perder el móvil, quedarse sin batería, la pérdida de conexión durante varias horas seguidas como le ocurrió a un millón de usuarios de Jazztel hace unos días o hace unas semanas con WhatsApp, se han convertido, poco a poco, en sucesos que nadie se puede permitir.

Perder una fuente de contacto como es el móvil es quedarse fuera de los canales de comunicación: no poder recibir ni hacer llamadas, imposibilidad de utilizar un servicio como WhastsApp, carecer de acceso al correo electrónico,  el inconveniente de no poder consultar las actualizaciones en las redes sociales… Son escenarios dignos de la peor  de las tragedias a las que el ser humano puede enfrentarse en el recién estrenado milenio. Tal es el nivel de angustia ante sucesos tan catastróficos que, cada vez con mayor frecuencia, nos encontramos con quienes van cargados a todas partes con los cables de conexión de sus teléfonos y que cuando ven un enchufe experimentan el mismo placer que el drogadicto ante su dosis.

La angustia de estar desconectado se debe que creemos que, justo durante ese espacio de tiempo en que nos creemos aislados, sucederán las cosas más importantes: una llamada de trabajo, un suceso trágico que puede afectar a un familiar, el mail que llevamos tiempo esperando… Sin embargo, nadie se queja de poder haber dicho un te quiero, de no haber podido escucharlo. Del querer haber lanzado un mensaje de ánimo y que este se quedase atrapado en la comisura de los labios, del beso que se extravió entre un marasmo de datos.

Tenemos la nueva necesidad de estar conectados las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana, las cincuenta y dos semanas del año. Los móviles nos atrapan. Nos alejan de quien está cerca y nos acerca a quien está lejos. Es tal su capacidad de absorción que no podemos estar más de quince minutos sin consultar la pantalla. Queremos saber y que sepan. Además, la intermitencia de las respuestas contribuye al aumento de la dependencia. Nuestro comportamiento y relación con el móvil es una muestra clara de la sociedad en la que estamos, de la pauta de relación con el entorno que establecemos: la preocupación por lo inmediato, un interés que sólo tiene proyección en el presente. Decía hace unos días Juan José Millás que estamos tan preocupados y obsesionados por los que nos pasa que nos impide ver qué pasa.


El móvil cada vez más se ha convertido en nuestro amigo. Es un confidente. Puede parecer una exageración pero si vemos la película Her veremos que quizá no es algo tan descabellado. El móvil es el amigo que ha invadido nuestra casa, que nos acompaña en el trabajo, el que ayuda a sobrellevar el tránsito entre lugares y, además, nos posibilita evitar el contacto con nuestros semejantes fingiendo que hablamos con alguien. A través del móvil creemos estar prestando atención a todo cuando en realidad no atendemos a casi nada. Creemos que tenemos la capacidad de hacer muchas cosas a la vez cuando en realidad no hacemos nada. Es tal el poder del móvil que ha invadido nuestras camas. Es lo primero que se consulta por la mañana y lo último que contemplamos cuando, por la noche, bajamos la persiana.

El móvil y el sexo una relación de infidelidad


Es tal el grado de intimidad que tenemos con el móvil que, cada vez más, después del sexo lo primero que se hace es consultar el móvil. Es la evidencia de quién se está realmente enamorado y de quién realmente se desea tener al lado.


sábado, 15 de marzo de 2014

Primeros Besos en Bocas Prestadas

Los besos más bellos son los besos primeros. Los escalofríos que recorren el cuerpo del primer encuentro directo entre dos cuerpos. La transgresión primera de la barrera. Los nervios, las dudas, la incertidumbre que nos invaden al querer descubrir si seremos aceptados en un territorio inexplorado. La vergüenza de reconocer explícitamente que queremos llegar a esa parte del mundo que es otro mundo pero que deseamos que comience a formar parte del propio. Por eso besamos.

Un beso nos da la posibilidad de conectar emocionalmente con otra persona. Recordamos esa primera conexión pero nunca tenemos el registro visual de aquel momento. Conforme vayamos dando más besos las sensaciones experimentadas se vuelven reconocibles y los nervios, las incertidumbres y los miedos desaparecen porque ya sabemos que seremos aceptados. Estos besos que dejaremos registrados fotográficamente o en vídeo y que contemplaremos en otros momentos en los que los anhelemos siguen siendo besos, pero no son el primero.

Esta semana un vídeo titulado First Kiss ha invadido las redes. En él podemos ver cómo parejas de desconocidos se encuentran por primera vez a través de un beso. Su éxito se debe a que nos ofrece la oportunidad de contemplarnos a nosotros mismos en una situación que hemos vivido en muchas ocasiones pero en la que nunca nos hemos visto. Nos brinda la oportunidad de proyectarnos en los protagonistas del vídeo e identificar nuestras reacciones en las suyas. El lenguaje no verbal que empleamos y que denota la fuerza de la conexión que estamos dispuestos a testear a través del contacto de los labios. Vemos besos apasionados, besos frenados, besos prudentes y besos sinceros.



Contemplar esta escena es querer descubrir qué envuelve la magia que rodea un beso. Un deseo de conocimiento de una de nuestras armas más poderosas. De anhelar el beso que deseamos recibir, la intensidad del sentimiento que moviliza a darlo. Recordemos que según como besemos nos seguirán besando.


domingo, 2 de marzo de 2014

La Transición de Evas a Adanes

El sexo de  feto durante las primeras semanas es femeninoTodos nosotros durante las primeras ocho semanas de concepción somos mujeres. A partir de esta semana, mientras permanecemos en el vientre materno, si poseemos un cromosoma Y experimentaremos una inyección de testosterona, que se mantendrá hasta la semana veinte, expandiéndose esta hormona por todo el cuerpo dando lugar a la masculinización del feto. Los niveles de testosterona caerán en este momento hasta el momento del nacimiento donde de nuevo repuntan sus niveles, pasando poco tiempo después a estar en unos niveles muy bajos durante años hasta la llegada de la pubertad.

La diferencia entre hombres y mujeres está en los niveles de testosterona en el organismo diez veces superior en el caso del hombre. Niveles determinados por ese cromosoma Y que mencionaba anteriormente. Pues bien, este cromosoma además de las diferencias sobradamente conocidas entre ambos sexos puede conducir a la desaparición del hombre. Al menos, es lo que vaticina Bryan Sykes profesor de la Universidad de Oxford. Sykes dice que en 5.000 generaciones el hombre ya no existirá sobre la faz de la tierra, si ninguna otra catástrofe natural o provocada hace que suceda antes, es la que el genetista denomina como la maldición de Adán.

La maldición de Adán sostiene que el hombre desaparecerá

Bryan Sykes argumenta para sostener esta teoría que la causa de la paulatina desaparición del hombre está en un error de funcionamiento del cromosoma Y.  El fallo está en no poder llevar a cabo lo que se conoce como recombinación genética, es decir, las reparaciones que se dan entre pares de genes de cara a renovar el material genético defectuoso o deteriorado. La razón por la que el cromosoma Y no puede hacerlo es sencilla, no dispone de otro cromosoma Y con el que intercambiar información para poder renovarse. Somos veintitrés pares de cromosomas, todos XX en el caso de las mujeres, veintidós en el caso de los varones que cuentan además con un par XY.

Lo que los investigadores tratan de descubrir es la causa que provoca las diferencias en los niveles de testosterona del feto cuando está en el útero. De momento, no se sabe la razón de sus diferencias, sin embargo, sí que se ha observado una correlación entre los niveles de testosterona y el orden de nacimiento. Se ha observado que los niveles de testosterona entre los nacidos en los últimos lugares son mayores y tienden a mostrar unos índices de agresividad más altos. La explicación a este suceso la encontramos en el mundo animal, en él observaremos cómo la crías nacidas en el último lugar tienden a ser más pequeñas y débiles que sus hermanos nacidos en los primeros lugares. Para combatir este hecho y no verse privados de su acceso a la comida durante los primero días y meses de vida en los que son dependientes de sus madres, han de mostrarse más agresivos y chillar mucho más alto para conseguir atraer la atención de sus madres. Ejemplos de estos comportamientos los vemos de manera frecuente en el día a día o a través de programas televisivos como Hermano Mayor y Supernanny. 


Al final terminamos volviendo a lo que éramos.