viernes, 17 de agosto de 2012

Drogas y Desinhibición: Alcohol contra el Miedo


El alcohol es la droga preferida de las sociedades occidentales, pues es considerado como un elixir mágico de igual manera que lo era durante la Edad Media cuando se le consideraba la cura para cualquier enfermedad. Hacemos uso del alcohol para celebrar festividades culturales (vino y sangrías en las fiestas locales), religiosas (vino durante la Eucaristía), familiares y/o sociales.

El alcohol es consumido con la esperanza, albergada gracias las promesas de los testimonios de otros y, hoy día de la publicidad, de que nos acompaña en los buenos momentos e incluso es el medio que propicia que éstos sucedan. Además, le conferimos la virtud de que también puede ayudarnos a superar los momentos difíciles de nuestra existencia.

Cuando consumimos alcohol, sentimos placer y relajación durante la media hora siguiente, nos volvemos más locuaces y extrovertidos. Pero estas sensaciones, son rápidamente son sustituidas por la somnolencia, el silencio y el retraimiento conforme nuestro cuerpo comienza a eliminar el alcohol del organismo. Esta respuesta orgánica, tiende a ser sustituida por otra conductual que nos encamina a consumir más alcohol a fin de recuperar y mantener los efectos placenteros de los primeros momentos.

Consumimos drogas y sustancias químicas con el afán de conducir nuestro comportamiento por direcciones diferentes a las habituales, para romper con la monotonía de nuestras rutinas y dirigir nuestra atención hacia estímulos diferentes a los acostumbrados. Pero esta desviación de la conducta, bajo un patrón de consumo de alcohol, se enfrenta a unos límites. Límites que se encuentran presentes en la mente de quien consume.

Las limitaciones a nuestra conducta, indistintamente de la cantidad de alcohol ingerida, proviene de la precisión de nuestras percepciones. Bajo los efectos del alcohol la precisión de nuestras percepciones cambia, así como nuestros niveles de atención, con lo cual las respuestas conductuales se ven alteradas. Junto a las percepciones nuestros deseos más instintivos y nuestros miedos nos dirigen cuando consumimos alcohol.

El alcohol, al igual que otras drogas que actúan como desinhibidores, eliminan nuestros temores a las consecuencias de nuestros actos, dando lugar a conductas de las que posteriormente estaremos orgullos por haber tenido el arrojo de llevar a cabo o al arrepentimiento que cubriremos de la tan manida justificación “Lo hice porque estaba borracho”.

Sin embargo, lo que no tenemos en cuenta es que habiendo bebido lo que hacemos es liberar nuestros deseos, y no cejaremos en nuestro empeño y trataremos de poner en práctica conductas que nos conduzcan a satisfacerlos. Este empeño en saciar nuestros deseos sólo terminará cuando aparezca el dolor, el agotamiento o hayamos alcanzado la plena satisfacción de nuestros impulsos. Bajo los efectos del alcohol hacemos aquello que haríamos en un mundo son consecuencias, pero no cosas que no desearíamos hacer.

Los desinhibidores desatan nuestros impulsos ya existentes, no generan otros nuevos, pero con el matiz de que no van a dar lugar a conductas que nos son perjudiciales a nuestra estructura psíquica subyacente. Es decir, no afloran conductas imposibles para un sujeto porque romperían su equilibrio mental, sencillamente, nos valemos del alcohol para inutilizar los mecanismos de control de nuestra conducta que sabemos, mantenemos activados para frenar nuestros impulsos.


4 comentarios:

  1. Efectivamente el alcohol, como otras drogas produce desinhibición y y placer, por eso está tan arraigado en nuestra cultura y en nuestros comportamientos. Yo le digo a mis alumnos que las drogas no es que sean un problema, tan solo son una mala solución para resolverlos.

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  2. "Nosotros tomamos drogas de esclavos: son drogas para trabajar mucho y pensar poco. Carajillo y cubata: perfecto combinado para esclavos". Lo dice Joseph M. Fericgla, antropólogo. David Le Breton decía que el alcohol, el ponerse en blanco con su uso, era una manera de buscar la realidad que nos falta. De olvidar la identidad y buscar nuevos límites, porque lo que es real ya no nos basta y buscamos algo más, que es lo que nos venden continuamente. Es como la crisis de la ciencia ficción (libros, películas...) porque la realidad las sobrepasa.

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  3. Consumimos alcohol y otras drogas en búsqueda de nuevos Yo que conecten con un mundo en el que seamos capaces de afrontar los estímulos y superar los límites con los que el Yo cotidiano colisiona continuamente. A través del alcohol pretendemos ofrecer respuestas e idear estrategias a realidades alteradas

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  4. Me gusta ese comentario de drogras para esclavos. Lo que pasa es que también se utilizan mucho las drogas para combatir el aburrimiento. Sea éste por inactividad o por incapacidad para entretenerse. Creo que la solución a este problema la dio Platón. "Educar es enseñar a tener buenos deseos" es decir hay que hacer que las personas dedicen sus esfuerzos y anhelos en cosas buenas y no en malas.

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