martes, 30 de abril de 2013

Matar a al Rey para Legitimar la Monarquía


Una de las noticias del día es la ceremonia de abdicación de la reina Beatriz de Holanda en su hijo Guillermo. Este hecho poco habitual, que un monarca en vida ceda sus derechos al trono al siguiente en la línea sucesoria sin que haya existido ningún tipo de revolución o amotinamiento que lo genere ha destapado el mismo debate en España. La monarquía española se encuentra en entredicho debido a los escándalos que la han sacudido en los últimos 24 meses: el Rey que se rompe la cadera en Botswana a donde ha acudido con su amante amada Corina, una  hija y un yerno que se lucran a costa de utilizar su nombre a través de una fundación sin ánimo de lucro, una sociedad que le demanda transparencia y rigor en el ejercicio de sus funciones…

Ésta es la situación de la monarquía a día de hoy y que se remonta a una tradición de siglos que les dicta que lo mejor que pueden hacer es conservar su posición de poder y privilegio el mayor tiempo posible, a poder ser, hasta el día de su muere. En la antigüedad esto no era así. En muchos territorios se limitaba el mandato de un monarca a un período de 10-12 años. Una vez cumplido este tiempo el monarca era asesinado.  Esta práctica que puede parecernos brutal era tenida como necesaria  por los miembros de la comunidad y era aceptada como un sino inevitable por el monarca que sabía que su muerte sería cruel y violenta, una muerte tenida como digna por el propio rey.

¿Por qué asesinaban estas comunidades al monarca? Porque en aquellos tiempos el monarca ocupa esa posición de poder y privilegio porque era la persona que tenía la capacidad para “escuchar la voz” en nombre del pueblo, es decir, era quien estaba en contacto directo con Dios y trasladaba sus designios. El monarca era, en definitiva, el vehículo de conexión con el mundo de los espíritus, con lo carente de explicación, con lo desconocido. El acto de ejecutar el rey era un ejercicio de equilibrio entre la conciencia y el ejercicio del poder. ¿En las monarquías actuales o en el resto de formas de gobierno es habitual la búsqueda de este equilibrio? Creo que la respuesta es no. Me gustaría que alguien me ofreciese un ejemplo de lo contrario

sábado, 27 de abril de 2013

Internacionalización de Empresas y Globalización: Desarrollo y Crecimiento de la Economía en Alemania gracias al Fútbol



“El fútbol son once contra once y siempre gana Alemania”. Se trata de una de las frases más manidas a la hora de crear crónicas futbolísticas por periodistas y aficionados. Tras los recientes partidos de semifinal de Champions League donde los conjuntos alemanes han barrido a los favoritos Barcelona y Real Madrid,, son muchos los que se preguntan cuáles son motivos que han llevado al fútbol alemán a la cumbre. La respuesta la encontramos a que el fútbol germano, durante la última década ha vivido un proceso de internacionalización y modernización de su modelo futbolístico. Alemania no ha sido ajena al proceso de globalización que inunda el planeta y un ejemplo lo muestra su liga de fútbol, la Bundesliga. Su fútbol, como su economía ha entrado en la dinámica de la internacionalización de empresas.

Históricamente Alemania ha basado su poderío futbolístico en una fortaleza física y mental que termina por hacer caer a sus rivales incluso en las condiciones más adversas. Se trata de un factor muy arraigado en la cultura germana, su resistencia, ya que no debemos olvidar que es una país que durante el último siglo ha debido reconstruirse como potencia económica tras salir derrotada en dos Guerras Mundiales. La fama de la rocosidad y constancia germana que define a los alemanes en un campo de fútbol se remonta al año 1954. En este año, Alemania se proclamó por primera vez Campeona del Mundo en Suiza tras derrotar a Hungria (quien apenas unos meses antes la había derrotado por 8-3),  el llamado equipo de oro, que por aquel entonces contaba en sus filas con Ferenc Puskas y que era la selección de referencia a nivel mundial y que acumulaba más de 30 partidos consecutivos sin conocer la derrota. Hasta que bajo la lluvia de Berna y tras empezar encajando dos goles en los primeros diez minutos de partido comenzó a forjarse la leyenda de Alemania al terminar venciendo el partido y alzarse con la copa.

Veinte años después el milagro alemán se repetiría en Munich en el mundial del que era anfitriona al derrotar a la “naranja mecánica” comandada por Cruyff y Neeskens después de comenzar perdiendo al encajar un gol de penalti cometido sobre Johan Cruyff, en una jugada que representa el origen del modelo de fútbol moderno basado en la posesión y el pase, quien en los mejores dos minutos iniciales de la historia del fútbol se internaba en el área y era derribado por el delantero Uri Hoennes. La selección alemana se mantuvo el partido gracias al que es el representante máximo del su fútbol, Franz Beckenbauer, consiguiendo remontar el partido y terminar venciendo por 3 goles a 1.


En el 90 Alemania volvería a proclamarse campeona en Italia tras derrotar a la Argentina de Maradona en la final del que es considerado como el peor mundial hasta la fecha y una final que no dejó nada para el recuerdo excepto las lágrimas del astro argentino en el Estadio Olímpico de Roma. Lottar Matthaüs salió coronado como el mejor jugador del torneo tomando el relevo de jugador icónico del futbolista germano del que fue su entrenador durante ese torneo: Beckenbauer. Alemania seguía forjando su fama en su capacidad para conseguir resultados sin que nadie se cuestionase la forma en la que se conseguían. Había conseguido proclamarse de nuevo campeona apenas unos meses después de la caída del muro de Berlín un suceso que cambiaría para siempre el panorama político y económico europeo y mundial.

La respuesta del pueblo alemán a su nueva situación, aún hoy, resulta admirable. En vez de quedarse anquilosados en los reproches, la vergüenza y la culpa por las aberraciones sufridas durante la segunda mitad del siglo XX se optó por construirse desde un optimismo centrado en la construcción de una sociedad cosmopolita que permitiera las nuevas generaciones ser dueñas de su futuro sin sentirse presas del pasado. Parte de esa nueva mentalidad se reflejó en los terrenos de juego ingleses en la Eurocopa del 96 en Inglaterra de la que salieron campeones con el gol de plata de Bierhoff y la omnipresencia de Matthias Sammer. El pelirrojo central alemán era un ejemplo de la nueva mentalidad de mirar hacia el futuro disfrutando del presente. Antes de la caída del muro, Sammer, jugador de la Alemania Oriental viajó a la zona occidental para fichar por el Stuttgart, sin saber que estaba siendo investigado por la STASI, que impidió que la operación se concretase. Un año después, tras  los acontecimientos de Berlín, Matthias se enfundaba la elástica del Stuttgart en una acto de integración de lo que debía ser la nueva Alemania unificada.


Con la llegada del nuevo milenio el fútbol alemán se vió sacudido por una serie de resultados nefastos tanto la Eurocopa del 2000 como la de 2004 en las que fueron incapaces de superar la primera fase, aunque entre medias alcanzaron la final del Mundial 2002. Estos fracasos y el mal juego de una selección que pedía a voces un relevo generacional impulsó el cambio de modelo. Alemania debía, en dos años, pasar del fracaso en Portugal a una actuación loable en su Mundial. El cambio se había iniciado unos años antes, con el ridículo en la Euro de Bélgica y Holanda. En ese momento, la Federación Alemana de Fútbol planifico una reestructuración de su concepto de formación y crecimiento  basado en los modelos de cantera de las escuelas holandesas, francesas y españolas, obligó a los clubes de fútbol a poseer centros de rendimiento plagados de profesores y entrenadores que contribuyeran a mejorar el fútbol alemán convirtiendo en elementos de valor la técnica y la táctica. Los clubes que no impulsaran estas medidas serían sancionados con la imposibilidad de jugar tanto en Primera como en Segunda División. Esta nueva perpectiva, sumada a la gran inversión económica en infraestructuras y estadios, contribuyó  al resurgir económico de una Alemania que atravesaba una situación de colapso de su industria y, por ende, de su  economía. Se calcula que, desde el período de 2000 a 2006 el fútbol alemán contribuyó con más de 3.000 millones de euros de inversión a reforzar la economía nacional.

El momento de comprobar la eficacia del nuevo modelo sería el verano de 2006. Jürgen Klinsmann fue el encargado de liderar el proyecto y llevar a cabo la ruptura con el modelo anterior. Klinsmann debía ser capaz de trasladar al terreno de juego lo que el ciudadano alemán ya había aplicado en su día a día: el respeto y la valoración de la diversidad, en definitiva, un proceso de apertura enriquecedor. El seleccionador abrió el fútbol alemán a las nuevas fuentes que pujaban por mostrarse. Dar cabida a la imaginación, a la improvisación, a la espontaneidad y dejar apartado un modo de vida centrado en el rigor y la supremacía. Los alemanes querían mostrarle al mundo que seguían siendo los mismos pero que ya eran otros. Tenían el deseo de mostrar que continuaban siendo fiables y eficaces pero a través de una nueva concepción de la modernidad que representaban sus jóvenes. Alemania quería mostrar que se había enriquecido y que consideraba como miembros de pleno derecho a sus jóvenes y a la los inmigrados y  sus descendientes. La selección se pobló entonces de futbolistas de menos de 25 años y, por primera vez, dando cabida a la interculturalidad con jugadores como Asamoah, Podolski y Odonkor. La selección alcanzó el tercer puesto con un fútbol vistoso, dinámico y atractivo. Alemania se echaba a las calles tras cada partido y su entrenador era visto como el propulsor del cambio. Su renuncia al cargo tras el campeonato supuso un mazazo para los aficionados pero la semilla ya estaba sembrada.

Alemania es hoy junto a España, la mejor selección del mundo. Su valentía a la hora de apostar por jóvenes talentos y su fútbol económicamente saneado le ha convertido en un destino atractivo para los futbolistas de mayor nivel. Alemania ha pasado a ser un país importador de futbolistas de primer nivel. Acuciados como estamos en España por una crisis que parece no tener fin, una buena manera de poder salir de ella es exportar aquello que nosotros hacemos bien: jugar al fútbol El camino lo abrió Raúl hace unos años, lo han continuado Escudero, Carvajal o Domínguez. La llegada de Guardiola a Munich supone una puesta en valor de nuestro producto nacional. Aprovechemos la oportunidad para exportar y utilizar el fútbol como un recurso de dinamización de la economía como ya hicieran en Alemania hace una década. Sigamos exportando nuestro fútbol a Inglaterra, Alemania, Grecia, Rusia, Israel… Internacionalicemos nuestro fútbol, nuestra economía lo agradecerá.

FUENTES CONSULTADAS
AXEL TORRES “11 viajes  de un periodista deportivo” Editorial Contra. 2013
TIM HARDFORD “El economista camuflado” Temas de Hoy. 2007.
“El fútbol alemán ya no es un Pánzer” El País (26/04/2013)

domingo, 21 de abril de 2013

Manute Bol un Dinka en la NBA


Los seres humanos han creado a lo largo de la historia y del desarrollo de sus culturas múltiples formas para categorizarse y así diferenciarse unos de otros al mismo tiempo que realizan un ejercicio de atribuciones y cualidades a cada una de sus categorías. La primera la realizan en función del sexo (hombre y mujer), otra puede hacerse en base al color de la piel (blanco y negro) y otras pueden realizarse en base a la estatura (alto y bajo). Las poblaciones humanas también se diferencian unas de otras utilizando como delimitador de las fronteras de pertenencia elementos naturales como las cordilleras, un río, el mar. Esta separación de las poblaciones propicia el surgimiento de la diversidad de culturas que pueblan el planeta Tierra. Es el caso de un país como Sudán, en donde dentro de un mismo territorio encontramos poblaciones de etnia árabe y religión musulmana que conviven con poblaciones tribales como los dinka, los murle, los nuer o los shilluk.


Sudán es un ejemplo de cómo la existencia de una frontera vegetal dentro del propio territorio puede desencadenar conflictos irreconciliables. En Sudán hay dos poblaciones muy diferenciadas. Los negros africanos que habitan la parte sur del país, una región en la que conviven muchas poblaciones tribales dedicadas a la ganadería gracias a las praderas y los bosques lluviosos propios de su clima tropical. Esta región es la que antiguamente era conocida como Nubia, una población formada por notables guerreros y con una alta capacidad de resistencia ante un conflicto latente que se alargó en la zona durante todo un milenio ante el deseo de dominio de las poblaciones árabes que se instalaron en la región norte de Sudán en el siglo VII. Los nubios consiguieron resistir hasta que el gobernador otomano de El Cairo decidió invadir estos territorios para utilizar esta región como una fuente de marfil y de población esclava, llegando a esclavizar a más de 30.000 personas en el año 1820 de un pueblo bautizado como los sudán (los negros). Este dominio se prolongó hasta mediados del siglo XIX.

Tras la marcha de los dominadores otomanos la región sudanesa vivió una década de independencia hasta que en 1899 el Imperio Británico tomó el mando de las dos regiones de Sudán. El motivo por el que los británicos decidieron tomar el mando de Sudán está el río más largo del mundo: el río Nilo. El Nilo es un recurso que define y orienta el comercio de la zona y, a principios del siglo XX, el control de toda esta región era una prioridad para la Corona Inglesa que necesitaba el control total del Canal de Suez para poder ejercer sin sobresaltos el control de la ruta con la India.


Las dos regiones sudanesas fueron administradas como regiones diferentes aunque sujetas a una misma autoridad colonial: en el norte quedó establecida una población árabe de mayoría musulmana y, en el sur, la población negra de religión cristiana o animista. Debido al gran tamaño del continente africano y de Sudán en particular, los británicos impusieron la misma política colonial en todo el continente. Como les resultaba muy complicado y costoso llenar el territorio de cuarteles desde los que ejercer el poder y hacer notoria su autoridad los británicos optaron por situarse en las ciudades más importantes de cada país, en este caso en Jartum, y delegar el ejercicio de control de las poblaciones en los diferentes jefes tribales quienes,  a cambio de ostentar una posición incuestionable de poder y domino en un territorio y sobre un grupo poblacional, sólo tenían que ejercer la función de recaudadores de impuestos para la autoridad colonial. De este modo, los gobernadores británicos fomentaron la disgregación de las dos regiones mediante un trato diferenciado: en el norte fomentaron el árabe y el islam e invirtieron en recursos y trabajo, mientras que en el sur, al que abandonaron a su suerte al no invertir en ningún área de desarrollo, favorecieron el inglés y el cristianismo y la perpetuación de un estilo de vida tradicional sujeto sólo a la autoridad militar de las colonias. Con la retirada de la autoridad británica en 1950 el conflicto civil entre ambas regiones parecía inevitable.


A lo largo de la década de 1960 más de medio millón de personas fallecieron en el conflicto que enfrentó al gobierno del norte con el ejército rebelde del sur. Este conflicto se prolongó hasta 1972 cuando se firmó un acuerdo de paz que no fue más que un período de espera que ambos grupos utilizaron para rearmarse de cara a un nuevo conflicto que se cernía sobre el horizonte. Durante este período de paz el gobierno del norte logró una importante alianza con Egipto para realizar una de las obras más importantes del continente africano. Esta obra tenía como objetivo el río Nilo, se pretendía alterar su curso hacia el norte, una región sumamente árida y seca, que sirviera de abastecimiento de agua tanto a la región norte de Sudán como al propio Egipto. Esta obra provocaría que uno de los humedales más importantes de África desapareciera, la llamada región Sudd, situada en el sur de Sudán y que tras la época de lluvias y las inundaciones anuales del Nilo se convierten en una zona de amplios pastos en donde las poblaciones ganaderas del sur llevan a pacer su ganado, es decir, su riqueza especialmente para una de sus tribus: los dinka.

Los dinka representan el setenta por ciento de la población en esta zona del mundo . Ellos mismos se consideran a sí mismos una de las tribus más antiguas ya que afirman que han pasado más de mil años desde que se asentaran a ambas orillas del Nilo. Su medio de vida es la ganadería y la riqueza se mide por el número de vacas que cada familia posee, pero también desarrollaron la agricultura y la pesca lo que ha hecho de ellos un pueblo autosuficiente. Pero si hay algo que caracteriza a los dinka es su altura, es raro encontrar personas que midan más de dos metros, excepto entre los dinka que pasa por ser una de las tribus más altas de África. De esta tribu, concretamente de la aldea de Turalei, surgió el jugador más alto de la historia de la mejor liga de baloncesto del mundo: la NBA, quien ostentaría el honor de ser el primer jugador africano en disputar la competición americana. Su nombre: Manute Bol, un gigante de 231 cm de altura y apenas 80kg de peso.

La aventura de Manute Bol en Estados Unidos comienza el mismo año en el que el conflicto estalla de nuevo es su Sudán natal de manos del recién creado Ejército de Liberación del Pueblo de Sudán (ELPS) cuyo primer objetivo fue frenar las obras del canal de Jonglei. Manute causó un gran impacto desde su aterrizaje en suelo americano con motivo de su incorporación a la Universidad de Bridgeport, donde pronto se convierte en el líder del equipo y el motivo por el que los aficionados acudían en masa a ver sus partidos. En esta etapa promedía 22 puntos por partido, 13 rebotes y 7 tapones. Estas cifras y el ser un reclamo para los medios le vale ser elegido en el draft de 1985 por los Washington Bullets.

En ese momento Manute se convierte en el primer jugador africano en la NBA y en el jugador más alto que jamás había participado en la liga. Manute es un gigante en un mundo de gigantes, su llegada coincide con el desembarco de numerosos jugadores altos en la competición, más de 30 jugadores medían más de 213 cm ese año, como muestra de una la nueva tendencia que se apoderaba del baloncesto y contagiados del efecto Tkachenko y un nuevo prototipo de jugador caracterizado por su  musculatura y menos por sus cualidades técnicas. Con la llegada del sudanés se inicio un debate acerca de si era necesario subir la altura del aro porque no era concebible que un jugador machacase el aro solo con ponerse de puntillas e incluso se consideró la idea de reducir a cuatro los jugadores en pista por equipo.


Los medios se perseguían continuamente a Manute como si fuese un hombre de otro planeta, como alguien irreal. Más aún cuando se hicieron eco del rumor de que había matado un león aunque, haciendo gala de su sentido del humor, el gigante afirmaba que lo hizo mientras el animal dormía, porque, encaso de estar despierto habría sido el león el que lo habría matado a él. Manute no entendía todo el revuelo que se generaba a su alrededor con respecto a su altura ya que para él era algo normal, sus padres y su hermana también medían más de dos metros e incluso afirmaba que su bisabuelo era más alto que él. Observarle era como un viaje a lo desconocido, a un mundo enigmático repleto de encantos. El listado de anécdotas que le rodeaban eran inagotables, una de las más nombradas era que le faltaban cuatro dientes porque entre los dinka es habitual practicar diferentes ritos de paso como arrancar cuatro dientes a una edad temprana para delimitar el momento en que se deja de ser niño, otros dos le faltaban porque la primera vez que jugó al baloncesto se golpeó la boca con el aro, o escarificar la piel para significar que ya se ha alcanzado la edad adulta.

En su primera temporada Manute Bol estableció un record que hasta ahora nadie ha superado al realizar 397 tapones como rookie. Pero su endeble físico era un hándicap que condicionó su carrera, pese a los esfuerzos de coger peso Manute era incapaz de engordar convirtiéndole en un jugador muy vulnerable ante jugadores más bajos pero más poderosos físicamente. Aún así, consiguió incorporar nuevos elementos a su juego como cuando militando en Golden State Warriors destapó su habilidad para el lanzamiento de tres puntos gracias a la insistencia de su entrenador Don Nelson. Diez años duró su aventura americana mientras, impotente, contemplaba como su país se desangraba, sus familiares perecían y sus vecinos se veían obligados a exiliarse a Etiopía por un conflicto que parecía no tener fin y al que occidente daba la espalda.

La impotencia del baloncestista era manifiesta en cada de sus comparecencias ante la prensa, las cuales utilizaba como un altavoz para da visibilidad a un guerra que le consumía por dentro.  Desde su retirada, el sudanés empleó toda su fortuna, acumulada por sus contratos como jugador y al hecho de ser imagen de marcas como Nike, Toyota o Kodak, en financiar al Ejército de Liberación. Se calculo que llegó a aportar más de tres millones de dólares a la causa. Manute se convirtió en todo un símbolo para la resistencia en Sudán del Sur y un interlocutor muy valioso en las negociaciones de paz que se iniciaron a mediados de los noventa. Sin embargo, esta historia de amor de su pueblo tuvo un momento de crisis cuando Manute regresó a Jartum invitado por el líder nuer Niak Madur, lo cual fue interpretado como una traición.


Los siguientes años de Manute, toda vez dilapidada su riqueza, transcurren con el simple propósito de ejercer su papel como jefe dinka, asumiendo sus responsabilidades propias como organizar bodas, velatorios, mediar entre disputas y ofrecer consejo a los más jóvenes. Sus viajes a Estados Unidos apenas se producen desde su retirada, sólo acude esporádicamente a visitar a sus hijos y a solicitar una pensión como exjugador profesional a la NBA. Durante su estancia al retorno de su país natal sufrió un grave accidente de tráfico en el que se fracturó el cuello y ambos brazos. Manute nunca se recuperaría de este accidente, poco a poco, fue languideciendo hasta su muerte seis años después.


Los dinka lloraron amargamente la muerte de hombre más representatitivo. Manute falleció sin poder ver efectiva la independencia de su amado Sudán del sur, el cual tras los acuerdos de paz de 2005 aprobó en referéndum en 2011 constituirse como país independiente y establecer como capital la ciudad de Juba. Los dinka han liderado todo el proceso de autonomía haciendo gala de la que consideran es su misión: proteger al resto. “Los dinka somos generosos, podemos dar todo lo que tenemos, pero nunca serás un dinka. Ésa es la regla


lunes, 15 de abril de 2013

Autoestima y Dinámica de Grupo: La Caída del Líder


La autoestima es un aspecto que debe formar parte de la dinámica de un grupo. La autoestima de cada uno de sus componentes y la del grupo como unidad construyen el factor humano del equipo.  La mentalidad, la confianza, la motivación, el sacrificio, la lucha, la resistencia… se expresarán y pondrán en liza en aras de un objetivo común mientras los integrantes del grupo se estimen a sí mismos y entre ellos. La autoestima se convierte así en un aspecto clave en la dinámica de grupo ya que determinará la tendencia del individuo y del grupo hacia la proximidad de un logro.

El ser humano es optimista por naturaleza: es mayor el número de personas que cree ser mejor de lo que es que el de aquellas que se consideran inferiores a sus semejantes, por lo que podemos inferir que los niveles de autoestima de la humanidad son altos. Sin embargo, esta creencia enfrenta al riesgo de toparse bruscamente con la realidad y caer en un estado depresivo y de descrédito de las propias capacidades. El ser humano tiende a pensar que los sucesos futuros actuarán a su favor y que su realidad futura será mejor que la presente.


Esta creencia a pensar en un futuro mejor y asignar probabilidades más altas a que nos ocurran cosas positivas que negativas se conoce como sesgo optimista. En la liga española de fútbol este sesgo optimista aparece con elevada frecuencia cada vez que un equipo decide cambiar de entrenador con la ilusión de con ello se revertirá la dinámica del equipo y que, con ello, aumentarán las posibilidades de obtener mejores resultados. Esta temporada han sido siete los equipos que han cambiado de entrenador a lo largo de los últimos meses, de ellos sólo dos equipos han conseguido el objetivo perseguido: Espanyol y Deportivo de la Coruña (eso sí, tras cambiar hasta en dos ocasiones de entrenador).

Los dirigentes de los clubes de fútbol optan por cambiar de entrenador movidos ente otros motivos como la presión social o el miedo a verse señalados como culpables por un falso optimismo. Los dirigentes creen que pueden trasladar a su equipo su entusiasmo y su creencia en que son capaces de revertir la situación con un cambio de líder. La destitución del líder es el recurso posibilita al presidente de turno poder lanzar el mensaje a sus pupilos y seguidores que él cree en ellos, en  sus capacidades, y les traslada la idea de que son capaces de superar la situación de crisis en la que se encuentran. Todo mediante el simple gesto de destituir al que hasta entonces era su entrenador.

El presidente de un club de fútbol no es un rara avis de al especie humana. Al igual que el 80% de los seres humanos cree que su equipo es mejor que los demás y que les irá mejor en el futuro que al resto. Por ello cae en otro sesgo psicológico directamente vinculado al sesgo optimista: la ilusión introspectiva. Esta ilusión de nuestra mente les lleva a encontrar sobrados motivos para justificar el despido del entrenador, aunque si hiciese caso a la realidad objetiva que le ofrecen los números y las estadísticas de los últimos años descubriría la idoneidad de no hacerlo.

No creo que esta praxis se erradique del mundo del fútbol ya que forma parte del cotidiano de este deporte. El presidente de un club de fútbol se cree poseedor de la capacidad de subir la autoestima a jugadores y aficionados y revertir la dinámica de un grupo. Tiene la falsa creencia de que con la sustitución de un líder por otro conseguirá reducir la ansiedad y el estrés de sus aficionados y jugadores, y que aumentará el rendimiento del equipo que preside porque los jugadores se esforzarán más y serán más perseverantes. Mientras, el todopoderoso presidente permanecerá inamovibles, anclado al sillón presidencial desde el que pedirá la cabeza de un entrenador tras otro para que el circo del fútbol siga disfrutando de su espectáculo.