sábado, 29 de diciembre de 2012

Relaciones de Pareja: Del Enamoramiento a la Rotura del Hechizo


Rodeado como me encuentro en el Kiosnacio de revistas del corazón he caído en la cuenta de que hasta el momento no he tratado el universo del amor y las relaciones de pareja. Si bien es cierto que algunos post han hecho referencia al poder del deseo sexual y de la atracción en las relaciones sociales y laborales, falta ahondar en los esquemas básicos del amor.

El primer paso sería definir el concepto de amor, tarea que delegaré en poetas y líricos que tantas veces a lo largo de la historia le han cantado y rondado, aunque aportaré mi granito de arena ofreciendo la que recogí en un curso sobre relaciones de pareja que ofertó la Universidad de Salamanca y que decía que el amor es el estado de equilibrio de los pilares que sustentan una relación: deseo, intimidad y compromiso. Tengamos presente la diferencia entre una relación de pareja sustentada en el amor y otra que se encuentra en sus albores, inmersa en plena fase de encantamiento, en la que pensando en la persona amada no se hace necesario dormir para estar soñando.

Esta primera etapa de una relación de pareja se sustenta únicamente en la atracción. Los miembros de la pareja se siente fuertemente atraídos ya que obtienen el uno del otro inversiones sentimentales complejas: me ama, es amable, es atento, es cortés, es cariñoso… Lo más importante en esta fase es estar con la otra persona, porque en su compañía uno se siente más e incluso se trasciende a sí mismo. Se vive en esta etapa la vida de uno y la que representa en su mente en compañía de la persona amada.

Superada la fase de atracción se activa el deseo. Deseo despertado por que se ha alcanzado la certeza de haber encontrado a nuestro príncipe azul o la princesa de nuestros sueños. En esta etapa ya no nos contentamos con la admiración hacia el ser amado, sino que incorporamos el aprecio y la sobrevaloración de todo lo que nos sucede. Durante este tiempo apreciamos todo lo que nuestra pareja es capaz de hacer aunque antes de conocerle detestásemos esos comportamientos que ahora en él desatacamos. Cuántas chicas adolescentes no se han enamorado del macarra de turno tan alejado de los estereotipos de príncipe azul que las películas Disney trataban de inculcarle. Me vienen a la mente iconos adolescentes como Quimi de la serie Compañeros, Dylan de Sensación de Vivir o, uno más actual, Mario Casas interpretando el papel de Hache en Tres metros bajo el cielo.


El deseo da paso a la formación de certezas, es decir, a la creación de una atmósfera de seguridad en las que las rutinas se instalan. La incertidumbres se diluye y lo que queremos es encontrar un estado de equilibrio y de previsibilidad en el otro y en las tareas que compartimos. Descubrir algo nuevo en el otro o hacer cosas diferentes deja de ser visto como algo divertido. Queremos saber lo que haremos, a dónde iremos, con quién compartiremos el tiempo y cuánto tiempo dedicaremos a cada una de las tareas. Las expectativas se han apoderado de la relación y demandamos al otro ciertas acciones como si fueran nuestros derechos y sus deberes para con nosotros. El altruismo de la etapa inicial ha desaparecido, ya no se aprecia una conducta, una palabra, un gesto como un regalo, como un acto generoso que el otro tiene conmigo, sino que su desaparición es interpretada como un incumplimiento de una obligación como pareja. La desilusión se instala en la pareja y la tonalidad rosa con la que se veía la relación muta a colores menos luminosos.


Lo que hasta hace poco amábamos se transforma en motivos de despreciorechazo. Tratamos como negativo todo lo que nuestra pareja hace. Es, en este momento, cuando la pareja está a punto de atravesar la frontera que determinará el devenir de su futuro en común. Todo parece dirigirse hacia la separación. Las valoraciones del otro y sus reciprocidades son todas de carácter negativo. El gesto que antaño nos despertaba ternura, ahora sólo nos genera asco. El tiempo de encuentro ha dejado de asociarse al placer para hacerlo con el sufrimiento. Pero no todo está perdido. Es posible, aún habiendo traspasado la frontera, reconducir la relación. La condición a cumplir es reconducir la situación hacia un estado de neutralidad, es decir, salir del bucle de negatividad sin por ello entregarse al otros extremo del mundo color de rosa. Desde este estado neutral será posible hacer un balance más ajustado a la realidad de la relación y comenzar a idear soluciones que pasarán por la puesta en práctica de nuevos comportamientos.


2 comentarios:

  1. Interesante entrada sobre el amor en la pareja. Una definición kantiana de amor sería "convertir en mios los fines de otro" esto estaría relacionado con el pilar del compromiso que mencionas. ¿Cómo saber si realmente se ama a alguien? la respuesta que nos pueda dar una pista es: amar a una persona es querer hacer cosas juntas con ella.

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    1. Buena pregunta que sólo puede ofrecer respuestas inciertas o, mejor dicho, incompletas. Acaso ¿amamos todos de la misma manera?, ¿decimos todos qué amamos con las mismas palabras? ¿qué hechos tornan creíble a la afirmación: "te amo"?... Como decía Saint-Exupery, complementando la respuesta que das, "amor no es mirarse el uno al otro, sino mirar juntos en la misma dirección".

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