martes, 21 de agosto de 2012

Globalización vs Localización: El Ciclismo en la Era de lo Global


Desde la caída del muro de Berlín allá por el año 1989 y con la extensión de los medios de comunicación a todos los rincones del mundo, vivimos un proceso de globalización. Globalización entendida como un contacto entre culturas que anteriormente permanecían aisladas unas de otra debido a las grandes distancias físicas entre ellas. Este contacto genera  procesos de influencia y de transmisión de los valores culturales y sociales de una cultura sobre otra, produciéndose un intercambio entre ambas siendo, evidentemente mayor la influencia desde aquel que posee y domina mayor número de mecanismos y herramientas de transmisión de la información.

El ciclismo no es un deporte ajeno a la influencia de la globalización, de hecho siguiendo la influencia de la misma el pelotón se ha aventurado a participar en carreras en las que hace unos años ni siquiera reparaban en su existencia. Carreras como el Tour de California, el Tour Down Under en Australia, el Tour de Sudáfrica, El Tour de Langkawi… últimamente han visto como los grandes equipos europeos y muchos de sus mejores corredores estaban en la línea de salida.

Este proceso de globalización lleva consigo la aparición de un fenómeno opuesto: la localización. La localización pretende y busca la defensa de lo local, de su cultura, orden social, forma de vida y normas que han vertebrado y sostenido a un grupo a lo largo de los años. Sin embargo, en el ciclismo la nueva normativa internacional pone en peligro las filosofías locales de muchas de las escuadras del pelotón internacional. Hasta ahora hemos visto cómo muchos de los equipos del máximo nivel estaban compuestos por corredores de regiones muy concretas, fundamentalmente influidos por la procedencia del patrocinador del equipo. Así vemos cómo equipos como el Lotto están formados por corredores, en su mayoría, belgas, el Rabobank por corredores holandeses provenientes de su equipo sub-23, el  conjunto Euskaltel (equipo ciclista más longevo de España, fue fundado en 1994) de corredores vascos, el Orica-GreenEdge de australianos…

Estos equipos que apuestan por lo local ven como los cimientos de su filosofía se tambalean y quedan en entredicho si quieren tener garantizada su presencia en las carreras más prestigiosas como el Tour de Francia, el Giro de Italia o la Vuelta a España. La nueva normativa, por la cual los equipos clasifican en virtud de la cantidad de puntos que obtienen los corredores a lo largo del año, independientemente del equipo en el que lo haya obtenido. De este modo, un equipo puede no haber ganado ninguna carrera en todo el año ni haber conseguido ningún  puesto meritorio que si, en el mes de Octubre se hace con los servicios de corredores que tengan una gran cantidad de puntos acumulados tiene garantizada su presencia en la élite del ciclismo.


Un ejemplo de utilización de la política de gestión que se acaba de mencionar es el conjunto Argos-Shimano. Esta escuadra está integrada por corredores de diversas nacionalidades como por ejemplo el chino Ji Cheng, primer ciclista chino en participar en una gran vuelta, o el japonés Yukihiro Doi que en la pasada edición recorrió las carreteras españolas. Corredores de nivel bajo pero que garantizan un gran número de puntos por ser campeones nacionales o vencer en carreras en su país, donde el nivel es inferior al de las carreras en Europa. Esta política de gestión hace tambalear las políticas localistas de gestión, así vemos como el equipo Orica, nacido con la pretensión de estar formado sólo por corredores australianos ha tenido que flexibilizar esta política a fin de disputar las grandes vueltas y cuenta en sus filas con un ciclista eritreo, Daniel Teklehaimainot, primer ciclista negro en participar en la Vuelta a España, que garantiza una gran cantidad de puntos. Lo mismo sucede con ciclistas como Oscar Freire, que en el ocaso de su carrera, sigue recibiendo suculentas ofertas y contratos para retrasar un año más su retirada.

El ciclismo se parece cada vez más al mundo del fútbol y adopta su patrón de mercantilización donde los equipos con mayores presupuestos tendrán un acceso más fácil a los mejores corredores y, por ende, a las mejores carreras. Apostar por una filosofía de cantera como hace el Euskaltel implica quedarse fuera de las grandes rondas y de las carreras más prestigiosas, al menos, hasta que fruto madure. Por ello, el modelo de Rabobank, con algunos ciclistas extranjeros de calidad, pero con la política clara que los líderes del equipos han de ser corredores holandeses parece el camino a seguir por el equipo naranja para seguir estando en la elite.

Ejemplos de adaptación a las circunstancias y de renuncia una política local sin resultados la encontramos en el mundo del fútbol. Tras la caída del muro de Berlín y el desmembramiento de la Unión Soviética, surgieron nuevos países como Estonia, Letonia, Lituania, Armenia… Estos países pretendieron utilizar sus selecciones nacionales como un nuevo signo de identidad del nuevo país con el que sus ciudadanos se identificaran. Para ello, durante sus primeros partidos internacionales estas selecciones se integraban de jugadores nativos de estas naciones, excluyendo de las convocatorias de sus selecciones a todos aquellos de origen ruso. Los resultados obtenidos por esas selecciones durante los primeros años hicieron desistir de esta política de selección de jugadores si querían tener alguna oportunidad para participar en un Mundial o una Eurocopa.


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