domingo, 21 de abril de 2013

Manute Bol un Dinka en la NBA


Los seres humanos han creado a lo largo de la historia y del desarrollo de sus culturas múltiples formas para categorizarse y así diferenciarse unos de otros al mismo tiempo que realizan un ejercicio de atribuciones y cualidades a cada una de sus categorías. La primera la realizan en función del sexo (hombre y mujer), otra puede hacerse en base al color de la piel (blanco y negro) y otras pueden realizarse en base a la estatura (alto y bajo). Las poblaciones humanas también se diferencian unas de otras utilizando como delimitador de las fronteras de pertenencia elementos naturales como las cordilleras, un río, el mar. Esta separación de las poblaciones propicia el surgimiento de la diversidad de culturas que pueblan el planeta Tierra. Es el caso de un país como Sudán, en donde dentro de un mismo territorio encontramos poblaciones de etnia árabe y religión musulmana que conviven con poblaciones tribales como los dinka, los murle, los nuer o los shilluk.


Sudán es un ejemplo de cómo la existencia de una frontera vegetal dentro del propio territorio puede desencadenar conflictos irreconciliables. En Sudán hay dos poblaciones muy diferenciadas. Los negros africanos que habitan la parte sur del país, una región en la que conviven muchas poblaciones tribales dedicadas a la ganadería gracias a las praderas y los bosques lluviosos propios de su clima tropical. Esta región es la que antiguamente era conocida como Nubia, una población formada por notables guerreros y con una alta capacidad de resistencia ante un conflicto latente que se alargó en la zona durante todo un milenio ante el deseo de dominio de las poblaciones árabes que se instalaron en la región norte de Sudán en el siglo VII. Los nubios consiguieron resistir hasta que el gobernador otomano de El Cairo decidió invadir estos territorios para utilizar esta región como una fuente de marfil y de población esclava, llegando a esclavizar a más de 30.000 personas en el año 1820 de un pueblo bautizado como los sudán (los negros). Este dominio se prolongó hasta mediados del siglo XIX.

Tras la marcha de los dominadores otomanos la región sudanesa vivió una década de independencia hasta que en 1899 el Imperio Británico tomó el mando de las dos regiones de Sudán. El motivo por el que los británicos decidieron tomar el mando de Sudán está el río más largo del mundo: el río Nilo. El Nilo es un recurso que define y orienta el comercio de la zona y, a principios del siglo XX, el control de toda esta región era una prioridad para la Corona Inglesa que necesitaba el control total del Canal de Suez para poder ejercer sin sobresaltos el control de la ruta con la India.


Las dos regiones sudanesas fueron administradas como regiones diferentes aunque sujetas a una misma autoridad colonial: en el norte quedó establecida una población árabe de mayoría musulmana y, en el sur, la población negra de religión cristiana o animista. Debido al gran tamaño del continente africano y de Sudán en particular, los británicos impusieron la misma política colonial en todo el continente. Como les resultaba muy complicado y costoso llenar el territorio de cuarteles desde los que ejercer el poder y hacer notoria su autoridad los británicos optaron por situarse en las ciudades más importantes de cada país, en este caso en Jartum, y delegar el ejercicio de control de las poblaciones en los diferentes jefes tribales quienes,  a cambio de ostentar una posición incuestionable de poder y domino en un territorio y sobre un grupo poblacional, sólo tenían que ejercer la función de recaudadores de impuestos para la autoridad colonial. De este modo, los gobernadores británicos fomentaron la disgregación de las dos regiones mediante un trato diferenciado: en el norte fomentaron el árabe y el islam e invirtieron en recursos y trabajo, mientras que en el sur, al que abandonaron a su suerte al no invertir en ningún área de desarrollo, favorecieron el inglés y el cristianismo y la perpetuación de un estilo de vida tradicional sujeto sólo a la autoridad militar de las colonias. Con la retirada de la autoridad británica en 1950 el conflicto civil entre ambas regiones parecía inevitable.


A lo largo de la década de 1960 más de medio millón de personas fallecieron en el conflicto que enfrentó al gobierno del norte con el ejército rebelde del sur. Este conflicto se prolongó hasta 1972 cuando se firmó un acuerdo de paz que no fue más que un período de espera que ambos grupos utilizaron para rearmarse de cara a un nuevo conflicto que se cernía sobre el horizonte. Durante este período de paz el gobierno del norte logró una importante alianza con Egipto para realizar una de las obras más importantes del continente africano. Esta obra tenía como objetivo el río Nilo, se pretendía alterar su curso hacia el norte, una región sumamente árida y seca, que sirviera de abastecimiento de agua tanto a la región norte de Sudán como al propio Egipto. Esta obra provocaría que uno de los humedales más importantes de África desapareciera, la llamada región Sudd, situada en el sur de Sudán y que tras la época de lluvias y las inundaciones anuales del Nilo se convierten en una zona de amplios pastos en donde las poblaciones ganaderas del sur llevan a pacer su ganado, es decir, su riqueza especialmente para una de sus tribus: los dinka.

Los dinka representan el setenta por ciento de la población en esta zona del mundo . Ellos mismos se consideran a sí mismos una de las tribus más antiguas ya que afirman que han pasado más de mil años desde que se asentaran a ambas orillas del Nilo. Su medio de vida es la ganadería y la riqueza se mide por el número de vacas que cada familia posee, pero también desarrollaron la agricultura y la pesca lo que ha hecho de ellos un pueblo autosuficiente. Pero si hay algo que caracteriza a los dinka es su altura, es raro encontrar personas que midan más de dos metros, excepto entre los dinka que pasa por ser una de las tribus más altas de África. De esta tribu, concretamente de la aldea de Turalei, surgió el jugador más alto de la historia de la mejor liga de baloncesto del mundo: la NBA, quien ostentaría el honor de ser el primer jugador africano en disputar la competición americana. Su nombre: Manute Bol, un gigante de 231 cm de altura y apenas 80kg de peso.

La aventura de Manute Bol en Estados Unidos comienza el mismo año en el que el conflicto estalla de nuevo es su Sudán natal de manos del recién creado Ejército de Liberación del Pueblo de Sudán (ELPS) cuyo primer objetivo fue frenar las obras del canal de Jonglei. Manute causó un gran impacto desde su aterrizaje en suelo americano con motivo de su incorporación a la Universidad de Bridgeport, donde pronto se convierte en el líder del equipo y el motivo por el que los aficionados acudían en masa a ver sus partidos. En esta etapa promedía 22 puntos por partido, 13 rebotes y 7 tapones. Estas cifras y el ser un reclamo para los medios le vale ser elegido en el draft de 1985 por los Washington Bullets.

En ese momento Manute se convierte en el primer jugador africano en la NBA y en el jugador más alto que jamás había participado en la liga. Manute es un gigante en un mundo de gigantes, su llegada coincide con el desembarco de numerosos jugadores altos en la competición, más de 30 jugadores medían más de 213 cm ese año, como muestra de una la nueva tendencia que se apoderaba del baloncesto y contagiados del efecto Tkachenko y un nuevo prototipo de jugador caracterizado por su  musculatura y menos por sus cualidades técnicas. Con la llegada del sudanés se inicio un debate acerca de si era necesario subir la altura del aro porque no era concebible que un jugador machacase el aro solo con ponerse de puntillas e incluso se consideró la idea de reducir a cuatro los jugadores en pista por equipo.


Los medios se perseguían continuamente a Manute como si fuese un hombre de otro planeta, como alguien irreal. Más aún cuando se hicieron eco del rumor de que había matado un león aunque, haciendo gala de su sentido del humor, el gigante afirmaba que lo hizo mientras el animal dormía, porque, encaso de estar despierto habría sido el león el que lo habría matado a él. Manute no entendía todo el revuelo que se generaba a su alrededor con respecto a su altura ya que para él era algo normal, sus padres y su hermana también medían más de dos metros e incluso afirmaba que su bisabuelo era más alto que él. Observarle era como un viaje a lo desconocido, a un mundo enigmático repleto de encantos. El listado de anécdotas que le rodeaban eran inagotables, una de las más nombradas era que le faltaban cuatro dientes porque entre los dinka es habitual practicar diferentes ritos de paso como arrancar cuatro dientes a una edad temprana para delimitar el momento en que se deja de ser niño, otros dos le faltaban porque la primera vez que jugó al baloncesto se golpeó la boca con el aro, o escarificar la piel para significar que ya se ha alcanzado la edad adulta.

En su primera temporada Manute Bol estableció un record que hasta ahora nadie ha superado al realizar 397 tapones como rookie. Pero su endeble físico era un hándicap que condicionó su carrera, pese a los esfuerzos de coger peso Manute era incapaz de engordar convirtiéndole en un jugador muy vulnerable ante jugadores más bajos pero más poderosos físicamente. Aún así, consiguió incorporar nuevos elementos a su juego como cuando militando en Golden State Warriors destapó su habilidad para el lanzamiento de tres puntos gracias a la insistencia de su entrenador Don Nelson. Diez años duró su aventura americana mientras, impotente, contemplaba como su país se desangraba, sus familiares perecían y sus vecinos se veían obligados a exiliarse a Etiopía por un conflicto que parecía no tener fin y al que occidente daba la espalda.

La impotencia del baloncestista era manifiesta en cada de sus comparecencias ante la prensa, las cuales utilizaba como un altavoz para da visibilidad a un guerra que le consumía por dentro.  Desde su retirada, el sudanés empleó toda su fortuna, acumulada por sus contratos como jugador y al hecho de ser imagen de marcas como Nike, Toyota o Kodak, en financiar al Ejército de Liberación. Se calculo que llegó a aportar más de tres millones de dólares a la causa. Manute se convirtió en todo un símbolo para la resistencia en Sudán del Sur y un interlocutor muy valioso en las negociaciones de paz que se iniciaron a mediados de los noventa. Sin embargo, esta historia de amor de su pueblo tuvo un momento de crisis cuando Manute regresó a Jartum invitado por el líder nuer Niak Madur, lo cual fue interpretado como una traición.


Los siguientes años de Manute, toda vez dilapidada su riqueza, transcurren con el simple propósito de ejercer su papel como jefe dinka, asumiendo sus responsabilidades propias como organizar bodas, velatorios, mediar entre disputas y ofrecer consejo a los más jóvenes. Sus viajes a Estados Unidos apenas se producen desde su retirada, sólo acude esporádicamente a visitar a sus hijos y a solicitar una pensión como exjugador profesional a la NBA. Durante su estancia al retorno de su país natal sufrió un grave accidente de tráfico en el que se fracturó el cuello y ambos brazos. Manute nunca se recuperaría de este accidente, poco a poco, fue languideciendo hasta su muerte seis años después.


Los dinka lloraron amargamente la muerte de hombre más representatitivo. Manute falleció sin poder ver efectiva la independencia de su amado Sudán del sur, el cual tras los acuerdos de paz de 2005 aprobó en referéndum en 2011 constituirse como país independiente y establecer como capital la ciudad de Juba. Los dinka han liderado todo el proceso de autonomía haciendo gala de la que consideran es su misión: proteger al resto. “Los dinka somos generosos, podemos dar todo lo que tenemos, pero nunca serás un dinka. Ésa es la regla


1 comentario:

  1. Estupendo artículo sobre la biografía de Manute Bol y la guerra civil en Sudán.

    ResponderEliminar

Tu opinión es importante