viernes, 16 de agosto de 2013

Cuando la Retirada del Deportista no es una Victoria

El fallecimiento de un ser querido, una ruptura sentimental, el fin de una relación laboral, el cierre de un proyecto empresarial, una enfermedad incapacitante… son situaciones que cada uno de nosotros podemos vivir a lo largo de la vida y que suponen una ruptura del relato vital del protagonista que desemboca en situaciones de estrés y en un sentimiento de pérdida e incertidumbre.  Se trata de una etapa de transición en la que las viejas ilusiones deben ser reemplazadas por otras nuevas, los objetivos y metas deben replantearse hacia una nueva realidad e incluso los horarios y las rutinas suelen sufrir un proceso de cambio y readaptación. El deportista que pone fin a su carrera también debe hacer frente a esta etapa de transición pero en su caso con una serie de factores que convierten en singular su proceso de adaptación.

La retirada del deportista provoca un cambio de hábitos y rutinas para las que quizá no se está preparadoLa adaptación a la nueva realidad que vive el deportista de elite recién retirado no suele ser sencilla. El deportista deja de ser el héroe de la tribu, el emblema de todo un pueblo, un ejemplo de virtudes para convertirse en una más, bien sea porque el héroe ha caído derrotado por el paso del tiempo o bien porque quienes le encumbraron descubrieron que se habían equivocado. Existen casos de deportistas de elite que tras abandonar su carrera deportiva o cuando veían como su rendimiento deportivo iba mermando conforme avanzaba su edad convirtieron su vida personal en un auténtico desastre: Diego Armando Maradona, Paul Gascoigne, Yago Lamela, Marco Pantani, “Chava” Jimenez, Mike Tyson… o que simplemente no tomaron las mejores decisiones económicas: Donato, Antoine Walker, Evander Holyfield…(más en "Deporte y Alcohol: Borrachos de Primera División")  Para ejemplificar lo dificultoso de esta etapa de transición tomaré el caso de Juanele, futbolista profesional durante quince temporadas en equipos como el Sporting de Gijón, Tenerife y Zaragoza, saltó a la palestra de los medios de comunicación durante los últimos años por problemas de violencia de género que le llevaron a pasar unos meses en la cárcel y problemas de intoxicación que le llevaron a estar ingresado en la UCI de un hospital asturiano.



Antes de la retirada el deportista de elite suele percibir un elevado salario, gozar de reconocimiento y prestigio social. Con la retirada puede sobrevenir la muerte social. El deportista se ve desposeído de su estatus, del entorno en el que es reconocido y pasa a pasar la mayor parte del tiempo en un nuevo escenario para el que quizá no esté preparado como ya vimos en el post "Leer el llanto". Tengamos en cuenta que durante su trayectoria deportiva se el deportista, en este caso el futbolista, pasa la mayor parte del día vistiendo ropa deportiva, hablando de deporte, rodeado de personas relacionadas con el mundo del deporte, leyendo prensa deportiva, muchas horas en instalaciones deportivas: campos de entrenamiento, gimnasios, estadios, instalaciones médicas relacionadas con el deporte… Con la retirada debe aprender a desempeñar un nuevo rol y a aprender a desenvolverse en otras esferas sociales que quizá no maneje y lleve mucho tiempo sin emplear las habilidades sociales y comunicativas que le permitan una rápida adaptación e integración en ellas.

El fin de la carrera deportiva es una jubilación temprana que requiere un reciclaje profesionalLa retirada de un deportista se ha vinculado en numerosas ocasiones al término “jubilación” aunque no parece acertado ya que si atendemos al criterio de la edad parece que ambos términos pierden su correspondencia. Un deportista se retira a una edad temprana, dependiendo de la disciplina a la que se dedique, que le sitúan en una perspectiva en la que aún se encuentra joven en términos biológicos y con muchos años de edad adulta por delante antes de llegar a la vejez.  El deportista sabe que su retirada llegará pero son pocos los que se preparan para ella así como conoce también los motivos que pueden desembocar en ella: edad (Ricardo), decisión voluntaria y planificada, una lesión (Rubén De la Red), verse excluido de un proceso de selección (Albelda), falta de motivación, exigencia de una dedicación exclusiva…

El verdadero problema de la falta de adaptación tras el fin de la carrera deportiva lo plantea el hecho de que durante ésta el deportista haya desarrollado una identidad unidimensional. La identidad unidimensional la podemos definir como el grado en el que un individuo se define a sí mismo en torno a un solo aspecto vital, en este caso en torno a la identidad deportiva. Cuanto mayor es el nivel en el que el sujeto de define en torno a una sola esfera de su vida mayores dificultades de adaptación social y emocional vivirá los meses siguientes a poner fin a su carrera. Con la retirada hay que aprender a desempeñar un nuevo rol y a defenderse en otras esferas sociales. El sujeto puede tener claro cuál es su nuevo rol y las funciones que le van asociadas, sin embargo, si percibe que carece de funcionalidad, es decir, si no sabe para qué sirven y qué le van a reportar a él y a los suyos el proceso de adaptación no se producirá. El deportista, con la retirada, vuelve a una identidad individual que debe reconstruir y reorientar para que dé lugar a una nueva identidad colectiva en los nuevos escenarios en los que desarrolla su vida.



El tránsito del reconocimiento al olvido, de este nuevo renacer, requiere del apoyo familiar y de la red de amigos que haga más llevadero y menos traumático este proceso de tránsito. El deportista debe seguir percibiendo el afecto de su red social más próxima ahora que ha dejado de convertirse en el proveedor de beneficios y reforzadores de estatus para los miembros de su red. Si el deportista percibe desconexión por parte de los miembros de su red las consecuencias pueden ser desagradables como ejemplifica el caso del futbolista asturiano Juanele. El extremo opuesto lo representa el futbolista inglés Michael Owen, ganador del Balón de Oro en 2001 por delante de futbolistas como Zidane, Rivaldo o Figo, quien, pese a ser el futbolista idolatrado por la afición inglesa en los inicios del nuevo milenio, no se ha dejado arrastrar por el mito del héroe encumbrado y su posterior caída como representan los últimos años de su carrera. Su identidad e integridad personal no se han desmoronado por las críticas de los últimos años y demuestra estar preparado para el día después como anunciaba en la rueda de prensa en l que anunció que abandonaba el fútbol: “No necesito volver a trabajar, tengo cuatro hijos fantásticos… En ocasiones creo que soy la persona más afortunada de la tierra”.

El tránsito del éxito al olvido requiere preparación psicológica


Quiero resaltar la importancia de que los clubes, federaciones, instituciones sociales, velen por la formación de los deportistas y ofrezcan servicios de asesoramiento laboral que les preparen para la retirada. Un ejemplo de ello nos lo ofrece la Fundación Marcet que vela no sólo por formar deportistas, sino sobre todo formar personas empleando la formación como el elemento fundamental desde el que construir al deportista. El deportista tiene la posibilidad de vivir dos vidas: la vida deportiva en la que puedes cosechar infinidad de halagos y la vida normal, que puede ser igual de apasionante que la anterior. Lo que no debemos dejar de tener presente es que dentro de una vida vamos a vivir muchas vidas.

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