lunes, 28 de octubre de 2013

Cuánto me cuesta Enamorame de ti

Invertimos mucho esfuerzo y energía en enamorar a otra persona
En todas las culturas el enamoramiento, la parte más pasional del amor, se expresa y manifiesta de forma muy parecida. Sin embargo, el modelo para perpetuar una relación en el tiempo no es tan homogéneo por lo que los procedimientos son muy variados. Las costumbres, las normas sociales y las disposiciones legales que tratan de estructurar un modelo de relación efectivo y beneficioso da lugar a procedimientos muy variados.

El programa de televisión “Palabra de gitano” muestra como en la cultura gitana las pautas de relación de pareja son muy diferentes a las que estamos acostumbrados a ver, tanto en los rituales de cortejo como de compromiso, las pautas de comunicación entre los miembros de la pareja, la pauta de residencia una vez producido el matrimonio y la edad en la que éste se lleva a cabo.

El antropólogo David M. Buss en su libro “La evolución del deseo”, tras estudiar numerosas culturas y sus pautas de relación de pareja llega a la conclusión que los problemas a los que cualquier pareja se enfrenta son “universales” (celos, hastío, falta de sexo, ausencia de recursos…) pero los modos para resolverlos son locales. El 90% de la población considera que para alcanzar la felicidad establecer una buena relación de pareja es algo fundamental. Esta importancia que tiene para el ser humano las relaciones de pareja me plantea un interrogante. Si tan importante es para la especie ¿cómo, durante tantos millones de años de evolución, no hemos sido capaces de crear un modelo que garantice la supervivencia del amor? Considerándonos tan inteligentes y habiendo resuelto tantos problemas de adaptación al entorno las relaciones de pareja nos siguen resultando un enigma.


Una respuesta o justificación a que no hayamos resuelto este enigma nos lo puede ofrecer un concepto empleado en economía, se trata del llamado coste de oportunidad. Quizá, al formar una pareja y tratar de perpetuarla, el proceso de toma de decisiones influye más de lo que pensamos. Tomamos decisiones para resolver problemas, la elección de pareja no deja de ser un problema que nos genera numerosos quebraderos de cabeza. En la elección de pareja, como en cualquier decisión, incurrimos en ese coste de oportunidad: el resultado o el beneficio al que hemos renunciado por elegir el beneficio derivado de la decisión finalmente adoptada.

La elección de pareja  es un primer momento una decisión plenamente instintiva y primitiva, lo cual va en contra de la racionalidad en la que somos educados. Este coste se hace especialmente presente en los episodios conflictivos que en toda relación se atraviesan: el tiempo que hemos dejado de dedicar a otras actividades que considerábamos placenteras, la chica o el chico que nos guiñaba el ojo y que tenía un mayor atractivo físico que nuestra pareja, las veces que hemos rechazado las propuestas de salir a cenar de algún compañero/a de trabajo…

Estas situaciones de crisis pueden ser breves en el tiempo o, por el contrario, dilatarse. Cuanto más se alarguen en el tiempo mayor probabilidad de que aparezcan pensamientos destructivos y mayor su grado de incidencia al tener continuamente presente que el coste de oportunidad en que hemos incurrido es mayor al beneficio que hemos obtenido.  La duda acerca de lo que hubiéramos sido capaces de conseguir si no hubiésemos tenido pareja, la certeza de que habríamos sido capaces de encontrar otra pareja más guapa, más inteligente, con más sentido del humor que la actual pareja… conducen a que los pilares de la relación estén totalmente resquebrajados. Le damos tanto valor a esos costes incurridos que obviamos el hecho de que los calculamos meramente en base a suposiciones, estimaciones y evaluaciones meramente subjetivas y que, por ello, pueden estar muy equivocados.


La conciencia de posibilidad que va asociada al coste de oportunidad produce que nos encontremos continuamente en una situación de incertidumbre. Al carecer de un modelo de normas y costumbres acerca de cómo afrontar una relación de pareja en el tiempo, tomamos como referencia los modelos que se nos presentan más cercanos: la relación de nuestros padres, parejas de amigos… lo cual nos deja un espectro un tanto limitado. 


Hollywood no nos ayuda en este sentido, no nos habla de cómo perpetuar una relación, sino que se centra en mostrarnos infinidad de modelos para los albores de la relación en los que los encuentros están dominados por la pasión y el enamoramiento.  Hollywood renuncia a mostrarnos qué es lo que pasa y qué hacer después de esta primera fase y así ayudarnos a resolver situaciones específicas. Es cierto que serían necesarios kilómetros de metraje para crear las películas más rutinarias y previsibles que jamás se hayan hecho. No es algo rentable para la industria cinematográfica. Sin embargo, podría ser una enorme contribución al desarrollo de la especie.


3 comentarios:

  1. Muy acertado eso que dice en los últimos párrafos. Si estas enamorado el coste de oportunidad se subestima y si dejas de estarlo se sobrevalora. En esta entrada explico la tesis de una reputada antropóloga que explica por qué el ser humana fracasa tanto en las cuestiones del amor.:
    http://cogitoergosum-juanmachica.blogspot.com.es/2013/07/biologia-del-amor.html
    en definitiva el cerebro humano puede sentir atracción sexual, amor y apego por personas diferentes...

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  2. La elección de pareja es un primer momento una decisión plenamente instintiva y primitiva.. no esto de acuerdo con esto. Si eliges a alguien no es por instinto ni x algo primitivo es porque de alguna manera la reconoces. Si no entiendes lo que digo es que no has encontrado el amor de tu vida.

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    1. La elección de pareja es eso, una elección entre varias alternativas disponibles (o no). Me refiero a que es algo instintivo e innnato la consideración de que alguien pase a formar parte de esas alternativas que sopesamos, en un primer momento, insisto, los primeros brotes de la atracción y el interés surgen como respuesta a estímulos percibidos a nivel sensorial, sin intervención de la razón. En pocas ocasiones buscamos pareja de una forma plenamente racional, no digo que no sea posible y que incluso lo hagamos, pero creo que no elegimos de quién vamos a enamorarnos a esos niveles sin que haya altas dosis de conductas instintivas.

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