martes, 3 de julio de 2012

Inteligencia Colectiva: La Selección como Microsociedad


Estadio Olímpico de Kiev. 20:45 horas del primero de julio de 2012. Se disputa la final del Campeonato de Europa de selecciones que enfrenta a España e Italia. La misión de los dos equipos es la misma: introducir el balón en la portería contraria. El resultado final, dos horas más tarde, contundente victoria de España gracias a una nueva demostración del talento de sus jugadores y de su inteligencia colectiva.


La selección española ha vuelto a demostrar la capacidad de su cerebro social o colectivo: la red formada por cerebros conectados y coordinados simultáneamente  para llevar a cabo un proyecto común. El proyecto común de los jugadores dirigidos por Vicente Del Bosque antes de la llegada a Polonia era claro: ser el primero equipo en ganar de manera consecutiva Eurocopa-Mundial-Eurocopa, y la estrategia a utilizar su concepto de vida común, es decir, su identidad: el amor por el balón. Esta identidad es la fortaleza, y la debilidad, del combinado nacional ya que el colectivo se encuentra sometido a las normas en torno a las que se ha creado, conservar la posesión del balón, que le llevan a reafirmar su identidad en un entorno en continua transformación.

Un equipo de fútbol es una microsociedad, un sistema complejo formado por elementos que interactúan ente ellos. Estas interacciones se realizan con un fin: marcar gol y ganar el partido. Conseguirlo, no es tarea sencilla. Requiere que once jugadores se coordinen simultáneamente en el terreno de juego, buscando la manera más eficiente para conseguir su objetivo: el gol, tratando de recuperar la pelota lo antes posible para reducir las posibilidades del rival para marcar y aumentar las propias. En definitiva, se trata de ser capaces de pasar de un estado defensivo a otro ofensivo de la manera más eficaz posible. En España los encargados de coordinar la transición entre estos dos estados le corresponde a los dos mediocentros: Xabi Alonso y Sergio Busquets.

Se dice que la selección española es un sistema complejo porque es más que la suma de sus partes. El combinado nacional es algo más que la suma de los talentos de sus jugadores, porque aún siendo capaces de cuantificar el talento de sus jugadores y sumarlo el resultado que obtendríamos no sería predecible. La aportación al equipo de Xavi, Iniesta, Silva, Ramos, Casillas… acabo dando origen a una conducta colectiva, diferente a sus aportaciones individuales. Se crea una estructura nueva con una identidad nueva que trata de ofrecer respuestas creativas a los obstáculos que le plantean los rivales, gracias al mundo de posibilidades que les brinda sus múltiples interacciones.

España ha encontrado la vía para conseguirlo: la posesión del balón, ya que le garantiza, gracias a las continuas interacciones entre sus jugadores, reducir las situaciones de desequilibrio, minimizando los riesgos. El uso de esta estrategia ha despertado muchas críticas a lo largo del campeonato por parte de aficionados, espectadores y medios de comunicación. Sin embargo, los jugadores y el cuerpo técnico han demostrado verdadera convicción en esta forma de entender el fútbol y se han esforzado por crear, mantener y mostrar su identidad.

Un equipo de fútbol posee una capacidad única que lo diferencia, identifica e individualiza ante todos los demás: la voluntad. La voluntad de integrarse en un proyecto común y compartida en el que decide comprometerse. Para ello, el jugador debe tener una noción de cómo funciona el conjunto (misión que le corresponde al entrenador), saber dónde encaja, qué es lo que puede aportar y qué relación puede mantener con quienes están a su alrededor.

Una característica que se insiste en resaltar a la hora de hablar de la selección es el clima humano que en ella se respira y de la buena relación entre sus componentes. Este buen clima da como resultado una ventaja competitiva frente a los rivales. Mantener unas adecuadas pautas de interacción y relación entre los miembros de un sistema permite a cada uno conocer y detectar las señales, dentro del terreno de juego, que le indican cuál es la acción que pretende realizar. Para ello debe prestar atención al lenguaje corporal del compañero, viendo cómo inclina su cuerpo, la dirección de su mirada, hacia dónde se dirige, para tratar de predecir qué es lo que persigue: que le pasen el balón, librarme de un defensor, desmarcarse… Esto no es posible si no hay una voluntad de conocer y descifrar por alguno de los miembros del sistema estas señales, o si sólo se espera que el resto de miembros preste atención a los mensajes que uno de sus integrantes emite u omitiéndolas.  Para que esta voluntad se muestre es importante que los jugadores tengan o hayan tenido experiencias similares (categorías inferiores en la selección), procedencia común (la mayoría de futbolistas provienen del Barcelona y Real Madrid), aficiones similares (jugar a las cartas) y culturas similares (cultura mediterráneo y gusto por el fútbol de toque).


Todo jugador que, a día de hoy, quiera formar parte de la selección campeona de Europa y del Mundo debe ser capaz de integrarse en el conjunto a dos niveles. El primero a través de poseer una capacidad técnica y un talento innato para el fútbol que le sitúen a un nivel parecido al de sus compañeros. El segundo, ser capaz de integrarse en un grupo y ser capaz de conectar y participar en las emociones colectivas: alegrase en la victoria, rabia frente a los obstáculos, ambición frente a nuevo retos... El futbolista debe tener consciencia de que participa y pertenece a un sistema más amplio que le ayuda a ofrecer soluciones nuevas y a aumentar su capacidad para afrontar situaciones cambiantes y hostiles.

El futbolista moderno que representan jugadores como Silva, Iniesta, Xavi, Cesc o Cazorla se enfrenta, a lo largo de un partido, a un continuo proceso de toma de decisiones para la cual debe tener en consideración muchas posibilidades. Es la denominada inteligencia de juego. En una situación habitual en el terreno de juego, un jugador, tras haber regateado a su defensor se enfrenta a varias opciones: puede seguir regateando, disparar a puerta, centrar a la cabeza de un compañero… Debe responder a la pregunta ¿Qué hago?

 La respuesta recurrente en los comentaristas es apelar al talento innato de los jugadores, a una capacidad superior para interpretar el juego. Aún así, descuidan y olvidan la importancia del entrenamiento, que es un ensayo que prepara al jugador para hacer lo mejor en cada acción individual. Un entrenamiento es una educación por repetición de cómo decidir. La diferencia ente el entrenamiento y un partido está en que, durante el partido, aparece un nuevo factor, el factor emocional. Con el entrenamiento se pretende trabajar la consciencia y el inconsciente del futbolista. La consciencia apela a la lógica y los conocimientos del jugador acerca de dónde debe situarse en el terreno de juego, qué tiene que hacer… Por su parte, el inconsciente, que es el que finalmente decanta la balanza, tiene la misión de desatar la creatividad del futbolista, al eliminar el sesgo de la atención permite que el futbolista se exprese en todo su esplendor.


El éxito de la selección española se debe a su mayor inteligencia colectiva que se sabe deudora de las aportaciones y contribuciones que miles de individuos realizaron antes que ellos. Gestos como acordarse de la importancia de Luis Aragonés en los éxitos presentes, del recuerdo de jugadores como Puerta, Jarque o Miki Roqué, hablan del reconocimiento del colectivo de la trascendencia e importancia de las contribuciones de todos y cada uno de los compañeros. Todo lo expuesto, bien combinado y aplicado en el momento adecuado, nos muestra el camino del éxito y el triunfo de la selección.

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