miércoles, 2 de mayo de 2012

Neuronas Espejo y Empatía: ¿Por qué me alegro de tus errores?

Las neuronas espejo son aquellas que se activan en nuestro cerebro cuando realizamos una actividad o cuando vemos a alguien realizarla. Estas neuronas están alojadas en dos regiones cerebrales: la corteza frontal inferior y el lóbulo parietal superior. Gracias a la existencia de estas neuronas aprendemos a imitar el comportamiento de nuestros semejantes y a empatizar con ellos, con sus sentimientos y reacciones en la situación que observamos.

A estas neuronas le debemos, entre otras cosas, el hecho de que bostecemos en el momento en el que vemos a una persona bostezar, o que nuestras ganas de bostezar aumenten cuando leemos la palabra bostezo.

Hace unos días tuvimos todos los espectadores de las semifinales de la Liga de Campeones activamos al mismo tiempo nuestras neuronas espejo. Ya fuese en el penalti fallado por Leo Messi como por Sergio Ramos nuestros cerebros reaccionaron como si fuésemos nosotros mismos los lanzadores de la pena máxima. Junto a la puesta en marcha en nuestro cerebro de las áreas cerebrales encargadas de llevar a cabo las acciones motrices del lanzamiento también afloraron los sentimientos de placer o sufrimiento, en función del equipo del que seamos seguidores.

Ante el fallo de Leo Messi los seguidores del Real Madrid no experimentaron el sufrimiento o la frustación del jugador por el hecho de haber marrado el lanzamiento, lo mismo sucedió en los seguidores del Barcelona cuando Sergio Ramos marró su penalti. ¿Por qué sucede este hecho? La respuesta la obtenemos si analizamos con detalle la actividad del cerebro en ese momento.


 
 Cuando presenciamos el lanzamiento de quien consideramos nuestros enemigos o rivales, nuestras neuronas espejo funcionan, como ya se ha señalado anteriormente, de la misma manera que las del lanzador pero con una menor intensidad. En definitiva, nuestro nivel de empatía con el sujeto se reduce y, con contentos con esto, en el momento en el que vemos que el rival no ha acertado con la portería los niveles de actividad de los centros de gratificación de nuestro cerebro se disparan con lo que obtenemos placer al contemplar el error.

Debemos, por tanto, a las neuronas espejo nuestra capacidad se sentir placer cuando vemos a alguien sentirlo, así como sentir dolor cuando vemos a alguien sufrir, llorar o caerse. Pero vemos que éstas no funcionan de manera involuntaria, sino que, su actividad también se ve mediatizada por la identidad que le hayamos asignado a la persona a quien observamos vivir una experiencia emocional.

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