miércoles, 14 de marzo de 2012

Psicología del Tiempo: Presente y Emociones

Los primeros años de nuestra vida están regidos por el presente, por el aquí y ahora. En estas edades tempranas nuestro sentido del pasado apenas existe y, al no tener desarrollado el córtex central, tampoco hacemos previsiones del futuro. Los primeros meses todos nuestros deseos están dirigidos hacia el placer y la evitación del dolor.

Sucede que vivir centrados en el presente es un rasgo exclusivo de nuestra infancia, sino que, a menudo, es posible mantener esta orientación vital una vez alcanzada la edad adulta. La orientación al presente se convierte en un rasgo mayoritario en aquellas sociedades en las que la inestabilidad económica y política dificulta la realización de pronósticos fiables del futuro.


Bajo estas condiciones socioeconómicas realizar inversiones económicas con una perspectiva futura carece de sentido ya que su rentabilidad dependería exclusivamente del azar. Frente a esta tesitura lo único valioso es lo que tenemos al alcance de la mano, es decir, un mundo en el que el cálculo de probabilidades y la planificación no tiene la más mínima importancia.

La orientación al presente de un individuo, por tanto, es un indicador de la inestabilidad de la sociedad en la que se encuentra, así como  también es un indicio fiable del nivel educativo de sus miembros. Se cumple la siguiente premisa: a menor nivel educativo mayor orientación al presente, así como a menor nivel educativo  de la mujer aún mayor es dicha perpectiva temporal.

Privar del acceso a la educación de las mujeres dificulta e imposibilita el cambio social, ya que las mujeres son quienes realizan una mayor inversión de tiempo y esfuerzo en la transmisión de las pautas culturales y de socialización de sus descendientes. Las mujeres son el motor del cambio y cuanto mayor es su nivel educativo más profundo y más rápido es ese cambio, como a día de hoy podemos comprobar en el seno  de la comunidad gitana. (Ver estudio Gitanos y Educación)

Vivir instalados en el presente provoca una menor preocupación por el trabajo y considerar que esforzarse en el presente no tiene ninguna repercusión en los resultados que se pueden alcanzar más adelante. Esta forma de pensar devalúa por completo el futuro, ya que considera más valioso lo que hoy se tiene que lo que se puede conseguir mañana porque el este mañana es incierto.

La incapacidad de posponer una gratificación o de diferir una recompensa es el rasgo distintivo de quienes viven aferrados al presente. Viven en un mundo de experiencias emocionales en el que la razón, la planificación y el control de los sentimientos apenas es tenido en cuenta. El hedonismo, la impulsividad y el disfrute del presente son los pilares en los que se asienta la existencia.

Un ejemplo de sociedades orientadas al presente los podemos encontrar en muchos países africanos como Nigeria, Angola, Senegal, Ghana, Costa de Marfil… Estos países viven dominados por conflictos políticos y sociales arrastrados desde la época colonial y una corrupción política e institucional que lastra todo proyecto de desarrollo futuro.

Un claro ejemplo de la orientación al presente de las sociedades africanas lo encontramos en el mundo del fútbol.  Si analizamos las ligas europeas y sus principales equipos descubrimos que el número de futbolistas africanos en sus plantillas no es nada desdeñable. Jugadores como Drogba, Keita, Adebayor, Ayew, Kanu, Essien, Kanoute, Eto’o, Yaya Toure… son jugadores estrella en sus equipos y en sus ligas. Sin embargo, cuando se reúnen con el resto de sus compatriotas en competiciones de selecciones a nivel internacional su potencial se diluye.

Las causas de que el fútbol africano no termine de alcanzar un gran resultado en un Mundial, hasta la fecha ninguna selección africana ha alcanzado las semifinales de este torneo, están estrechamente relacionada con su pauta educativa centrada en el presente. El fútbol africano se define por su velocidad, su intensidad, su capacidad física y técnica pero también por su anarquismo. Sus selecciones son capaces de vencer a equipos del más alto nivel y tradición futbolística para posteriormente caer derrotados, de forma humillante, con otros conjuntos de nivel claramente inferior.

Frente a esta disyuntiva los dirigentes de las diferentes federaciones de fútbol en África han optado por poner al frente de sus selecciones nacionales a técnicos europeos con el objetivo de sustituir una orientación al presente por otra más orientada al futuro. La estrategia empleada por los seleccionadores intenta transmitir a estos futbolistas la importancia de llevar a cabo una planificación rigurosa, centrada en el trabajo y desarrollo de instalaciones dirigidas a los más jóvenes,  así como invertir el patrón cultural que menosprecia la importancia de los esfuerzos presentes en los resultados futuros por otro centrado en la importancia de la constancia.

En las últimas dos décadas los resultados de las selecciones africanas en los mundiales no han hecho si no mejorar. Los precursores del fútbol africano lo encontramos en el mundial de Italia y aquella selección de Camerún con Roger Milla, Nkono… 

A partir de entonces comprobamos que las selecciones africanas con mejores resultados en mundiales estaban entrenadas por europeos Clemens Westerhof dirigía a la Nigeria de Okocha, Amunike. Yekini, Finidi, Yekini, Mutiu… que alcanzó los octavos de final en USA’94

 y en Francia’98 esta vez entrenados por Bora Milutinovic.


Roger Lemerre y su selección de Senegal en el mundial de Corea y Japón.


La selección ghanesa de Dujkovic en Alemania 2006... 


...que alcanzó los cuartos de final cuatro años más tarde dirigida por Milovan Rajevac.


La vida en el presente no es del todo negativa. Las personas que disfrutan del presente tiene una gran capacidad para la empatía y las relaciones sociales, la improvisación y son altamente creativas, con un gran sentido de la oportunidad. Podemos decir que disfrutar del presente es disfrutar del proceso, del camino, más que estar pendientes del resultado. Eso sí, esta orientación vital también tiene unos riesgos ya que se pierde de vista los riesgos y peligros en los que se incurre y las consecuencias derivados de los mismos.

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