miércoles, 30 de octubre de 2013

Según cómo me Beses te seguiré Besando

Vivimos rodeados de besos. Besamos a las personas que amamos, besamos a nuestros hijos, besamos el cuerpo de los difuntos antes de ser enterrados, besamos como una fórmula de cortesía en un encuentro social…Los besos nos ofrecen la posibilidad de conectar emocionalmente con otras personas, son una fuente de sociabilidad. El beso considerado como algo íntimo que dos personas que buscan conectar comparten y que casi todos recordamos: el 90% de las personas recuerdan con más claridad y precisión la situación, con quién, cuándo y dónde se produjo su primer beso que sus primeros encuentros sexuales. Los besos impregnan nuestra memoria.

Pocas cosas divierten tanto a los humanos como besarse y sin embargo, continua siendo algo misterioso y desconocido: hay culturas que piensan que el beso debe ser perseguido penalmente, otras en las que era considerado una práctica caníbal y algunas que creen que mediante un beso pueden robarnos el alma. Aún así estamos deseosos por conocer y experimentar la magia que rodea un beso. Los besos son algo adictivo, como una droga, nos gustan porque encienden nuestro cerebro y dan rienda suelta a nuestra creatividad al reducirse nuestros niveles de estrés. Pero, ¿por qué besamos?

A esta pregunta muchos investigadores han tratado de encontrar respuesta, los últimos pertenecientes de la Universidad de Oxford, han explorado la función del beso en las relaciones amorosas.  El estudio, publicado en Archives of Sexual Behavior, en el que han participado 308 hombres y 594 mujeres de edades comprendidas entre los 18 y los 63 años, los investigadores han llegado a la conclusión de que  empleamos los besos para evaluar a nuestros candidatos a pareja y, en base a ellos, mantener o no la relación.
La otra hipótesis planteada a lo largo de la investigación sobre la función del beso:  es utilizado para aumentar la excitación sexual y como preparación para el coito, quedó descartada. Las informaciones recogidas de los participantes no mostraban indicios de que la búsqueda de la excitación sexual sea el principal motivo por el que nos besamos.


A los participantes se les preguntó acerca de sus actitudes hacia el hecho de besarse en las diferentes etapas de una relación de pareja. Se les preguntó sobre su propia historia sexual: si tenían tendencia a mantener relaciones esporádicas o hacia relaciones de largo plazo. También se les pidió que evaluasen su propio atractivo, es decir su “valor” como pareja sexual.  En base a las respuestas obtenidas a estas preguntas los investigadores descubrieron cómo las diferencias individuales afectan los pensamientos de una persona a la hora de besar.

Hay quienes sugieren que los besos, en los inicios de una relación, sirven para que dos personas, hasta entonces consideradas extrañas,  tengan la posibilidad de romper la barrera social de 75cm de distancia e introducirse en su zona íntima. Con esta cercanía física se consigue que mientras sus rostros permanecen juntos se transmitan, a través de las feromonas, mucha información el uno al cerebro del otro. Los besos nos sirven para evaluar el potencial como pareja sexual de la persona con quien nos besamos.

Si analizamos al detalle cómo nos besamos descubriríamos que dos de cada tres personas giramos la cabeza hacia la derecha, la razón está en que el 80% de las madres acunan a sus hijos contra su costado izquierdo por lo que los bebés han de girar su cabeza hacia el lado derecho para obtener el alimento y encontrar el contacto maternal. Después de girar la cabeza juntamos y presionamos los labios, si observamos con detenimiento descubriríamos que nuestros labios son muy diferentes de los del resto del reino animal: carnosos y vueltos hacia fuera, lo cual nos brinda la posibilidad de recibir una mayor información proveniente de los sentidos ya que el área cerebral dedicada a procesar la información de los labios y la lengua es mucho mayor que las de los genitales y los pies. Por último, el beso pone en funcionamiento todos nuestros músculos faciales más otras más de 100 relacionados con la postura corporal, y se produce un intercambio de saliva a través del que intercambiamos microbios, olores y sabores que activarán o no nuestra sexualidad.
Tengamos en cuenta estudios anteriores mostraron que el 66% de las mujeres y el 59% de los hombres no comenzaron una relación romántica por el desencanto experimentado con el primer beso. Queda claro, creo, que los besos los utilizamos como una fuente de información mutua.

Los participantes en el estudio destacaban que los besos en la boca son más importantes en las relaciones esporádicas antes de mantener el encuentro sexual, pierden importancia durante el coito y apenas tienen relevancia una vez terminado. Menos importancia aún se le concede cuando el encuentro no se produce con la intención de llevar a cabo una conducta de apareamiento.


Un interrogante que se plantea es acerca de quiénes se muestran más exigentes a la hora de seleccionar la mejor pareja sexual posible (mejor dotación genética, están sanos y en forma). Las primeras son las mujeres, seguidas de los hombres que se consideran a sí mismos como muy atractivos y, por último, las mujeres y hombres que priman el sexo esporádico a las relaciones prolongadas. Estas personas indicaron que el beso es importante, pero lo es especialmente en el inicio de la relación, seguramente porque la forma de besar del candidato o candidata sea una forma de evaluar rápidamente su idoneidad como pareja sexual. Después de los primeros besos, estas personas, mostraban una mayor tendencia a cambiar la opinión que habían hecho previamente de la persona con quien se iban a besar. “Si no me gusta el primer beso me olvidaré de ti”.

Pero no todo el mundo sigue este criterio de evaluación para evaluar a sus candidatos a pareja sexual. Los hombres que se consideran a sí mismos como poco atractivos y los hombres y mujeres que buscan una relación estable apenas le dan importancia a los besos durante las primeras citas. Para estas personas los besos tienen una menor connotación sexual y les atribuyen la misma importancia en cualquiera de los momentos en los que éstos aparezcan, independientemente de que sean anticipadores del encuentro sexual o no.


Un dato importante entre los participantes que se recabó en el estudio mostró, entre aquellos que se encontraban con una pareja estable, que a mayor frecuencia de besos  mayores índices de felicidad mostraban los participantes. Los besos en las relacionesestables de pareja se convierten en transportadores de emociones, cuanto más besos más emociones son intercambiadas y más oportunidades de mantener la conexión emocional entre sus miembros sin necesidad de llegar al coito.

Sigamos, cada uno de nosotros, como dice Zenet buscando cada cual "Un beso de esos"


Aquí te dejo unos enlaces relacionados con esta temática
sexualidad
comunicación no verbal
sentimientos

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