martes, 26 de febrero de 2013

Participaciones Preferentes: Desatención al Cliente


Siguiendo con el asunto de las participaciones preferentes que poseo de Caixa Catalunya hoy he intentado utilizar el recurso que desde la oficina se me invitó a utilizar. La directora de la oficina me sugirió que entrase en la página web de la entidad para que, una vez en ella accediera a una plataforma llama Hybridus en la cual puedo dejar constancia de mi reclamación para que pase a dejar constancia de mi situación.

Accedo a la página y una vez en ella soy incapaz de dar con este espacio en el que redactar mi reclamación. Curiosamente, este hecho coincide mientras preparo las clases del próximo mes en las que tendré que impartir el módulo de “Atención al Cliente” dentro del curso Actividades de Venta. Dentro de este curso parte de los contenidos que quiero resaltar en mis alumnos es la importancia de qué puede hacer una empresa para ganarse la credibilidad de los consumidores.


Una empresa que desea ser creíble debe presentarse de forma transparente y honesta, más aún cuando dispone de control y de los medios para conseguirlo. En el caso de Caixa Catalunya esta dispone de su web corporativa, un blog, un servicio de atención al cliente, numerosas oficinas repartidas por la geografía española, un gran número de trabajadores… Junto a estos recursos la entidad recurre a la publicidad y al patrocinio como pudimos observar durante el último campeonato del mundo de motociclismo donde era uno de los patrocinadores principales del piloto Marc Márquez, a la postre vencedor en la categoría de Moto2.


Aun dotados de todos estos medios la entidad no facilita a las personas que se sienten agraviadas por el uso de uno de sus productos financieros, como en mi caso las participaciones preferentes, una vía de sencillo acceso en la cual estar informados al día de su situación. Lo mismo me sucedía tiempo atrás con uno de los depósitos contratados en los que no disponía de la posibilidad de estar informado en el momento que lo desease de los rendimientos del mismo.

En el caso de las participaciones preferentes, me genera mucha impotencia el hecho de observar que ninguna de las entidades financieras que los comercializaron responder por ello. Lo que encuentro inmediatamente al desear información al respecto empleando los motores de búsqueda es información que los propios afectados han volcado en la red y de noticias referidas al asunto pero no encuentro ninguna disculpa pública por parte de los responsables de las entidades financieras. Con lo que simplemente me quedo con la idea en la cabeza de que es imposible que una empresa quiere que la crea cuando me dice que el problema se solucionará si ellos no asumen sus responsabilidades. En definitiva, no puede haber credibilidad sin responsabilidad.

viernes, 22 de febrero de 2013

Catalunya Caixa: Preferentes 12 meses después


Esta mañana he tomado la decisión de visitar mi oficina bancaria para tratar un tema escabroso: las participaciones preferentes. Como muchos ya sabréis se trata de un producto bancario son productos financieros emitidos por las propias entidades bancarias, en mi caso Catalunya Caixa. Este producto me fue presentado como un producto cuya aportación de capital estaba garantizada, es decir, no perdería el dinero invertido y, a cambio, obtendría unos intereses un tanto superiores a los que ofrece un plazo fijo. Se me ofrecía la posibilidad de que podría liquidar este producto en un plazo de 24 horas, es decir, si hoy quiero recuperar mi dinero mañana lo tendré ingresado en mi cuenta.

Hoy, precisamente, he vuelto a mi entidad bancaria porque se cumplía precisamente un año desde que, por primera vez, quise recuperar el dinero de mi inversión. Algunos de los que pueden estar leyendo estas líneas pueden opinar que a me exponía a esta situación cuando opté por adquirir este productos financieros. La adquisición de este producto se remonta 3 años atrás, en ese momento, gracias a los rendimientos obtenidos por mi trabajo había conseguido acumular una suma de dinero considerable y mi entidad bancaria no cesaba de llamarme por teléfono, al menos una vez cada semana, para que contratara alguno de sus productos. Finalmente vencido por esta insistencia opté por ver que tenían tanto interés en ofrecerme.

Tras una primera visita y consultar las distintas alternativas a mi disposición opté por invertir mi dinero en un plazo fijo y en un depósito con un vencimiento a 30 meses. Sin embargo, en el momento de formalizar estas operaciones se me insistió con la palabra “diversificar” el capital invertido y se me ofreció una alternativa nueva: participaciones preferentes. Las condiciones bajo las que me fueron ofrecidas eran las que he indicado más arriba y, como gran desconocedor de los productos bancarios, me pareció que lo que se me estaba poniendo a mi alcance parecía ser una buena alternativa.

Tres años después aquella posibilidad se ha demostrado que no era la más acertada. Pero ¿por qué resulta tan frustante lidiar con este producto? La respuesta se debe a que la empresa, Catalunya Caixa, incumplió su promesa . No hay peor traición ni daño a los clientes que pueda llevar a cabo una empresa como es éste, incumplir con  prometido. Lo más curioso del caso es que, desde que estalló al asunto de las preferentes no he recibido ninguna llamada ni notificación de la entidad acerca que me informara acerca de esta situación ni de las alternativas a las que poder acogerme. Sin embargo, sí he recibido llamadas que me ofrecían la posibilidad de beneficiarme de las ventajas de nuevos servicios y productos bancarios.

La respuesta que desde la entidad se me ha venido ofreciendo desde mi entidad es que tenga paciencia, que espere, que todo se solucionará. Unas veces apelando a que están a la espera de una fusión bancaria: con el Santander o con el BBVA, otras a que espere a algún Decreto que promulgará el Gobierno, otras aludiendo a que es en Bruselas donde deben decidir acerca de cómo resolver el problema de los afectados por las preferentes.

La única solución tangible que se me ha ofrecido es que me acogiera a un préstamo que la propia entidad me ofrecía con un interés muy bajo. Parece de broma que lo que se me ofrezca es que le tenga que pedir dinero prestado al banco para que ellos me devuelvan el dinero que yo le he prestado. En definitiva, mi situación es la misma de otros muchos a quienes sólo se nos ofrece como posibilidad el hecho de poner una reclamación que, como el propio banco asegura, carece de validez y únicamente sirve para dejar constancia de un hecho del que ya la tienen.

Al igual que otros muchos familiares, amigos, conocidos y clientes de la directora de mi sucursal (recurso a la empatía al que debe hacer uso toda persona que trata con el cliente) sólo queda la posibilidad de esperar y que, como afectado, se alcance una solución justa por la que los afectados no paguen las injusticias de quienes decidieron comercializar un producto bajo unas promesas y unas condiciones que no estaban dispuestos a cumplir.

jueves, 14 de febrero de 2013

Alcohol en el Fútbol Inglés: Un Modelo Obsoleto del Futbolista Inglés


La relación entre alcohol y deporte no es algo  poco habitual, especialmente en Inglaterra y, más concretamente, entre sus futbolistas. Las juergas de muchos de sus mejores jugadores han poblado las páginas de los tabloides sensacionalistas británicos durante las últimas décadas. Un momento muy presente en la mente de los británicos se lo deben al mejor jugador de las islas en la década de los 60, el irlandés George Best, apodado el “Quinto Beatle”, quien legó una frase para el recuerdo: “En 1969 dejé las mujeres y la bebida, fueron los peores 20 minutos de mi vida”.


Esta relación del alcohol con el fútbol en Inglaterra suele asociarse al juego del que es originario: el rugby. Tras un partido de rugby tiene lugar el denominado “tercer tiempo” que hace referencia al encuentro que tiene lugar entre los jugadores de ambos equipos tras el partido en torno a litros de alcohol listos para ser engullidos después de una lucha sin cuartel que ha tenido lugar sobre el césped. Los futbolistas británicos también adoptaron esta costumbre y es frecuente encontrarse a los jugadores tomando unas cervezas con sus aficionados en los bares del estadio tras un partido o un entrenamiento. El genial futbolista holandés Dennis Bergkamp al poco de aterrizar en Inglaterra para formar parte de la plantilla del Arsenal afirmaba que lo que más le había sorprendido durante sus primeras semanas de contacto con el fútbol inglés era el olor a cerveza que se percibía en los entrenamientos matutinos. Hemos de tener en cuenta que por aquel entonces Tony Adams y Paul Merson formaban parte de aquella plantilla y terminaron por reconocer estar inmersos en una espiral de consumo incontrolable de alcohol.

El consumo de alcohol en Inglaterra es algo habitual entre los jóvenes. Es una imagen frecuente para cualquiera que pasea un viernes o un sábado por los pubs ingleses encontrase con jóvenes completamente borrachos. Los futbolistas ingleses no dejan de encontrarse en esa edad y adoptan los hábitos de ocio y consumo de sus semejantes. El consumo desmesurado de alcohol suele estar entre ellos. ¿Qué busca un deportista en el consumo de alcohol? La respuesta no es diferente a la del resto de consumidores, El imaginario social nos manda mensajes en los que el alcohol es presentado como una buena compañía para los buenos momentos y un buen remedio para superar los malos. Además, el consumo de alcohol y los momentos vendidos como propicios para ello ofrece una vía de escape de las rutinas y la monotonía.
El grado de interiorización del consumo de alcohol en la Premier es tan profundo que incluso un entrenador : Brian Clough, que fue capaz de alzar dos Copas de Europa con el Nottingham Forest, animaba a sus jugadores a tomar una copa de brandy antes de los partidos para templar los nervios antes de un partido. La lista de jugadores relacionados con el alcohol en Inglaterra puede alargarse con nombres como Alan Hudgson, Malcolm McDonald, Rodney Marsh, Jim Baxter, Joey Barton, Johnny Evans… Pero, sin lugar a dudas, si inmediatamente relacionamos alcohol y fútbol inglés el primer nombre que pasará por la cabeza de un británico será el de Paul Gascoigne.

Paul Gascoigne fue el jugador con mayor calidad técnica de su generación. Dotado de una técnica exquisita, una capacidad para leer el lugar al que llegaría el balón segundos antes que el resto de jugadores que estaban en el césped, un visión de juego que le permitía dar pases en unos ángulos sorprendentes y el elemento que singularizaba: los cortos sprints que realizaba para adelantarse a jugadores más rápidos que él antes de recibir la pelota. Sin duda alguna, un talento sobrenatural para el fútbol, más aún en Inglaterra en donde primaba el fútbol físico y de combate en donde un jugador técnico al estilo europeo era considerado un rara avis. Tal era su nivel que se convirtió en el jugador más joven en debutar con el Newcastle en la Premier a la edad de 17 años, record que un par de décadas después superaría otro superclase como Wayne Rooney.

Los inicios de la carrera futbolística de “Gazza” (así era conocido entre los aficionados) estuvieron marcados por el cariño de una afición inglesa que le tenía simpatía a aquel joven indisciplinado, un poco gordito (consecuencia de su adicción al chocolate) tras ser rechazado por Bobby Robson que había crecido en un entorno tan complicado como el que podía encontrarse en Gateshead en el seno de una familia de clase baja y que, además, tenía que lidiar con una larga enfermedad del padre que terminó con su muerte cuando Paul contaba con apenas 12 años.

La predilección de la afición inglesa hacia la joven promesa comenzó con una imagen que invadió la prensa inglesa, en un enfrentamiento ante el Wimbledon, en la que el defensa más duro de la Premier: Vinnie Jones, que había saltado al campo con la misión de secar su juego, le agarraba de los testículos después de susurrarle al oído “Me llamo Vinnie Jones y soy gitano. Te voy a arrancar la oreja con los dientes y la voy a escupir en la hierba. ¡Estás solo, gordo, conmigo!”. Al término de la temporada Gascoigne recibió el premio al mejor jugador joven de la Premier y fue traspasado al Tottenham  por dos millones de libras, convirtiéndose en el traspaso más caro de la historia del fútbol británico hasta 1988.

Su primera temporada en el equipo londinense fue sencillamente espectacular. Aún se recuerdan por Withe Hart Lane sus galopadas repletas de fuerza mientras conducía el balón y ningún defensor era capaz de arrebatarle la pelota que permitió a su equipo alcanzar la final de la FA Cup y a él debutar en la selección inglesa en un partido ante Dinamarca de la mano de quien años atrás no había visto en él a un chico capaz de jugar al fútbol al más alto nivel: Bobby Robson. En su segunda temporada su nivel futbolístico no decayó lo que le valió una plaza para el mundial de Italia’90.

A finales de los 80 y principio de los 90 Italia era el epicentro del fútbol mundial. En su liga se encontraban los mejores equipos del continente, el Milán de los holandeses Van Basten, Gullit y Rijkaard que de la mano de Arrigo Sacchi asombraba a Europa, un Nápoles con el talento de Maradona, el Inter más alemán de su historia con Klinssman, Matthaüs y Brehme, la Sampdoria dirigida por Boskov con jugadores como VialliMancini o Pagliucca…  en definitiva era el lugar donde todas las grandes estrellas debían estar para mostrar su talento, más aún durante el verano del 90 en la disputa del mundial.

Cierto es que este mundial de fútbol no es recordado por  su nivel futbolístico ya que dejó mucho que desear, pero sí es recordado por la aparición de futbolistas que, a partir de entonces, formarían parte de los grandes nombres del fútbol internacional. Junto a los ya consagrados Maradona, Caniggia, Matthaüs, Careca, Baresi, Stojkovic, Francescoli, Lineker, Van Basten… descubrimos este verano a futbolistas como el camerunés Roger Milla, el portero más excéntrico que se recuerda, el colombiano René Higuita, el menudo centrocampista alemán Thomas Hassler o el caballo loco coreano Kim Joo-Sung.

Si le preguntáramos a un aficionado inglés qué recuerda de aquel mundial nos respondería, sin lugar a dudas, las lágrimas de Paul Gascoigne en la semifinal que enfrentó al conjunto inglés frente a Alemania en el mejor partido de la cita mundialista. El partido terminó empate a un tanto y tuvo que resolverse en los penaltis que finalmente dieron el pase a la final a la selección teutona. Las lágrimas de Paul no manaron tras la fatídica tanda de penaltis, sino minutos antes del final del partido cuando, tras cometer una falta absurda el árbitro le mostró la cartulina amarilla. En aquel momento rompió a llorar al ver que el sueño de todo futbolista: disputar la final de un Mundial, se le escapaba de las manos ya que esa amonestación implicaba que no podría disputar el siguiente partido.  El aficionado inglés vivió como suyas las lágrimas de su futbolista más talentoso.

Curiosamente, estas lágrimas se convirtieron en el punto de inflexión que determinaría la carrera del futbolista. Al volver de Italia Gazza era todo un ídolo nacional, llegando a firmar nada menos que 28 contratos publicitarios en apenas 6 meses. Incluso grabó una canción que alcanzó el segundo puesto en la lista de ventas británica. A partir de aquí todo se torció. Los problemas de indisciplina de Gascoigne fuera del terreno de juego seguían siendo vistos con simpatía ya que simplemente se trataba de un futbolista “diferente”. Sin embargo, la lesión de ligamentos que sufrió en la final de la FA Cup de 1991 frente al Nottingham Forest al intentar al intentar frenar bruscamente a un rival le haría entrar en un bucle de lesiones del que ya no se recuperaría jamás. Curiosamente, la lesión se produjo una vez que su equipo, acuciado por graves problemas económicos, había llegado al acuerdo con el Lazio de Roma de traspasarlo por 1.500 millones de pesetas.

Finalmente el traspaso tuvo lugar, pese a que Gazza estuvo todo un año en blanco, ya que mientras se encontraba en pleno proceso de recuperación un altercado que sufrió mientras estaba borracho en una discoteca de Newcastle en el cual besó el suelo provocó que recayera de la lesión de la que estaba a punto de recuperarse. No debutó de manera oficial con el conjunto romano hasta el mes de septiembre de 1992 en un partido ante el Génova en el que estuvo 45 minutos sobre el campo, justo el tiempo necesario para que el defensor italiano Bertolazzi pusiera a prueba su maltrecha rodilla. Prueba que no resistió.

Los médicos del equipo trataban de buscar la causa de tanto problema óseo del futbolista. Descubrieron que su sobrepeso influía notablemente en su propensión a lesionarse y, encontraron la causa del mismo en la sobrealimentación que había tenido durante su infancia ya que su madre le hacía tomarse varios comprimidos de complejo vitamínico cada día. Unido a este factor los médicos tenían que lidiar con los excesos con el alcohol del inglés que, como sabemos por estudios recientes, induce la pérdida de masa ósea aumentando el riesgo de fractura y dificultando sus procesos de regeneración haciendo que el proceso de recuperación sea más lento. Con todo, Paul apenas llegó a disputar 47 partidos en tres temporadas y, los directivos y aficionados, cansados de sus extravagancias fuera del terrenos de juego (como el cabezazó que le propinó a un fotógrafo), vistas de cualquier manera menos divertidas, pensaron que la mejor decisión era deshacerse de sus servicios. Finalmente lo traspasaron al Glasgow Rangers.

En Escocia Gazza recuperó de nuevo un gran nivel de juego aunque su comportamiento extradeportivo no cambia un ápice, pero él sabe que el público de las islas es mucho más condescendiente con él que el público italiano. Tal es su nivel de juego que es nombrado mejor jugador de la liga escocesa y vuelve a ser indispensable para el equipo nacional que debe afrontar como local la Eurocopa del 96 en la que Gascoigne es elegido dentro del equipo ideal del torneo y suyo es el mejor gol del campeonato conseguido en el partido inaugural frente a Escocia. Todo después del sonado incidente por los destrozos en un avión a la vuelta de un miniconcentración de la selección antes del torneo.


Su popularidad vuelve a sus niveles más altos y su boda con Sheryl Kyle, después del torneo, se convierte en el acontecimiento social del año. Las imágenes de la boda en que ambos contrayentes visten de blanco aparecen en todos los kioscos del país y acaparan horas de televisión en los medios británicos. Tres meses después, estas imágenes idílicas son sustituidas por otras en las que Sheryl aparece con el rostro hinchado y amoratado víctima de los golpes de su marido.


La carrera de Paul no hará sino caer en picado a raíz de este incidente, más aún cuando se queda fuera de la lista de su selección para participar en el mundial de Francia. Sus problemas con el alcohol se agudizan y no hará otras cosa que deambular de equipo en equipo: primero el Middlesborough, después el Everton, el Burnley, un equipo Gansu Tiama de la liga china, para terminar su carrera en el Boston United de la tercera división. En su retirada ya afirmaba que era un alcohólico y sesometió a varios procesos de desintoxicación, como ya hiciera años atrás después de estrellar el autobús de su por entonces equipo, el Middlesborough, contra un poste mientras conducía borracho.

Hace unos días, volvían a saltar las alarmas acerca de la denuncia de que Gascoigne necesitaba ayuda urgente, tanto económica como sanitaria, para tratar su enfermedad, hoy permanece ingresado en una clínica de Arizona en una nueva oportunidad de redención para alguien capaz de afirmar que sus únicas virtudes son “La cerveza, el chocolate y las mujeres”. Gascoigne es la imagen de la destrucción que podía originar la presión social en los futbolistas de otro tiempo, algo que hoy, por suerte se trata de prevenir en las escuelas de fútbol de toda Europa y más aún en Inglaterra son, gracias a la llegada de técnicos y futbolistas extranjeros el grado de profesionalización y de ejemplaridad en el comportamiento de los futbolistas se ha llevado más allá del terreno de juego gracias al la influencia de otros modelos futbolísticos diferentes que llegaron a la liga inglesa con la llegada de Arsene Wenger, Zola, Bergkamp, Henry, Vialli, Rafa Benítez, Jose Mourinho, Silva, Torres…

FUENTES CONSULTADAS
SIMON KUPER "Fútbol contra el enemigo" Editorial Contra. 2012

ENTRADAS RELACIONADOS
"Alcohol y deporte: borrachos de primera división" (enlace)

viernes, 8 de febrero de 2013

Nacidos para ser Felices



La búsqueda de la felicidad es una idea universal que mueve la conducta humana. Junto a la idea de felicidad surgen numerosas preguntas: ¿qué es?, ¿¿es un estado de bienestar constante o se trata de un sentimiento referido a un breve lapso de tiempo?, ¿su consecución es una quimera?, ¿por qué unas personas son más felices que otras?...

Estas y otras muchas preguntas han rondado la mente del ser humano a lo largo de sus miles de años de historia tratándose de uno de los universales culturales. Desde los pensadores del más antigua Egipto, los pensadores de la época clásica en Grecia y Roma, filósofos orientales y todas las religiones del mundo han hablado de la felicidad. Añadiendo una serie de valores, creencias y normas de conducta que debían vertebrar la conducta humana de para alcanzar la deseada felicidad.

En la actualidad, estas preguntas siguen sin obtener respuesta, lo que sucede es que hemos buscado en una fuente alternativa las respuestas: la ciencia. Para ser más precisos en la biología evolutiva y la genética. Los interrogantes que se plantea la ciencia se han centrado en buscar nuevas respuestas a la hora de resolver el enigma de la felicidad, centrándose en el funcionamiento del organismo más que en los estímulos externos presentes en el entorno. Para ello han centrado su atención en el funcionamiento del cerebro.


Los resultados obtenidos en los distintos experimentos y hechos observados han llegado a convencer a numerosos científicos de que las diferencias individuales en los niveles de felicidad se deben en un primer momento a causas genéticas, a lo que hay que incorporar el ambiente en el que estas personas viven y al azar. Para aclarar esta idea, pensemos en la película “Tú a Boston y yo a California” en la que dos hermanas gemelas son separadas al poco tiempo de nacer ya que sus padres se separan y cada una de ellas se va a vivir a lugares diferentes: una de ellas con su madre y la otra con el padre. La película muestra cómo cada una de ellas ha crecido en entornos diferentes cada uno de ellos con sus carencias y, sin embargo, ambas muestran niveles de felicidad semejantes. Por tanto, si dos personas, idénticas gen a gen como es el caso de las gemelas,  que se han criado en entornos opuestos son capaces de dar muestras de entusiasmo y optimismo en niveles similares la explicación a ello sólo puede ofrecérnosla los genes.

Diferentes estudios realizados por Nancy Seagal, David Lykken, Auke Tellegen y Emmanuel De Neve para las Universidades de Londres, California y Harvard permiten que se pueda llegar a afirmar que la tercera parte de nuestra felicidad está determinada por nuestra dotación genética y que está dotación es la determina el umbral mínimo de felicidad. Este umbral hace referencia al nivel básico de felicidad con el que encaramos el día a día sin tener en cuenta las circunstancias externas ni el nivel económico, ni educativo, ni el sexo, ni la edad, la raza… Es ésta la razón por lo que puede mostrarse más feliz una persona con escasos recursos económicos que otra que posea una gran fortuna o que un barrendero sea más feliz que un futbolista profesional. Todo ello porque las circunstancias externas pueden aumentar nuestros niveles de felicidad sólo durante un período de tiempo limitado. Una persona agraciada por un gran premio en la lotería será más feliz los seis meses siguientes tras los cuales volverá a los niveles de felicidad que tenía antes de ser agraciada con el premio.

Existe un nivel que determina los niveles básicos de felicidad. Los genetistas dicen que estos niveles guardan relación con la presencia de un gen llamado 5HTTLPR o gen de la felicidad. Este gen tiene como misión codificar unas moléculas situadas en las membranas de la neuronas y regular la cantidad de serotonina determinando los procesos de transmisión de información entre las neuronas. De este gen existen dos versiones, uno con una secuencia larga y otro con una secuencia corta. Las personas que poseen en su dotación genética la secuencia larga segregan abundantes cantidades de serotonina con lo que son propensas a ser más felices. Mientras que quienes poseen la secuencia más corta producen una menor cantidad de serotonina tendrán unos niveles de satisfacción más bajos.


No sólo la dotación genética determina el nivel de felicidad. La capacidad del ser humano de regular sus emociones también es un factor de gran influencia. Los individuos que muestran niveles de actividad superiores en la parte izquierda de la corteza prefrontal son más optimistas y entusiastas que aquellos que activan en mayor medida la región derecha. La razón está en que la región derecha está vinculada con la generación de pensamientos negativos y estresantes.

A partir de ahora, podremos acusar a nuestros progenitores de impedirnos ser felices. No ya por no dotarnos de los recursos económicos, materiales, de oportunidades que consideremos mínimos para vivir en un estado de equilibrio entre nuestro organismo y el entorno, sino por poseer una biología inferior que nos hace inferiores o, por el contrario, habernos dado la oportunidad de ser felices con tan poco.

FUENTES CONSULTADAS
LUIS MIGUEL ARIZA “¿Heredamos la felicidad?”. El País Semanal
FRANCISCO MORA TERUEL “¿Diseñados para ser felices?” Revista Redes para la ciencia, Nª21

lunes, 4 de febrero de 2013

La Educación como Camino de Salvación



Con un nuevo comienzo de mes se publican los datos del número de desempleados en España. Para no perder costumbre, este mes, amanecemos con la noticia de que más de 130.000 personas han pasado a engordar las ya de por sí desbordantes cifras que se repiten como un sonsonete en la conciencia de la sociedad española.

Estos datos, unidos a las reflexiones que me provocó el programa de la nueva temporada de “Salvados” han sido el punto de partida de este post. En el programa de televisión emitido la pasada noche del domingo se hablaba del tema de la educación recurriendo a un análisis comparativo entre el sistema educativo español y el sistema educativo de Finlandia, considerado el mejor del mundo. El sistema educativo español se nos presentaba como un sistema anquilosado, víctima de los recortes presupuestarios y del capricho político debido a sus continuas reformas, que impiden que sea considerado como algo propio de la comunidad o el entorno en el que se instaura.


En España, vemos que el modelo educativo trata de centrarse en el control, es decir, que los estudiantes se encuentren, durante un número de horas al día, refugiados en un entorno cerrado, aislados de su entorno más inmediato, y cuya calidad se mide únicamente en base a los resultados obtenidos en las distintas pruebas de evaluación que las diferentes inspecciones educativas realizan de forma periódica. El objetivo del sistema educativo en España, al menos desde las instancias ministeriales y directivas de los centros, apuesta por lograr que los alumnos puntúen lo más alto posible en estas pruebas. La práctica educativa gira en torno a esa palabra tan temido por los estudiantes: “control”.


Por el contrario, se nos presenta el caso de Finlandia en donde lo primero que llama la atención, en comparación con España, es contemplar (al margen de la gratuidad total de la enseñanza) cómo los centros carecen de barreras arquitectónicas que los separen de su entorno. El centro educativo es visto como un espacio más de la comunidad y abierto a la vista de todos con lo que se lanza el mensaje de que la tarea pedagógica no corresponde únicamente a los profesores y al personal del centro educativo, sino que es tarea de toda la comunidad. Junto a este primera diferencia otros hechos que resultan llamativos era el descubrir que los alumnos disponen de 15 minutos de descanso por cada hora en los que pueden disfrutar de sus juegos preferidos en el patio de la escuela, contemplar cómo los maestros comen con sus alumnos y cómo recurren a diferentes elementos para identificar que los alumnos están comportándose de una forma “inadecuada”. Un semáforo, situado en e l comedor escolar, indicaba con el cambio de unas luces cuándo el ruido excedía los niveles aconsejables. En España la manera más habitual para evitar que el alumnado deje de hacer ruido es gritar por encima de este nivel de ruido a fin de atemperarlo. Curioso método el nuestro.

Pero frente a estos detalles la diferencia de praxis que mejor podíamos contemplar la teníamos al comprobar cómo el sistema finlandés no recurre a un modelo de control, sino que opta por un modelo basado en la confianza de las personas encargadas de implementarlo: los profesores. El pasado 30 de enero apareció en el diario La Vanguardia una entrevista a SimonDolan que hacía referencia a la importancia de la confianza a la hora de gestionar una organización. Para ello ponía el ejemplo de la política empresarial de la empresa Sony que emplea la siguiente máxima “Primero satisfacer a mis empleados, después a mis clientes y por último a los accionistas”.

Este lema, aplicado a la cuestión educativa nos dice que lo primero que hay que hacer es dar valor a la figura del maestro. Darle confianza para que pueda demostrar la pasión por su trabajo, darle la educación de nuestras generaciones más jóvenes a aquellos que realizan su tarea sin mirar las cifras de su nómina a final de mes. Si el único incentivo que s ele ofrece al profesorado es un salario elevado a final de mes, llegará un momento en el que su rendimiento caerá y su búsqueda de la excelencia se abandone, es un ejemplo más de la Teoría de la Motivación de la U invertida. El punto de partida de cualquier sistema educativa junto con el logro de que ésta sea universal, gratuita y accesible a todos los ciudadanos es el que facilite a los profesores y al resto de agentes sociales su participación en la labor pedagógica. Dotándoles de los recursos necesarios para poder desarrollar su labor y que introduzcan elementos innovadores en la praxis educativos, siendo tolerantes con el hecho de que quizá algunos de ellos no funcionen o no ofrezcan los resultados deseados.

Recuperar la pasión del profesor por su trabajo llevará a éste a buscar nuevos caminos en su trabajo educativo siento el deseo de explorarlos, viendo así su tarea como un juego en el que a mayor esfuerzo, mejor lo hace y más disfruta con ello. Estas ideas no son únicamente válidas para el sistema educativo español, sino que deben ser tenidas en cuenta en los modelos de gestión empresarial. Olvidar  la ya desfasada máxima empresarial ,a propio de una época de industrialización masiva y de extensión de los mercados ,  que decía que lo importante era ser capaces de fabricar lo máximo con el menor número de recursos. Esto ya no funciona, es el tiempo de que la empresa se esfuerce por cumplir con sus objetivos y de centrarse en, de una vez por todas, empezar a cumplir la misión con la que ésta fue creada (no olvidemos que toda empresa surge desde un propósito solidario: ofrecerle algo que la sociedad necesita) y menos pendientes de una cuenta de resultados que siempre debe tener el volumen de beneficios necesario para llenar el bolsillo de los menos a costa del romper el bolsillo de los más. Hasta entonces, en mi modesta opinión, los datos del paro no mejorarán y nuestra cultura del trabajo seguirá enquistada en el modelo de la Revolución Industrial.

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