miércoles, 3 de octubre de 2012

El Conductismo de Mourinho


Jose Mourinho se ha convertido en los dos años que lleva al frente del Real Madrid en el líder del equipo. Líder porque ha sido capaz de situar al conjunto blanco en el centro de atención de los medios, ha conseguido que continuamente se hable del Real Madrid y su nombre si difunda por todo el mundo. En esto el portugués se ha mostrado como una figura impagable por la cantidad de horas y espacio que ocupa el Real Madrid en los medios desde su llegada. Sus continuas polémicas, sus triunfos con el equipo y su extraordinaria capacidad  para estar en boca de todos hacen de él una fuente inagotable de ingresos para el conjunto merengue.

El portugués se ha valido de un método psicológico para conseguir este poder: el conductismo. El conductismo, enunciado por el psicólogo Skinner, sostiene que si soy capaz de controlar el ambiente soy capaz  de controlar la conducta. Para ello Mourinho ha conseguido modificar el organigrama del Real Madrid y traer al vestuario a aquellos jugadores que no sólo van a cumplir con lo encomendado en el terreno de juego, sino que han de ser quienes acaten y muestren al resto de compañeros la sumisión a una metodología de trabajo y una forma de proceder frente a la que no es posible la discrepancia. Éste es el papel que cumplen en el vestuario de Valdebebas jugadores como Coentrao, Essien, Pepe, Di María, Carvalho, Ronaldo…

La premisa de Mourinho es sencilla: puedo controlar el comportamiento de mis jugadores si controlo los estímulos que les envío. Por eso ante la menor conducta discrepante el código disciplinario del entrenador le dicta que ésa conducta se paga con la exclusión de la dinámica habitual de quien se rebela o quien se sale de lo pactado. El postulado básico de Mou es fácil de entender: pide a sus jugadores entrega incondicional, estableciendo por ello un conjunto de recompensas a quien se la ofrece y castigos a quien osa cuestionarla. Lo vemos en el caso actual de Sergio Ramos, no hace mucho con el deseo del portugués de que Kaká se marchase del equipo, lo mismo que con Carvalho, o los ataques en el pasado en rueda de prensa contra jugadores concretos en rueda de prensa. El peligro de éste método, es alterar el procedimiento para la obtención de recompensas y castigos.

Desde el banquillo del Madrid se trabaja la superficialidad, no pretende establecer vínculos fuertes con sus jugadores y que crean en los valores que el pronuncia. Mou no desea la convicción, sino algo más visceral, apasionado y emocional como es la entrega, la valentía y el orgullo. Quiere, como buen general, que sus huestes se entreguen sin dudar a la causa, en la competición no hay lugar para reflexiones o motivos ajenos a lo que sucede en el campo de batalla. Para Mourinho sus jugadores, son sólo eso, jugadores que están a su merced dentro de un rectángulo de cal, fuera de allí no hay lugar para vínculos. El riesgo, que la privación emocional establecida por el entrenador termine por languidecer la lealtad de sus jugadores e incluso de los aficionados que cada partido llenan el Bernabeu.

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