lunes, 4 de noviembre de 2013

Llorar para Empezar de Nuevo

La autoexigencia no ocnduce a tener que gestionar el sufrimientoEmpleamos la autoexigencia para evaluarnos en función de la cantidad de errores que cometemos. Uno de los mayores riesgos a los que nos enfrentamos y  que pone en riesgo nuestro equilibrio emocional está en no saber perdonarnos nuestros propios errores. Podemos llegar a ser nuestros propios torturadores imponiéndonos la insostenible autoexigencia de no cometer ningún error.
Este fin de semana, las lágrimas del jugador del Rayo Vallecano Anaitz Arbilla, tras ser sustituido cuando su equipo acaba de encajar el 0-3 ante el Real Madrid, son un reflejo de cómo la autoexigencia tiene un coste capaz de quebrantar  el equilibrio emocional de un individuo. Podríamos afirmar que en estos momentos nos autodestruimos, nos vencemos a nosotros mismos. Las lágrimas de Arbilla, mientras buscaba consuelo debajo de su abrigo, son reflejo de la impotencia del héroe moderno al saber que una mala decisión le ha llevado a perder la guerra y fallar a los suyos.


Los deportistas profesionales, al igual que cualquier otro trabajador, estudiante o sujeto, llevan a cabo, cada día, lo que se conoce como práctica deliberada. La práctica deliberada es el intento consciente, voluntario e intencionado de aumentar el nivel actual de dominio de una habilidad o de precisión a la hora de ejecutar una tarea. No se trata de mera repetición o de acumulación de experiencia mediante la continua repetición, sino que se trata de una voluntad de mejora continua. Este deseo de superación provocará que el fracaso aparezca con mucha frecuencia.

No saber lidiar con estos fracasos que, inevitablemente van a parecer, pueden conducir a estados depresivos y a otras situaciones más dramáticas como la de Robert Enke, quien fuera guardameta de la selección de Alemania, del Barcelona o del Benfica, quien optó por suicidarse debido al miedo, abatimiento y sufrimiento que le generaba el más mínimo error que podía cometer en un partido.


La práctica deliberada exige disponer de una mentalidad siempre insatisfecha. Una mentalidad que no acepta el presente porque considera que es posible alcanzar un estado mejor en el futuro. Es vivir en un estado de autocrítica y autoexigencia constante. Vivir en un estado de inquietud y agitación permanente para lograr el objetivo de ser bueno en algo. Para conseguirlo necesitaremos recursos, mentalidad, estrategias adecuadas y, sobre todo, tiempo, mucho tiempo, para practicar no sólo cada día sino cada día a lo largo de los años.

Robert Enke no se permitía ningún error con lo que sus elevados niveles de exigencia se convirtieron en un problema
Vivir en este estado de tensión continuada que la práctica deliberada puede provocar requiere que el fracaso y el error se entienda como algo necesario e incluso deseado porque su vivencia puede entenderse como necesaria. Hay que estar preparado para ello y hay quienes no lo están como era el caso de Robert Enke.

A mi modo de ver, el fracaso y el error, debe formar parte de la educación en una sociedad que únicamente nos presenta continuamente modelos de éxito.  Para mí, recuerdo, que muchos de los errores cometidos durante mi época de estudiante en la educación secundaria (repetir cuso, ser expulsado del centro) son los que desencadenaron el deseo de seguir aprendiendo, de ver y experimentar con los propios ojos una realidad y capacidad que, a ojos de otros, no posees, que nunca podrás experimentar.

El poeta Emerson nos muestra la importancia de aprender incluso de las situaciones más adversas, dramáticas y dolorosas que podemos vivirHace unos días he terminado de leer el libro de Chad Harbach “El arte de la defensa” y en él se menciona una pasaje de la vida de Ralph Waldo Emerson, poeta y filósofo estadounidense, relacionado con su primera mujer. Ésta murió muy joven, con apenas diecinueve años, víctima de la tuberculosis. Meses después de su fallecimiento Emerson volvió al cementerio en el que estaba enterrada su mujer, excavó la tumba, abrió el ataúd y miró en el interior. Allí estaban los restos de la mujer que amaba. Una experiencia terrible pero que Emerson necesitaba ver para intentar entender la muerte.


La práctica deliberada y la autoexigencia que de ella se deriva nos coloca en un plano similar al del poeta norteamericano, el hacer frente a las situaciones más adversas, más difíciles, para, a partir de ellas, tratar de sacar un aprendizaje que nos ayude a entendernos a nosotros mismos y conseguir lo que anhelamos: conocimiento, pasión, triunfo… cualquier meta o sueño que tengamos por lejano e inaccesible que pueda parecernos. Todo lo que necesitamos es esforzarnos y seguir nuestro propio ritmo.

2 comentarios:

  1. Hay que sacar lo bueno de las cosas. Y aprender de los errores. Y es bueno autoexigirse e intentar mejorar, pero siempre, como todo, con sentido común.

    ResponderEliminar

Tu opinión es importante