martes, 30 de julio de 2013

¿Qué es el Éxito un Reto Personal o una Exigencia Social?

Perseguir el éxito se ha convertido en la premisa que debe guiar nuestra conducta y nuestras decisiones a lo largo de nuestra vida. El significado del éxito varía mucho de unas culturas y sociedades a otras, así como de un individuo a otro. Los medios de comunicación, nuestros padres, nuestro grupo de iguales nos muestra continuamente casos de éxito de personas que han conseguido alcanzar sus metas a fin de motivarnos e impulsarnos a alcanzar las nuestras. Sucede ,debido a la tergiversación de los modelos de éxito, que éste ha terminado por asociarse a las posesiones materiales que el individuo es capaz de acaparar para medir lo exitoso de su vida, sus decisiones o su trayectoria profesional.

¿Cómo definir el éxito? Como he citado antes hay tantas definiciones como individuo porque su logro, al fin y al cabo, depende de la transgresión de los propios límites, No es otra cosa que superar nuestras limitaciones y realizar un esfuerzo consciente y voluntario por vencerlas. Lo que sucede es que para determinar que hemos alcanzado una meta necesitamos de una retroalimentación del resto de individuos que haga mención a nuestros logros. Esta necesidad de reconocimiento social de nuestros logros nos sitúa en un escenario que puede resultarnos problemático: ¿para quién quiero triunfar: para mí o para los demás?

La historia de Billy Ray Bates, un jugador de baloncesto norteamericano de principios de la década de los 80, puede ayudarnos a dar respuesta a esta y otras preguntas relacionadas con el éxito. Bates llegó a en la NBA en febrero  de1980  en el equipo de los Portland Trail Blazers como una solución temporal y de emergencia. El equipo estaba sufriendo una plaga de lesiones y le ofrecieron un contrato de apenas de diez días. Tiempo suficiente para que Billy sacara a la luz todo su talento para el deporte de la canasta y se ganara el derecho a continuar en el equipo al promediar más de 10 puntos por partido en poco más de 10 minutos en pista en cada uno de ellos. Estas brillantes actuaciones merecían una recompensa: Portland se apresuró en firmarle un contrato por tres temporadas y así asegurarse los servicios de su nueva estrella.

La urgencia con la que obraron los directivos de los Blazers les hizo pasar por alto los motivos por los que Billy Ray Bates no había llegado antes a la mejor liga del mundo: su extravagante modo de vida marcado por el consumo de alcohol, las mujeres, las drogas y un evidente sobrepeso. Cuando estos vicios se hicieron evidente los dirigentes del equipo de Oregon trataron de hacer la vista gorda porque el rendimiento en la cancha de Billy seguía siendo brillante. Sus promedios anotadores en estos años fueron de 12 puntos en menos de 20 minutos en cancha durante la liga regular, cifras que duplicaba cuando llegaba el momento de la verdad: los playoffs por el título. Ante estos números los directivos trataron de reconducir el comportamiento de Bates primero pasando por alto sus retrasos a la hora de acudir a los entrenamientos, sus más que evidentes resacas durante las charlas técnicas antes de los partidos, sus más que conocidos coqueteos con las drogas y sus numerosos escándalos sexuales. Sin embargo, la paciencia tiene un límite y acabó despedido no sólo de los Blazers sino del resto de equipos por los que deambuló sin apenas disputar partidos: Washington Bullets y Los Ángeles Lakers.

La conducta de Billy Ray parece la de otro juguete roto más que no sabe gestionar el éxito, en una sociedad como la norteamericana que en aquellos momentos vivía conmocionada por lo que había sucedido con el que había sido nombrado número uno del draft Len Bias, quien había muerto por sobredosis mientras celebraba con sus amigos su fichaje por los Boston Celtics. El entorno social de aquellos principios de los 80 no era el adecuado para que fuero considerado una de las estrellas de la NBA. Bates prefería perpetuar su peculiar estilo vida.

Por raro que parezca, a Billy Ray se le presentó la oportunidad de convertirse en una superestrella en un lugar en el que sus excesos fuera de la pista de baloncesto no fuesen tenidos en cuenta y en el que fuese únicamente valorado por su rendimiento con un balón de baloncesto entre las manos. Esta oportunidad la encontró en Filipinas. Allí Bates se convirtió en una superestrella llegando a tener su propio guardaespaldas. Sus números así lo atestiguan, en sus casi 100 partidos en Filipinas promedió 46 puntos en cada uno de ellos. Bates encontró el lugar adecuado para alcanzar el éxito sin tener que adecuarse a los patrones de éxito que provienen del exterior. Aunque terminase por ser despedido cinco años después de su club Crespa Redmanizers ya que los escándalos de Bates se volvieron insostenibles.

La construcción del éxito, según nos muestra el ejemplo de Billy Ray Bates, debe comenzar a edificarse en nuestro interior y no sólo en base a imágenes exteriores. Alcanzar el éxito requiere que mostremos y saquemos a la luz nuestras habilidades, perdiendo el miedo a mostrarlas, aun sabiendo que tenemos que hacer un esfuerzo por exprimir todo su potencial. Bates fue capaz de sacar todo su talento en Filipinas, donde podía vivir sin el miedo a las circunstancias externas que nos reprimen y nos impiden brillar. Bates encontró el entorno en el que mostrarse libremente. Hagamos cada uno de nosotros lo mismo: busquemos y encontremos el lugar en el que librarnos de nuestros miedos y mostrar todo nuestro potencial.


2 comentarios:

  1. Muy buena apreciación esa cuestión que apuntas en la entrada relativa a qué indicadores se tienen para medir el éxito de la persona.

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    1. Gracias por tu comentario Juanma. Sigue disfrutando del verano

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