domingo, 15 de abril de 2012

Lunes de Aguas

El Lunes de Agua es una fiesta típica de la ciudad de Salamanca, celebrada el lunes posterior al Domingo de Resurrección y el Lunes de Pascua, en la que los habitantes de la ciudad salen al campo a pasar el día y a merendar, el típico hornazo, con sus amigos y familiares como una forma de recuperar lo festivo tras el largo período de recogimiento y espiritualidad impuesto por la Cuaresma y la Semana Santa.

Salamanca es una ciudad conocida mundialmente gracias a la fama de su Universidad. Esta institución es en gran medida la causante de la tradición del Lunes de Aguas. Como sabemos la Universidad de Salamanca ha atraído durante siglos a miles de estudiantes que cada año llenan sus aulas y pueblan las calles de la ciudad. En pleno siglo XVI la presencia de estudiantes en la ciudad era masiva, pudiendo llegar a los ocho mil estudiantes, lo cual lleva a que Salamanca sea considerada como una cuna del conocimiento y del saber, de la palabra y la doctrina…

Pero como es sabido, allí donde hay una amplia presencia de universitarios también prolifera la diversión, el ocio ilimitado, la tabernas, los festejos y, en este caso, el desenfreno sexual y la presencia de burdeles y prostitutas, lo cual hace de Salamanca en pleno siglo XVI un gran burdel.


Ejemplos de esta agitada vida sexual en la ciudad y de la continua relación de los universitarios con este ambiente sexual nos lo ofrece una obra clásica de la literatura española como es “La Celestina” de Fernando de Rojas y, en una obra más contemporánea, la encontramos en “El Manuscrito de Piedra” del profesor Luis García Jambrina.

Sucedió que en este ambiente,  a mediados del siglo XVI, acude a la ciudad el por entonces príncipe Felipe, que reinará con el nombre de Felipe II, para tomar en casamiento a la infanta María Manuela de Portugal, matrimonio que apenas durará dos años ya que Manuela fallecerá al dar a luz al príncipe Carlos. Como motivo de tan importante evento la ciudad de Salamanca se preparó y engalanó para celebrar tan ilustre acontecimiento. Pero, pese a todas las medidas de higiene y embellecimiento dictadas el ambiente lujurioso y desenfrenado de la vida univesitaria seguía presente e incluso se veía incrementado como consecuencia de la gran cantidad de festejos y celebraciones que se sucedían en cada rincón de la ciudad.

El príncipe Felipe no se mostró ajeno a este desenfreno y, ofendido por la poca rectitud moral de los ciudadanos de Salamanca, promulgó un edicto por el que durante todo el período de Cuaresma y Semana Santa las prostitutas eran expulsadas de la ciudad debiendo permanecer, al menos, a media legua de distancia de los muros de la ciudad y, por lo tanto al otro lado del río Tormes.


Una vez finalizada este período de abstinencia, las prostitutas eran reconducidas a la ciudad por un sacerdote conocido como el Padre Putas, figura que se convertía en el vehículo que otorgaba y devolvía el placer a los ciudadanos ya que también se había encargado de expulsar a las prostitutas al inicio de la Cuaresma. La vuelta de las prostitutas a la ciudad era celebrada por todo lo alto por los estudiantes quienes, aguardaban al otro lado del río, con todos los instintos que llevaban largo tiempo reprimidos manifestándose en un desenfreno sexual y etílico sin parangón.


Esta fiesta fue durante largo tiempo prohibida, pero los ciudadanos de Salamanca la recuperaron como una fiesta pagana eso sí, convirtiéndola en una fiesta en la que la ciudad abandona su ritmo habitual para lanzarse al campo a merendar en compañía de amigos y familiares a degustar la empanada de chorizo, lomo, jamón, salchichón y huevo duro conocida como hornazo que las mujeres se encargan de elaborar el día anterior. Hornazo que simboliza y celebra el hecho de poder disfrutar de nuevo de los placeres de la carne tras una larga abstinencia de la misma manera que los estudiantes lo hacían en los siglos precedentes.


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