lunes, 9 de diciembre de 2013

Hoy Sabrás Por Qué Pasó lo de Ayer

Leemos el futuro desde estados de ánimo del presente
Creemos tener capacidad para predecir el futuro. Vivimos con la falsa creencia de saber cómo nos sentiremos en el futuro. La prueba de que estamos equivocados la encontramos si echamos la vista atrás y analizamos lo que nos ha sucedido en los últimos doce meses. Analizando lo acontecido inevitablemente caeremos en el llamado determinismo gradual: aquello que finalmente ha sucedido ha ocurrido porque era inevitable, aún cuando un año atrás considerásemos que era imposible que sucediese. La facilidad cognitiva con la que las imágenes de los sucesos que han sucedido invaden nuestra mente provoca, irremediablemente, que nos parezcan algo mucho más habitual y frecuente de lo que en realidad es.

La crisis financiera de los últimos años, los atentados del 11M o del 11S, la separación de nuestra pareja, la pérdida de nuestro puesto de trabajo… son ejemplos de este determinismo gradual. Antes de que cualquiera de estos hechos ocurriese las probabilidades atribuidas a la posibilidad de que sucediesen podrían ser mínimas. Sin embargo, al realizar una reconstrucción de ese pasado rápidamente encontraremos síntomas, indicios, pistas que, de haberlas tenido en cuenta, nos habrían preparado para lo que estaba por suceder.

En la película “500 días juntos” (500 days of Summer) cuya banda sonora 500 días juntos es de lo mejor de la película, Tom se enamora de Summer con quien comparte numerosas cosas en común: gustos musicales, ocio… Poco a poco van entablando una relación amorosa pero, llegado un punto, Summer decide poner fin a la misma. Tom, en un primer momento se deja llevar por el abatimiento y no encuentra motivos ni razones para su abandono. Con el tiempo, mirando de nuevo en retrospectiva, encontrará las señales que le estaban avisando de que el final de la relación era de todo menos impredecible.

En la película 500 días juntos Summer deja a Tom sin que éste sepa por qué

Vivimos con ansiedad esta clase de episodios vitales, creemos que hemos de haber sufrido algún déficit en nuestro desarrollo que nos impide detectar estas señales cuando aparecen o que, simplemente, nos dejamos llevar. El problema es más sencillo de plantear de lo que creemos, su resolución sigue siendo compleja. El problema está en que recibimos tal cantidad de información que, finalmente, nos resulta muy complicado quedarnos únicamente con la información útil y relevante. Es tal el volumen de información que tenemos que manejar a cada momento que, casi nunca, somos capaces de dotar de significado relevante a un estímulo que se nos presenta. En retrospectiva, muchos de esos estímulos que hemos percibido se volverán relevantes y cargados de significado, serán interpretados como causales del algo que aconteció después pero que fuimos incapaces, en su momento de prever: un beso rechazado, una caricia olvidada, unas palabras incomprendidas, un retraso injustificado…

En 500 días juntos Summer da señales a Tom de que lo suyo está acabado

Este error de estimar, como mayores, las probabilidades de que un suceso ocurra una vez que ha sucedido, víctimas del determinismo gradual no es el más grave. El mayor error al que puede conducirnos aparece al intentar corregir los fallos a los que su acción nos abocó en el pasado derive en la creación de problemas nuevos en el futuro. Para entenderlo, recurramos a lo sucedido en el experimento llevado a cabo por David R. Rosenhan en la Universidad de Standford a comienzos de la década de los setenta del siglo pasado titulado "On being sane in insane places". 

Rosenhan pidió a los participantes en el experimento que, bajo un nombre ficticio, ingresaran en un hospital psiquiátrico bajo el argumento de que oían voces, no sabiendo decir de quién, que les decían palabras como vacío, hueco o golpe. Una vez ingresados, los participantes debían ser totalmente sinceros y comportarse con normalidad, tal y como hacían en su día a día, informando en las sucesivas entrevistas o encuentros con el personal sanitario de que las voces habían desaparecido. Los participantes permanecieron ingresados, como media, diecinueve días y recibieron, cada día, una media de diez pastillas para tratar su supuesta patología.

Este experimento muestra cómo somos incapaces de detectar o dar el valor que tienen a informaciones valiosas. En un contexto como un hospital psiquiátrico en el que el volumen de información que se genera a diario es muy alto, resulta complicado para las personas encargadas de procesarla: médicos y personal sanitario, advertir las señales relevantes que pueden tener ante sus ojos. Este experimento nos sitúa en una tesitura en la que quizá podríamos considerar que quizá en los psiquiátricos hay gente totalmente cuerda ingresada.

David R. Rosenhan, quien también llegó a la misma conclusión, realizó una segunda parte de este experimento. Informó a un hospital psiquiátrico que, en los tres meses siguientes, enviaría a uno o más pacientes cuerdos. En esos tres meses, 190 personas fueron ingresadas en el hospital, de ellos 41 (más del 20%) fueron considerados por el personal sanitario como totalmente cuerdos con absoluta certeza. Sin embargo se equivocaron, Rosenhan no había enviado a ningún “pseudopaciente”. Un problema seguía existiendo en los hospitales psiquiátricos, pasando de un exceso de diagnóstico de personas enfermas, como ocurría en la primera parte del experimento, a una segunda en la que el error ya no era el exceso sino los errores en el diagnóstico mismo.

Cuando algo poco habitual sucede, como puede ser una rara enfermedad, una separación, un divorcio, un accidente, un problema administrativo… inmediatamente después le damos mayor probabilidad de que sucedan, simplemente porque tenemos a nuestro alrededor mayores cantidades de información relacionada. Nuestra atención se dirige hacia informaciones que antes pasábamos por alto. Prueba de ello está en que cuando nos compramos un coche, de repente y de manera sorprendente, comenzaremos a ver las carreteras y las calles de nuestras ciudades invadidas del mismo modelo de vehículo que nos hemos comprado. 

Para terminar, un trocito de la película 500 días juntos que incluye el tema "You Make my Dreams" de Hall & Oates.


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