martes, 17 de septiembre de 2013

Amigos en Facebook para Combatir la Infelicidad

Las Redes Sociales se han convertido en un medio para encontrar parejaTratamos de vivir bajo un engaño al querer construir una imagen perfecta y plena de felicidad en nuestras relaciones sentimentales. Dejamos de tener en cuenta y obviamos que toda relación afectiva lo es porque, fundamentalmente, es capaz de hacer frente, gestionar y superar períodos de infelicidad. Vivir estos momentos de dificultades resulta complicado e incluso frustrante. Los vivimos con impotencia y tenemos la sensación de carecer de las fuerzas suficientes para afrontarlos. Sin embargo, experimentar y sentir el dolor de estos momentos de angustia, aún siendo una tarea difícil, puede ayudar a que los miembros de la relación se vuelvan más sensitivos, los niveles de empatía entre ellos aumenten y una relación que se creía destruida salga fortalecida.

La gente quiere enamorarse, sin darse cuenta que en la vida lo difícil es enamorarse bien. Movidos por este deseo terminamos por engañarnos a nosotros mismos. Dejamos de ser honestos con nuestros propios sentimientos a fin de reducir el miedo  a vernos solos. En los últimos años hemos encontrado un espacio en el que poder reducir la sensación de aislamiento y poder sentirnos vinculados a los demás: las redes sociales digitales.

Las Redes Sociales satisfacen nuestro deseo de pertenencia al grupoUna de las necesidades básicas del individuo ,como indicaba Maslow en su famosa pirámide, es la necesidad de pertenencia. El deseo de sentir que encajamos, que formamos parte de algo. Para conseguir este propósito ponemos en marcha múltiples interacciones con nuestra familia, nuestros amigos, mediante un abrazo, un saludo, vistiendo la camiseta de nuestro equipo o grupo musical favorito… Durante toda nuestra historia evolutiva para que este sentimiento de pertenencia se produjera hemos necesitado que los participantes en la interacción coincidieran en un mismo espacio y tiempo. 
Con el desarrollo de nuevos canales de comunicación esto se ha visto alterado, desde la llegada del correo postal, la invención del teléfono o, más recientemente, con la extensión de internet.

Las interacciones en las Redes Sociales son consideradas como gestos de afecto y cercaníaA día de hoy podemos sentir que pertenecemos haciendo “clic”, chateando con alguien o indicando que “me gusta”. Aunque pueda sonar extraño quizá experimentemos estas interacciones a través de la red de la misma manera que experimentamos un abrazo, una palabra de ánimo en un momento de debilidad… Las interacciones que generamos en las redes sociales nos ofrecen la sensación de estar conectados. Creemos que pertenecemos. El desarrollo de la tecnología nos ha dado la oportunidad de satisfacer esta necesidad básica de pertenencia, necesidad que antes satisfacía la religión (“Religión, la Gran Red Social”).

Las redes sociales rebosan a diario de mensajes y publicaciones en los que los usuarios informan acerca de lo que han comido, de los lugares que han visitado, de sus estados de ánimo, de sus opiniones acerca de un suceso.  Estas publicaciones sirven para quienes las escriben como una especie de diario de bitácora en el que van registrando su propia historia y, al mismo tiempo, es una vía a través de la que intentamos compartir algo. Buscamos mediante la exposición de estos pequeños actos intrascendentes muestras de amor y reconocimiento. Deseamos retroalimentación del resto de miembros de la red para sentir que existe una conexión emocional entre nosotros.

Hacemos uso de las redes sociales cuando nos sentimos aisladosQueremos sentir que formamos parte de una misma unidad social. Queremos sentirlo en cualquier momento y a cualquier hora. Poblamos nuestros espacios vitales de las herramientas que nos permitan sentir que estamos conectados: ordenadores portátiles, tablets , televisión, PC, teléfono móvil, video consola…  Queremos tener al alcance de la mano la posibilidad de experimentar que pertenecemos, aún estando físicamente en un entorno, situación o contexto en el que nos sentimos completamente ajenos como ocurre en los llamados “no lugares”: salas de espera, transporte público… Aún cuando sabemos que nuestra identidad queda suspendida, podemos, gracias a nuestros teléfonos con conexión a internet recuperar al instante nuestra identidad.

Recurrimos a cada instante a consultar la pantalla nuestro teléfono (estudios recientes afirman que, como media, consultamos nuestro teléfono cada once minutos). Necesitamos sentir que estamos conectados aún estado distanciados (“Separados pero Conectados”). Cuando estamos solos nos sentimos infelices, por eso necesitamos del otro. Queremos tener la certeza de que alguien nos quiere, que se preocupa por nosotros, que está interesado en lo que nos pasa… Buscamos en el entorno digital esa certeza de forma inmediata. Generamos en las redes interacciones que fuera de ellas nos resultarían imposibles e inadecuadas, ya sea por la hora a la que se producen, el contenido de la conversación o, simplemente, porque ese contacto fuera de ellas no se habría producido porque iría en contra de muchos convencionalismos sociales.

Sentir que podemos encontrar a alguien cuando nos sentimos infelices y exponerle lo que nos pasa, aunque finalmente no lo hagamos, reduce nuestros niveles de ansiedad. El mero hecho de creer que hay alguien a quien podemos pedirle ayuda nos ayuda a afrontar mejor cualquier acontecimiento negativo. A mi modo de ver, aún pudiendo tener muchas ventajas, las redes sociales también tienen sus desventajas.
La primera y más evidente es la pérdida de intimidad. Pero por encima de ella, considero que hay otra mucho más peligrosa y que nos ha llevado miles de años de evolución conseguir: la capacidad de manejar habilidades y claves comunicativas que nos permitan acercarnos realmente a otra persona. La capacidad de crear una relación de confianza real con el otro. Porque, como decía al principio, para poder superar momentos difíciles y poder decir que nos hemos enamorado bien necesitamos de algo más profundo y sincero que Facebook, WhatsApp o Twitter para poder ser.


Un ejemplo de esto que expongo creo que lo refleja un documental que hace poco vi de nuevo “Catfish” que habla acerca de los engaños en la construcción de las identidades virtuales en una plataforma como Facebook.


1 comentario:

  1. Hemos pasado del abrazo a teclado y eso al cerebro parece bastarle.

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