martes, 12 de noviembre de 2013

El Poder de un Gesto para Cambiar el Mundo

Nuestra forma de expresarnos influye en nuestro entorno. No somos del todo conscientes de la influencia de nuestros gestos y de lo pueden llegar a conseguir. En muchas ocasiones, nos dejamos llevar por nuestras emociones, las preocupaciones nos arrastran, nuestros enfados nos limitan, los estados de ira nos condenan e incluso por las ganas de decirle a otro que no hace las cosas bien. Esto conlleva que toda nuestra expresión gestual y de lenguaje no verbal refleje únicamente emociones negativas. Las emociones negativas tienen el poder de contagiarse con mucha facilidad a través de los gestos, de la expresión no verbal, de la mirada, de la expresión facial con mucha mayor claridad que a través de las palabras que podemos llegar a decir y que incluso podemos llegar a silenciar.

No nos dejemos llevar por el abatimiento, porque tan fácil como es contagiar las emociones negativas lo es hacerlo con las positivas. La diferencia estriba, cuando queremos transmitir emociones y energía positiva, en que debemos tomar consciencia de que deseamos y queremos hacerla llegar para poder influir con ella en los demás. Lo importante en este caso es cómo lo vamos a lograr, para ello debemos decidir poner en práctica gestos, movimientos y comportamientos en positivo para conseguir que nuestro interlocutor se sienta valorado, feliz, consolado… en definitiva conseguir que se sienta mejor a lo largo del día.

Las caricias y las sonrisas nos acercan al otroSi nos mostramos abiertos los demás, normalmente, nos corresponderán porque cuando entramos en contacto con alguien alegre, optimista, positiva, que está abierta a una relación nos resulta mucho más sencillo acercarnos a ella ya que no existen barreras.  Nos gusta aprovechar estas ocasiones de relación con el otro porque es mucho más agradable estar al lado de personas positivas que de personas negativas. Por tanto, tenemos la capacidad de influir sobre nuestro entorno mostrándonos como personas abiertas mediante gestos que le digan a los demás que los estoy viendo, los estoy apreciando y valorando positivamente.

El simple hecho de mirar a alguien ya es una forma de decirle te estoy viendo, estás aquí y eres importante para mí. La mirada no es otra cosa que la distancia más corta entre dos personas. Una caricia, un gesto de apoyo, una sonrisa o un beso son comportamientos que debemos incluir en nuestro cotidiano para ayudar a que las personas de quienes nos rodeamos se sientan queridos y valorados.

Un gesto puede ayudar a cambiar el mundo. Es lo que se conoce como el efecto mariposa. La idea de este efecto es que el aleteo de una mariposa, por leve que pueda parecernos, puede influir y desencadenar un huracán en la otra parte del mundo. Cada uno de nosotros también poseemos este poder. Si empiezo el día con una sonrisa dirigida a las personas que tengo cerca o las personas con quien me encuentro en mi puesto de trabajo conseguiré que tengan un mejor humor debido al contagio de esta energía positiva. Esta energía positiva que les he trasladado a su vez, llegará a las personas con quienes ellos entren en contacto por lo que se generará una cadena de repercusión en el bienestar de las personas con que le rodean. Por ejemplo, esta campaña comercial de Telecom y el poder de un bostezo muestran claramente cómo actúa el contagio emocional, la viralidad y el efecto mariposa.



Desconocemos el poder de nuestra sonrisa. El contagio emocional es un arma muy poderosa, por ello debemos de tomar conciencia de qué es lo que provocamos en los demás cuando nos comunicamos. Despleguemos nuestras mejores sonrisas y rebosemos de gestos amables.


Iván FErnández indica con un gesto el camino a seguir a Abel MatuiUn ejemplo de gesto amable lo vimos en el cross de Burlada en Navarra cuando Iván Fernández Anaya se negó a ganar. El motivo, según él, es que “no me merecía ganar y por eso hice lo que hice”. Iván corría en segunda posición lejos del atleta Abel Matui que dominaba claramente la prueba. Poco antes de entrar en meta el atleta keniata se equivocaba de camino, Iván pudo aprovechar las circunstancias y ganar la prueba. Sin embargo, optó por quedarse detrás del que había sido bronce olímpico dejándole ganar. Decía el atleta español al terminar la prueba cuando todos le preguntaban por lo que acababa de hacer “Él era el justo vencedor. Me sacaba una distancia tan grande que, de no haberse equivocado, nunca habría sido capaz de recuperar”.


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