martes, 30 de octubre de 2012

Paleodieta: Comer como Nuestros Antepasados

Nuestra dieta tiene repercusiones directas sobre nuestro estado de ánimo y en la predisposición a mantenernos activos y a relacionarnos con el entorno y nuestros semejantes. Las reacciones de nuestro organismo no son similares después de consumir un vaso de agua que una copa de whisky o un refresco, simplemente las demandas de actividad a la que se ve sometido es diferente. De este modo, encontramos que existen alimentos como los azúcares refinados, los lácteos, granos o los carbohidratos que bloquean el funcionamiento de nuestro organismo, llevándonos a estados de ira, malestar, agresividad, cambios de humor… En definitiva, los alimentos que consumimos pueden dar lugar a que vivamos episodios de inestabilidad emocional.

Seguir una dieta equilibrada nos garantizará estados prolongados de bienestar, de equilibrio emocional y una mayor protección frente a las enfermedades. Diferentes nutricionistas, antropólogos, médicos y terapeutas han señalado la necesidad de volver a una dieta centrada en el consumo de proteínas y grasas, en la que la presencia de carbohidratos es muy reducida, lo cual consideran como el modelo óptimo de alimentación. A este modelo lo han llamado: Paleodieta. El argumento fundamental que defiende esta teoría es el que el seguimiento de esta dieta es el que ha permitido al Homo Sapiens desarrollarse hasta lo que es hoy, pues ésta es la dieta que hemos seguido a lo largo de más del 90% de nuestra historia como seres humanos.

El Paleolítico es la etapa más larga de nuestra historia como seres humanos, extendiéndose alrededor de 2,5 millones de años, en donde nuestra alimentación como especie se centraba en lo que éramos capaces de recolectar y cazar. No existía la agricultura y nuestra dieta se componía de los frutos secos, fruta, raíces y tubérculos que recolectábamos. La caza no fue el soporte fundamental de nuestra dieta, al menos durante los primeros años del Paleolítico, hasta la aparición del hombre de Neanderthal que desarrolló sobremanera el arte de la caza, gracias a su capacidad para fabricar armas y dominarlas,  propiciando un aumento de la presencia de grasas en la dieta , lo cual se reflejó en el acortamiento de su tracto digestivo, en su desarrollo físico y en el tamaño del cerebro de los miembros de esta especie (contaba con una cerebro mayor que el del hombre actual).

La Paleodieta lleva consigo no sólo el seguimiento del régimen alimentario basado en proteínas y grasas, sino que lleva consigo la adopción de un conjunto de hábitos que con el desarrollo cultural, social, industrial y tecnológico llevados han caído en desuso. Es necesario recuperar el ejercicio físico que hacían nuestros  antepasados, no tenemos que salir a cazar nuestra comida ni a recolectarla, pero sí debemos caminar, correr, trepar, volver a entrenar a nuestro cuerpo con los ejercicios que durante generaciones llevamos a cabo. Volver a mantener el contacto con la naturaleza, que nuestra piel vuelva a estar en contacto con la luz del sol, comer con hambre, beber con sed…


¿Para qué consumir alimentos que nos debilitan? Es el interrogante que plantean los defensores de la paleodieta  a los detractores de este modelo. Un consumo elevado de carbohidratos y lácteos es, para los defensores de la dieta paleolítica desaconsejable, ya que estos nutrientes los hemos incorporado desde hace relativamente poco a nuestra dieta y aún no se han producido los cambios evolutivos necesarios para adaptarnos a ellos. Por ello, que su consumo conduzca a la hinchazón del tracto digestivo, una mayor propensión a sufrir enfermedades cardiovasculares, la aparición de cefaleas, a experimentar estados de ánimo desagradables y al desarrollo de las adicciones (azúcar, tabaco, alcohol) debido a los cambios en los patrones de consumo que hemos llevado a cabo durante las últimas décadas. Nuestro cuerpo aún está programado para vivir en la escasez y fomentar la búsqueda continua de alimento. Hemos de tener presente que, al igual que la mejor carne, el mejor ser humano, el más sano., el más apetecible, es aquel que experimenta el placer de correr libremente en la naturaleza.

FUENTES CONSULTADAS
CARLOS PÉREZ “La Paleovida. La dieta con la que conseguirás mejorar tu vida” Ediciones B
IRINA MATVEIKOVA “Inteligencia Digestiva” La Esfera de los Libros
LOREN CORDAIN y JOEL FRIEL “Paleodieta para deportistas” Ediciones Desnivel

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"Sociedades Agrícolas y Conducta Sexual: Infieles por Naturaleza" (enlace)

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