viernes, 15 de noviembre de 2013

El Deporte Extremo es para Optimistas

La práctica de deportes extremos como el salto base requiere no atender a los riesgosLas personas optimistas tienen una mayor capacidad para influir en los demás. Se trata de personas que confían en sí mismas u están dispuestas a asumir mayores riesgos, más incluso de los que ellas mismas contabilizan. Creen que actúan de manera prudente cuando, en realidad, no lo son. Los deportistas extremos son optimistas por naturaleza. Una persona pesimista nunca podría practicar este tipo de deportes porque su exceso de atención a los peligros y a los riesgos no le permitirían avanzar en la práctica de este tipo de deporte.

¿Por qué practicamos deportes de riesgo o extremos? ¿Qué nos impulsa a superar nuestros propios límites o nuestros miedos? Cada vez hay más personas esperando disfrutar sus propias sensaciones por encima del miedo.  Valoramos esta valentía y arrojo de los deportistas extremos, al mismo tiempo que consideramos que corren riesgos innecesarios.

El riesgo en los deportes extremos se habla de errores, porque un error en la práctica de estas disciplinas puede tener  consecuencias fatales. Son deportes en los que se expone la vida por encima del riesgo de lesión que puede estar asociado a otras disciplinas deportivas más clásicas.

Las personas que practican estas disciplinas de riesgo son descritas por el resto como personas felices, con una sonrisa siempre en el rostro que transmiten continuamente una sensación de bienestar y de estar a gusto consigo mismos, con la vida que viven. Son personas que de manera continuada se plantean sueños por cumplir y actúan para alcanzarlos. Es gente que tiene claros los objetivos que desea alcanzar y que utiliza todos los medios a su alcance para lograrlos.

Según Killian Jornet, las carreras de ultradistancia requieren un enfoque optimista de las circunstancias que se viven en ellasLos deportistas extremos, como el resto de seres humanos, se dejan arrastrar por un sesgo cognitivo: el hecho de creerse superiores a casi todos los demás. Nos creemos superiores a los demás y pecamos de exceso de confianza lo cual tiene sus consecuencias pues nos lleva a tomar decisiones equivocadas. Pero también tiene su beneficio: nos hace más resistentes a los contratiempos y nos sirve para defender la imagen que tenemos de nosotros mismos. El optimismo nos ayuda a creer en el éxito y tolerar mejor los fracasos.

Uno de los mayores beneficios que reportan la práctica de deportes es extremos es que ofrecen la posibilidad de vivir momentos en los que se produce una armonía entre las habilidades necesarias para su práctica con las duras exigencias del medio en la que se deben poner en práctica. Se trata de encontrar esos momentos perfectos, de escasa duración,  lo que se conoce como fluidez en el que todo sale bien dando lugar a una experiencia gratificante y satisfactoria recordándose como un episodio de gran intensidad emocional y de gran valor psicológico.

Los deportistas extremos practican su disciplina de manera apasionada, se trata de una actividad que les llena y que constituyen un elemento muy importante de su propia identidad. Se definen a sí mismos como saltadores, buzos, escaladores… Lo que se trata es de canalizar estas actividades con el día a día y ver si es posible canalizarlas con otras cosas a las que hay que dedicar tiempo en la vida: pareja, familia, trabajo, amistades, higiene…

El salto desde la estratosfera de Baumgartner supone la ruptura de un límite que, en unos años, tendrá su aplicación en nuestra vida cotidiana
¿Son estos deportistas los nuevos héroes modernos? Si nos encomendamos a la concepción de héroe debemos tener en cuenta que todo héroe, con su historia vital y sus gestas, transmite a un mensaje destinado a mejorar la comunidad, la sociedad o la cultura que lo idolatra. Un héroe es tal porque supera los límites humanos y cada generación ha ido construyendo estos modelos de superación, sin ellos no habría habido desarrollo ni evolución. Como dice la nadadora Andrea Fuentes “lo mejor de uno sólo sale al llegar al límite”.

El concepto de riesgo de estos deportistas varía con los años, con el desarrollo de una trayectoria deportiva, con la personalidad. Estos deportistas son conscientes de la existencia de los riesgos existentes en cada momento, aún así, en ocasiones pecan de imprudentes. Aún así, si se quiere disfrutar de estos deportes de riesgo se ha de ser extremadamente racional porque, de lo contrario, apenas se durará disfrutando del deporte porque antes o después se producirá un daño, quizá irreversible.


En este caso, los deportistas extremos se enfrentan a una situación muy curiosa. Realizan un deporte caracterizado por la gran descarga e intensidad emocional de su práctica, con unos niveles de adrenalina muy altos, pero, al mismo tiempo, deben de tener una gran capacidad de control para no dejarse arrastrar por las emociones que pueden incorporar nuevos riesgos, peligros y amenazas a los ya inherentes a la propia actividad.

Ejemplos de llevar la práctica deportiva al extremo la encontramos en Alexander Polli. Alexander Polli  cruzó a 250km/h de atravesar la Roca Foradada de Montserrat lo cual él mismo calificaba como "una forma de autoexpresarse".


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