domingo, 9 de febrero de 2014

Deporte y Religión la lucha por el Dios del siglo XXI

Deporte y Religión: luchando por Dios

El deporte es un reflejo de la vida, incluso una religión para algunos. ¿Qué papel desempeña el deporte en la religión? ¿Qué papel desempeña la religión en el deporte? ¿Dónde se cruzan y dónde se separan? Hay varios patrones que los unen como el sacrificio, la pasión y la entrega. El deporte es una dimensión humana que traspasa fronteras sin importar nacionalidad, raza o sexo. El deporte, como la religión, tiene la capacidad de congregar multitudes alrededor de un sentimiento, una pasión, un miedo. Deporte y religión tocan lo más profundo del ser humano.

Papel de la religión en el deporte

El deporte es la mayor religión secular del mundo, estructurando la vida de millones de personas, más que cualquier otra realidad social. La religión aporta un sentimiento, una sensación colectiva de identidad. Ser seguidor de un deporte, como por ejemplo el fútbol, te convierte en miembro de uno de los mayores colectivos mundiales. Colectivo que posee sus propias divisiones internas con el seguimiento a un equipo concreto, así como diferentes fuentes acerca de la interpretación que se le da al juego y su modo de practicarlo. El fervor irracional que un aficionado puede sentir por su equipo guarda muchas similitudes con el sentimiento religioso. Ambas suponen una forma de ordenar la propia vida, de darle una armonía y una búsqueda de la felicidad.

Los recintos deportivos asemejan los templos religiosos en los que aparecen pasajes de sus credos

Vivimos el deporte como cualquier practicante religioso. Nos marcamos los momentos clave del calendario, citas ineludibles que son motivo de reunión y congregación de masas. En la religión nos encontramos con las multitudes que salen a la calle en las procesiones de Semana Santa, los millones de personas que peregrinan a La Meca, las largas esperas por poder disfrutar de una misa del Papa en alguna de sus visitas a cualquier rincón del planta… mientras que en el deporte congrega en estadios, delante de pantallas en las que poder contemplar el enésimo partido del siglo, el hecho histórico de presenciar a un deportista hacerse por primera vez con una prestigiosa victoria en lo que era un territorio inexpugnable.

La Mano de Dios es una reflejo de la comunión entre deporte y religión

Templos, santos y milagros deportivos

Igual que una religión tiene sus mártires, sus santos, sus iconos, el deporte ha construido los suyos: Wembley, Maracaná, la Centre Court de Wimbledon, los Campos Elíseos al finalizar el Tour de France… Figuras como Eddie Mercx, Pelé, Maradona, Michael Jordan, Jesse Owens…  Todos con sus hazañas y sus momentos de conversión, ése día en que vieron la luz y se mostraron a los demás como portadores de ella. Rafa Nadal con su victoria en aquella victoria en la final de la Copa Davis frente a Estados Unidos, Maradona y su partido en mundial de México 86 en aquel partido contra Inglaterra, Jesse Owens al proclamarse campeón en los Juegos Olímpicos de Berlín ante la mirada de Adolf Hitler.

El deportista y el practicante religioso se nos presenta como ejemplos de vida ascética, con unas rutinas y patrones de vida muy definidos. Vidas de privaciones en función de la disciplina practicada, las horas dedicadas a la oración se convierten en horas de entrenamiento. La vida de privaciones en el deportista se reflejan en su dieta. Una vida de reclusión monástica se convierte para el deportista en ausencia de contacto social, o cuanto menos limitado, con otros seres semejantes ajenos a la práctica deportiva… El cuerpo del deportista debe dar muestras en su estado físico de que cumple con las ordenanzas de sus escrituras o de sus líderes espirituales (entrenadores, medios de comunicación…),mostrarlo en público con cierta regularidad y de manera continuada. Ser la prueba palpable de que esa forma de vida reporta las recompensas espirituales que promete.

todo deportista debe mostrar en la forma de su cuerpo el seguimiento de su dogma de fé


Deporte y religión van de la mano, por eso se dice que el deporte es la religión del siglo XXI. Creo que deporte y la idea de Dios son muy semejantes, como se preguntaba  José Saramago en su libro In Nomine Dei “¿y si Dios no es más que el nombre que tiene?”. El deporte quizá sea la nueva forma de tratar de llegar y hacer visible esa idea.


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