martes, 23 de octubre de 2012

La Violencia en la Cultura: Espectadores y Consumidores del Sufrimiento

Se estrenó en la Semana de Cine de Valladolid la película italiana “Diaz, no limpiéis esta sangre”. En ella se recrean la carga policial llevada a cabo por la policía italiana en el colegio Diaz de la ciudad genovesa donde se alojaban manifestantes antiglobalización de todo el planeta con el fin de manifestarse en Génova en 2001 con motivo de la reunión del G8 que allí se desarrollaba. En la película, rodada en formato documental, se recrean escenas donde la violencia sacude directamente el estómago del espectador. En ella se rememora la muerte del activista Carlo Giulani a manos de la policía


Estas imágenes me han recordado las que hace apenas un mes se vieron en España el 25 de Septiembre en las afueras del Congreso de los Diputados. Pero, más que las imágenes de se día. lo que induce a reflexión es el seguimiento mediático dado a la concentración que cuatro días después por parte de los medios de comunicación, los cuales hicieron un seguimiento desproporcionado no por la trascendencia de los motivos de la protesta, sino por el morbo de la audiencia de poder ver de nuevo incidentes violentos como los que se habían vivido unas horas antes. Indepednientemente del contenido ideológico o político de la protesta el interés estaba en ofrecerle al espectador un nuevo espectáculo de violencia, rebelión y poder, todo ello sin implicaciones personales y del que poder disfrutar sin tener que levantarse del sofá.



La crueldad que aparece en un libro, una película o en cualquier obra de arte puede presentarse con el propósito de despertar un cambio emocional en el espectador, escandalizarle, que reflexione y deje de comportarse pasivamente. Escenas como la violación de Monica Bellucci en “Irreversible” buscan la movilización del espectador, revolver en su interior e incomodarle. Frente a estas escenas algunos espectadores deciden marcharse y mostrar su indignación por el espectáculo contemplado. Resulta curioso, ya que, probablemente, haya acudido a verlo movido por el morbo de lo que espera encontrar. Está esperando poder disfrutar de una violencia que va dirigida a él y forma parte de la trama porque sabe que va a exponerse a ella.

El sufrimiento no sólo aparece en el arte sino que impregna nuestra vida cotidiana. No hay dolor sin espectador, el drama doloroso necesita de alguien que lo contemple. El espectador es un consumidor de dolor, de un sufrimiento que no le afecta de manera inmediata. Un ejemplo lo tenemos en las corridas de toros donde la muerte se convierte en espectáculo, donde quien observa paladea el dolor en cada calada al puro que se está fumando. La muerte y el sufrimiento del toro se convierte en algo bello: la belleza de la crueldad del ser humano. Sin embargo, no le parece igual de bello al mismo espectador la embestida del toro cuando el pitón zarandea al torero por los aires, ya que la activación de la empatía bloquea el proceso de percepción y de significación de lo bello.


La escena del torero tras la embestida tiene mucho de quien se sabe observado, puesto que tiene que tomar una decisión: seguir en el ruedo o ir a la enfermería. El torero no actúa sólo en consonancia con el dolor que percibe y la experiencia recién vivida, sino que, al saberse el centro de atención de muchas miradas, tiene en cuenta las valoraciones y expectativas del público que le rodea. Es el espectáculo de lo cruel, del dolor y del sufrimiento, cada cultura tiene el suyo: el boxeo, las peleas de gallos, el asesinato de un joven de color a mano de la policía, la muerte de un concejal a manos de un grupo terrorista… unos de carácter irreversible, en los que la muerte no tiene marcha atrás y que sacuden el orden moral de la sociedad. Otros en los que la muerte y el sufrimiento son una representación que desaparecen en el momento en el que cambiamos de canal. Todos compartiendo el ser un modelo de conducta para evitar el daño, para posicionarse con el bueno o con el malo, para saber cómo comportarse si se quiere estar en un bando u otro.

FUENTES CONSULTADAS
JAVIER MOSCOSO "Historia cultural del dolor" Taurus. 2011.
JOSÉ OVEJERO "La ética de la crueldad" Anagrama 2012


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