lunes, 24 de septiembre de 2012

Cultura del Dolor: Dolor en cada Parto


Hace unos siglos una de la causa más común de muerte entre las mujeres era que ésta se pusiera de parta. El dolor al que se enfrenta una mujer durante el parto es tenido como uno de los más inhumanos, es más, se trata, dentro de la tradición cristiana, como un castigo divino como consecuencia del pecado original y la consiguiente expulsión de Adán y Eva del paraíso.

Esta experiencia que únicamente experimentan las mujeres debido a su condición sexual, vió como durante siglos se recurría a remedios populares de lo más curioso para aliviarlos: consumo de licor, brebajes preparados con cabezas de ciervo o con vino y especias, relicarios en el cuarto de las parturientas, realización de promesas, rezos, encargar misas… El dolor del parto era tenido como un trance inevitable que toda mujer debía experimentar sin buscar recursos externos para afrontarlo, así tardó tiempo en implantarse el uso del cloroformo durante el alumbramiento ya que era contrario a los mandatos divinos.

Al igual que el uso de remedios para aliviar el dolor en el parto, la presencia de hombres durante el mismo estaba censurada. El parto era una cosa de mujeres y los hombres estaban excluidos de él. La presencia del hombre en el parto no fue habitual hasta el siglo XVIII, cuando los conocimientos de medicina se extienden entre ciertos grupos de población, de los que no forman parte las mujeres cuyos conocimientos y asistencia en los partos poco tienen que ver con la ciencia y mucho con la tradición oral y la experiencia, y surge la figura del médico de carrera quien, hasta bien avanzado este siglo, solo es convocado a un parto en situaciones excepcionales  en las que la posición del feto así lo requería o se debía hacer frente a partos prematuros.

La presencia habitual de la figura masculina en el parto, junto con el avance en los conocimientos en obstreticia, trajo consigo un esfuerzo por minimizar la experiencia dolorosa de la mujer en este proceso. La extensión del uso del cloroformo, la aparición de los fórceps y mayor conocimiento  anatómico permiten, atendiendo a las señales gestuales y fisiológicas (repetición de las contracciones) de la parturienta, brindarle una mejor atención y aumentar las probabilidades de supervivencia de madre e hijo.

Pese a todos los avances médicos que minimizan el dolor durante el parto, hay corrientes pensamiento que abogan por realizar el parto sin recurrir a elementos que minimicen el dolor. Que el parto se produzca de manera natural, sin recurrir a medicinas ni a casaréas a fin de minimizar el impacto que le supone al bebé pasar del vientre de su madre al mundo real. Para ello aparecen defensores del parto en el agua, en el propio hogar… de tal manera que se reduzca el sentimiento de extrañeza en el bebé o en la madre, lo cual, resulta beneficioso para ambos.  Sin embargo, quienes defienden estas prácticas olvidan que en el parto intervienen fuerzas mayores que la mera voluntad, aparece un dolor que es el que extrae los gritos, los gestos y las palabras de una madre que se encuentra inmersa en un proceso de reacciones y respuestas involuntarias.


FUENTES
JAVIER MOSCOSO "Historia Cultural del Dolor" Taurus. 2011.

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