jueves, 14 de febrero de 2013

Alcohol en el Fútbol Inglés: Un Modelo Obsoleto del Futbolista Inglés


La relación entre alcohol y deporte no es algo  poco habitual, especialmente en Inglaterra y, más concretamente, entre sus futbolistas. Las juergas de muchos de sus mejores jugadores han poblado las páginas de los tabloides sensacionalistas británicos durante las últimas décadas. Un momento muy presente en la mente de los británicos se lo deben al mejor jugador de las islas en la década de los 60, el irlandés George Best, apodado el “Quinto Beatle”, quien legó una frase para el recuerdo: “En 1969 dejé las mujeres y la bebida, fueron los peores 20 minutos de mi vida”.


Esta relación del alcohol con el fútbol en Inglaterra suele asociarse al juego del que es originario: el rugby. Tras un partido de rugby tiene lugar el denominado “tercer tiempo” que hace referencia al encuentro que tiene lugar entre los jugadores de ambos equipos tras el partido en torno a litros de alcohol listos para ser engullidos después de una lucha sin cuartel que ha tenido lugar sobre el césped. Los futbolistas británicos también adoptaron esta costumbre y es frecuente encontrarse a los jugadores tomando unas cervezas con sus aficionados en los bares del estadio tras un partido o un entrenamiento. El genial futbolista holandés Dennis Bergkamp al poco de aterrizar en Inglaterra para formar parte de la plantilla del Arsenal afirmaba que lo que más le había sorprendido durante sus primeras semanas de contacto con el fútbol inglés era el olor a cerveza que se percibía en los entrenamientos matutinos. Hemos de tener en cuenta que por aquel entonces Tony Adams y Paul Merson formaban parte de aquella plantilla y terminaron por reconocer estar inmersos en una espiral de consumo incontrolable de alcohol.

El consumo de alcohol en Inglaterra es algo habitual entre los jóvenes. Es una imagen frecuente para cualquiera que pasea un viernes o un sábado por los pubs ingleses encontrase con jóvenes completamente borrachos. Los futbolistas ingleses no dejan de encontrarse en esa edad y adoptan los hábitos de ocio y consumo de sus semejantes. El consumo desmesurado de alcohol suele estar entre ellos. ¿Qué busca un deportista en el consumo de alcohol? La respuesta no es diferente a la del resto de consumidores, El imaginario social nos manda mensajes en los que el alcohol es presentado como una buena compañía para los buenos momentos y un buen remedio para superar los malos. Además, el consumo de alcohol y los momentos vendidos como propicios para ello ofrece una vía de escape de las rutinas y la monotonía.
El grado de interiorización del consumo de alcohol en la Premier es tan profundo que incluso un entrenador : Brian Clough, que fue capaz de alzar dos Copas de Europa con el Nottingham Forest, animaba a sus jugadores a tomar una copa de brandy antes de los partidos para templar los nervios antes de un partido. La lista de jugadores relacionados con el alcohol en Inglaterra puede alargarse con nombres como Alan Hudgson, Malcolm McDonald, Rodney Marsh, Jim Baxter, Joey Barton, Johnny Evans… Pero, sin lugar a dudas, si inmediatamente relacionamos alcohol y fútbol inglés el primer nombre que pasará por la cabeza de un británico será el de Paul Gascoigne.

Paul Gascoigne fue el jugador con mayor calidad técnica de su generación. Dotado de una técnica exquisita, una capacidad para leer el lugar al que llegaría el balón segundos antes que el resto de jugadores que estaban en el césped, un visión de juego que le permitía dar pases en unos ángulos sorprendentes y el elemento que singularizaba: los cortos sprints que realizaba para adelantarse a jugadores más rápidos que él antes de recibir la pelota. Sin duda alguna, un talento sobrenatural para el fútbol, más aún en Inglaterra en donde primaba el fútbol físico y de combate en donde un jugador técnico al estilo europeo era considerado un rara avis. Tal era su nivel que se convirtió en el jugador más joven en debutar con el Newcastle en la Premier a la edad de 17 años, record que un par de décadas después superaría otro superclase como Wayne Rooney.

Los inicios de la carrera futbolística de “Gazza” (así era conocido entre los aficionados) estuvieron marcados por el cariño de una afición inglesa que le tenía simpatía a aquel joven indisciplinado, un poco gordito (consecuencia de su adicción al chocolate) tras ser rechazado por Bobby Robson que había crecido en un entorno tan complicado como el que podía encontrarse en Gateshead en el seno de una familia de clase baja y que, además, tenía que lidiar con una larga enfermedad del padre que terminó con su muerte cuando Paul contaba con apenas 12 años.

La predilección de la afición inglesa hacia la joven promesa comenzó con una imagen que invadió la prensa inglesa, en un enfrentamiento ante el Wimbledon, en la que el defensa más duro de la Premier: Vinnie Jones, que había saltado al campo con la misión de secar su juego, le agarraba de los testículos después de susurrarle al oído “Me llamo Vinnie Jones y soy gitano. Te voy a arrancar la oreja con los dientes y la voy a escupir en la hierba. ¡Estás solo, gordo, conmigo!”. Al término de la temporada Gascoigne recibió el premio al mejor jugador joven de la Premier y fue traspasado al Tottenham  por dos millones de libras, convirtiéndose en el traspaso más caro de la historia del fútbol británico hasta 1988.

Su primera temporada en el equipo londinense fue sencillamente espectacular. Aún se recuerdan por Withe Hart Lane sus galopadas repletas de fuerza mientras conducía el balón y ningún defensor era capaz de arrebatarle la pelota que permitió a su equipo alcanzar la final de la FA Cup y a él debutar en la selección inglesa en un partido ante Dinamarca de la mano de quien años atrás no había visto en él a un chico capaz de jugar al fútbol al más alto nivel: Bobby Robson. En su segunda temporada su nivel futbolístico no decayó lo que le valió una plaza para el mundial de Italia’90.

A finales de los 80 y principio de los 90 Italia era el epicentro del fútbol mundial. En su liga se encontraban los mejores equipos del continente, el Milán de los holandeses Van Basten, Gullit y Rijkaard que de la mano de Arrigo Sacchi asombraba a Europa, un Nápoles con el talento de Maradona, el Inter más alemán de su historia con Klinssman, Matthaüs y Brehme, la Sampdoria dirigida por Boskov con jugadores como VialliMancini o Pagliucca…  en definitiva era el lugar donde todas las grandes estrellas debían estar para mostrar su talento, más aún durante el verano del 90 en la disputa del mundial.

Cierto es que este mundial de fútbol no es recordado por  su nivel futbolístico ya que dejó mucho que desear, pero sí es recordado por la aparición de futbolistas que, a partir de entonces, formarían parte de los grandes nombres del fútbol internacional. Junto a los ya consagrados Maradona, Caniggia, Matthaüs, Careca, Baresi, Stojkovic, Francescoli, Lineker, Van Basten… descubrimos este verano a futbolistas como el camerunés Roger Milla, el portero más excéntrico que se recuerda, el colombiano René Higuita, el menudo centrocampista alemán Thomas Hassler o el caballo loco coreano Kim Joo-Sung.

Si le preguntáramos a un aficionado inglés qué recuerda de aquel mundial nos respondería, sin lugar a dudas, las lágrimas de Paul Gascoigne en la semifinal que enfrentó al conjunto inglés frente a Alemania en el mejor partido de la cita mundialista. El partido terminó empate a un tanto y tuvo que resolverse en los penaltis que finalmente dieron el pase a la final a la selección teutona. Las lágrimas de Paul no manaron tras la fatídica tanda de penaltis, sino minutos antes del final del partido cuando, tras cometer una falta absurda el árbitro le mostró la cartulina amarilla. En aquel momento rompió a llorar al ver que el sueño de todo futbolista: disputar la final de un Mundial, se le escapaba de las manos ya que esa amonestación implicaba que no podría disputar el siguiente partido.  El aficionado inglés vivió como suyas las lágrimas de su futbolista más talentoso.

Curiosamente, estas lágrimas se convirtieron en el punto de inflexión que determinaría la carrera del futbolista. Al volver de Italia Gazza era todo un ídolo nacional, llegando a firmar nada menos que 28 contratos publicitarios en apenas 6 meses. Incluso grabó una canción que alcanzó el segundo puesto en la lista de ventas británica. A partir de aquí todo se torció. Los problemas de indisciplina de Gascoigne fuera del terreno de juego seguían siendo vistos con simpatía ya que simplemente se trataba de un futbolista “diferente”. Sin embargo, la lesión de ligamentos que sufrió en la final de la FA Cup de 1991 frente al Nottingham Forest al intentar al intentar frenar bruscamente a un rival le haría entrar en un bucle de lesiones del que ya no se recuperaría jamás. Curiosamente, la lesión se produjo una vez que su equipo, acuciado por graves problemas económicos, había llegado al acuerdo con el Lazio de Roma de traspasarlo por 1.500 millones de pesetas.

Finalmente el traspaso tuvo lugar, pese a que Gazza estuvo todo un año en blanco, ya que mientras se encontraba en pleno proceso de recuperación un altercado que sufrió mientras estaba borracho en una discoteca de Newcastle en el cual besó el suelo provocó que recayera de la lesión de la que estaba a punto de recuperarse. No debutó de manera oficial con el conjunto romano hasta el mes de septiembre de 1992 en un partido ante el Génova en el que estuvo 45 minutos sobre el campo, justo el tiempo necesario para que el defensor italiano Bertolazzi pusiera a prueba su maltrecha rodilla. Prueba que no resistió.

Los médicos del equipo trataban de buscar la causa de tanto problema óseo del futbolista. Descubrieron que su sobrepeso influía notablemente en su propensión a lesionarse y, encontraron la causa del mismo en la sobrealimentación que había tenido durante su infancia ya que su madre le hacía tomarse varios comprimidos de complejo vitamínico cada día. Unido a este factor los médicos tenían que lidiar con los excesos con el alcohol del inglés que, como sabemos por estudios recientes, induce la pérdida de masa ósea aumentando el riesgo de fractura y dificultando sus procesos de regeneración haciendo que el proceso de recuperación sea más lento. Con todo, Paul apenas llegó a disputar 47 partidos en tres temporadas y, los directivos y aficionados, cansados de sus extravagancias fuera del terrenos de juego (como el cabezazó que le propinó a un fotógrafo), vistas de cualquier manera menos divertidas, pensaron que la mejor decisión era deshacerse de sus servicios. Finalmente lo traspasaron al Glasgow Rangers.

En Escocia Gazza recuperó de nuevo un gran nivel de juego aunque su comportamiento extradeportivo no cambia un ápice, pero él sabe que el público de las islas es mucho más condescendiente con él que el público italiano. Tal es su nivel de juego que es nombrado mejor jugador de la liga escocesa y vuelve a ser indispensable para el equipo nacional que debe afrontar como local la Eurocopa del 96 en la que Gascoigne es elegido dentro del equipo ideal del torneo y suyo es el mejor gol del campeonato conseguido en el partido inaugural frente a Escocia. Todo después del sonado incidente por los destrozos en un avión a la vuelta de un miniconcentración de la selección antes del torneo.


Su popularidad vuelve a sus niveles más altos y su boda con Sheryl Kyle, después del torneo, se convierte en el acontecimiento social del año. Las imágenes de la boda en que ambos contrayentes visten de blanco aparecen en todos los kioscos del país y acaparan horas de televisión en los medios británicos. Tres meses después, estas imágenes idílicas son sustituidas por otras en las que Sheryl aparece con el rostro hinchado y amoratado víctima de los golpes de su marido.


La carrera de Paul no hará sino caer en picado a raíz de este incidente, más aún cuando se queda fuera de la lista de su selección para participar en el mundial de Francia. Sus problemas con el alcohol se agudizan y no hará otras cosa que deambular de equipo en equipo: primero el Middlesborough, después el Everton, el Burnley, un equipo Gansu Tiama de la liga china, para terminar su carrera en el Boston United de la tercera división. En su retirada ya afirmaba que era un alcohólico y sesometió a varios procesos de desintoxicación, como ya hiciera años atrás después de estrellar el autobús de su por entonces equipo, el Middlesborough, contra un poste mientras conducía borracho.

Hace unos días, volvían a saltar las alarmas acerca de la denuncia de que Gascoigne necesitaba ayuda urgente, tanto económica como sanitaria, para tratar su enfermedad, hoy permanece ingresado en una clínica de Arizona en una nueva oportunidad de redención para alguien capaz de afirmar que sus únicas virtudes son “La cerveza, el chocolate y las mujeres”. Gascoigne es la imagen de la destrucción que podía originar la presión social en los futbolistas de otro tiempo, algo que hoy, por suerte se trata de prevenir en las escuelas de fútbol de toda Europa y más aún en Inglaterra son, gracias a la llegada de técnicos y futbolistas extranjeros el grado de profesionalización y de ejemplaridad en el comportamiento de los futbolistas se ha llevado más allá del terreno de juego gracias al la influencia de otros modelos futbolísticos diferentes que llegaron a la liga inglesa con la llegada de Arsene Wenger, Zola, Bergkamp, Henry, Vialli, Rafa Benítez, Jose Mourinho, Silva, Torres…

FUENTES CONSULTADAS
SIMON KUPER "Fútbol contra el enemigo" Editorial Contra. 2012

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