lunes, 2 de septiembre de 2013

Políticas para Ser Más Tonto que un Político

Hemos "Nacido para ser Felices" pero tenemos interiorizada la idea de que el dinero nos reporta la felicidad. Diferentes estudios nos muestran que, alcanzados ciertos niveles de renta, aunque los ingresos monetarios sigan aumentando los niveles de felicidad se mantienen constantes. Una solución para que los niveles de felicidad sigan aumentando, según propone Michael Norton en su libro “Happy Money”, es invertir en los demás en vez de en uno mismo como ha hecho Fernando Alonso al comprar la licencia de la UCI ProTour del equipo Euskatel que estaba destinado a desaparecer. Las conductas altruistas, caracterizadas por el hecho de compartir recursos, aumentan los niveles de inteligencia del grupo que las practica y, con ello, su desarrollo social, cultural y económico. En definitiva, los niveles de bienestar de los ciudadanos de un país aumentarían y con ello su índice de felicidad.

La pobreza provoca una reducción de la inteligenciaLos comportamientos altruistas benefician tanto a los demás como a uno mismo. Esto es algo que sabemos, pero lo que desconocemos es la repercusión que una conducta altruista tiene sobre el orden social. Un modelo de altruismo debería representarlo la política, que no es más la actividad que trata de organizar la convivencia promoviendo un reparto equilibrado de los recursos públicos de cara a garantizar unos niveles mínimos de bienestar que garanticen la supervivencia de los ciudadanos. Son muchos los estudios que nos han mostrado que disponer de escasos recursos económicos provoca una menor capacidad para resolver y hacer frente a los problemas del día a día. Al poseer pocos ingresos los patrones alimenticios se ven deteriorados, el entorno social y cultural en el que comenzamos a movernos nos ofrece cada vez soluciones más primarias, nuestros niveles de estrés y con ello nos volvemos más infelices.

Un estudio de reciente publicación en la revista Science, "Poverty Impides Cognitive Function",  llevado a cabo en poblaciones de Estados Unidos y la India, demuestra que estar en una situación de incertidumbre económica reduce las capacidades cognitivas del individuo. En una entrada anterior hacíamos referencia a cómo la consecución del éxito aumenta los niveles de dopamina en nuestro cerebro lo cual nos hace más optimistas, confiamos más en nuestras capacidades, nos volvemos más creativos y, en consecuencia, más inteligentes. Cuando nos encontramos en una situación de estrés, como es la ausencia de ingresos económicos, nuestros niveles de estrés se disparan y comenzamos a segregar cortisol que genera los efectos contrarios a los que acabamos de mencionar para la dopamina, por lo que, nos volvemos más tontos. La pobreza arruina tanto las esperanzas como la habilidad para alcanzar nuestros objetivos.

La pobreza arruina nuestras esperanzas y deteriora las capacidades cognitivas

La pobreza, entendida como la distancia entre las necesidades de un individuo y los recursos necesarios para satisfacerlos, bloquea nuestras capacidades cognitivas no sólo a nivel biológico, sino que dirige nuestros esfuerzos intelectuales en una sola dirección. Todos los esfuerzos cognitivos e intelectuales se ven absorbidos por una constante preocupación por la situación económica, por realizar un continuo ajuste de cuentas que permita disponer de los recursos suficientes para hacer frente a los compromisos económicos adquiridos, para alimentarse, para garantizarse unos niveles mínimos de bienestar no sólo a uno mismo, sino a su familia y a su descendencia. Esta continua preocupación provoca que nos volvamos menos hábiles a la hora de tomar decisiones y orientarlas en una perspectiva temporal dirigida al medio y largo plazo.

Políticas que reducen los niveles de felicidad y bienestar de los ciudadanosLa situación económica y las decisiones políticas que hemos vivido en España durante los últimos cinco años no sólo han hecho más pobres a los españoles sino, además, más tontos. Seis millones de personas en una situación de desempleo, continuos recortes y aumentos de la carga impositiva que reducen los niveles de ingresos de muchas familias, la asunción de nuevos gastos que hasta el momento estaban sufragados de manera pública… no sólo han reducido los niveles de renta del ciudadano español sino que sus niveles de felicidad se han reducido y  como, muestran los resultados del estudio, su coeficiente intelectual también lo ha hecho.

En este contexto en el que se habla de apostar por la generación de nuevas ideas, cuando se proclama la importancia del emprendimiento, se habla de la necesidad de apostar por la investigación… resulta que, las medidas gubernamentales implantadas, el resultado obtenido es contrario al proclamado. Al margen de todo el debate de los reajustes presupuestarios, a la baja, tanto en materia de educación como de investigación y desarrollo no sólo podemos reprochar a los políticos que nos hagan más pobres sino que ahora podemos argumentar con datos científicos que los respalden que somos más idiotas gracias a ellos.

Quizá los dirigentes políticos lo hagan involuntariamente, pues estamos acostumbrados a pensar que el dinero que disponemos es mejor gastárselo en uno mismo y en su familia que en los demás aunque se trate de dinero público. O quizá lo hagan de forma deliberada para que, al hacer perder capacidad de juicio de los ciudadanos situándolos en una situación de restricción continuada, puedan perpetuar el statu quo que les garantice una posición en la jerarquía social que les aporte unos ingresos elevados y, con ellos, mantener sus capacidades intelectuales a pleno rendimiento.


La clase política se ve legitimada ya que todo lo que deciden lo hacen “pensando en los ciudadanos” que, por desgracia, vemos cada vez más limitada nuestra capaz de pensar e idear otra alternativa que la de velar por nosotros mismos. Mientras las políticas económicas, laborales, institucionales, sociales... proponen un modelo económico que aumenta la desigualdad en la que unos “listos” mantienen su posición mientras, el resto, nos vemos abocados a una movilidad social descendente que parece no tener fondo. Pero, ¿qué se puede esperar de un tonto?

1 comentario:

  1. Eso mismo es lo que quieren los políticos, " que seamos tontos" para manejarnos a su antojo. Como un rebaño de ovejas, el pastor es el político, el perro el policía y el pueblo las ovejas; aunque siempre habrá una oveja que se salga del rebaño.....

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