martes, 13 de marzo de 2012

Psicología del Tiempo: Pasado y Falsos Recuerdos

Todo lo que nos ha pasado a lo largo de nuestras vidas es importante. Pero más importante aún es la manera que tenemos de interpretar, de otorgar un significado emocional y de codificar los elementos que se encontraban presentes en todo aquello que recordamos.

Si buscamos entre nuestros recuerdos y nos centramos en uno podemos hacer referencia a qué es lo que sucedió, quiénes se encontraban allí, cuándo sucedió  y podremos, del mismo modo, indicar qué partes recordamos con claridad y cuáles vienen a nuestra mente de manera confusa.

Para el psicólogo austríaco Alfred Adler el primer recuerdo que tiene una persona es la llave que permite conocer e interpretar su presente. Adler hubo de hacer frente al obstáculo de no poder confirmar la veracidad de los recuerdos de sus pacientes. Aún así, Adler consiguió llegar a la conclusión de que cada persona vive la vida basándose en sus recuerdos, recuerdos que a su vez, están siendo continuamente reinterpretados desde los pensamientos y sentimientos presentes.

Un ejemplo de la aplicación práctica de estos argumentos empleados por Adler los podemos comprobar en el programa de televisión Hermano Mayor en donde, a partir de la vivencia de experiencias emocionales se intenta hacer una reinterpretación de sucesos del pasado desde los diferentes estados emocionales para, posteriormente, confrontarlos y dejar en manos del sujeto la elección del estado emocional desde el que reinterpretar y reevaluar el pasado con el propósito de hacerlo desde un estado emocional que reduzca los episodios de ansiedad, agresividad, ira y/o conflicto.


Suponemos que nuestros recuerdos son la narración exacta de un suceso y que éste permanece incorruptible en nuestra memoria. Sin embargo, toda reconstrucción del pasado se realiza desde un tiempo presente desde el que las actitudes, las creencias y la información del hoy, en comparación,son más amplias a las que teníamos cuando el suceso quedó registrado en nuestra mente.

Una manera de influir en la construcción de nuestros recuerdos estriba en la forma en la se nos pregunta acerca esos sucesos del pasado. Esta estrategia de influir sobre la reconstrucción del pasado es de práctica común a la hora de obtener testimonio  de una persona imputada de algún hecho delictivo. En estas situaciones las partes intentan demostrar a través de preguntas la memoria del sujeto así como su metamemoria, es decir, la evaluación que el propio sujeto interrogado hace de su capacidad para evocar ese recuerdo y la exactitud del mismo.

Un ejemplo de cómo la formulación de una pregunta influye en la reconstrucción de un recuerdo la podemos aplicar al caso del accidente de tráfico del pasado año en el que se vió involucrado el torero José Ortega Cano. Las preguntas que cada de las partes harán a los posibles testigos del suceso serán: ¿A qué velocidad circulaba el vehículo del torero cuando se estrelló con el otro vehículo? Pregunta ésta que provocará una evocación de una mayor velocidad y de elementos vinculados a una escena más violenta que si preguntamos ¿A qué velocidad circulaba el vehículo del torero cuando invadió el carril contrario antes de colisionar con el otro vehículo?

Una demostración empírica de la influencia de las preguntas a la hora de hacer reconstrucciones del pasado nos lo ofrece el estudio realizado por Elizabeth Loftus y J.Palmer Reconstruction of Automobile Destructionpublicado en 1974. Estudios y conocimientos que han sido ampliados por la autora en posteriores trabajos como Creating False Memories, Make My Memory y The Reality of Repressed Memories.

En sus diferentes trabajos Elizabeth Loftus ha demostrado que es bastante sencillo dar lugar a una relación peculiar con el pasado. Tenemos la capacidad de crear recuerdos falsos. Podemos llegar a afirmar con total convicción haber visto a haber vivido sucesos en los que no nos encontrábamos presentes o que incluso no han sucedido nunca. Incluso recordar elementos o personas presentes en una escena o suceso que no se encontraban allí.

Los seres humanos también tenemos la capacidad de acceder a recuerdos que creíamos tener olvidados y que permanecen reprimidos en nuestro cerebro inconsciente durante años. Una técnica muy empleada para acceder a ellos es la hipnosis o la sugestión. También pueden aflorarnos recuerdos si nos vemos sometidos a estímulos que despiertan nuestros recuerdos porque ese patrón estimular estuvo presente en una situación pasada que ahora se recuerda. El riesgo de estas evocaciones está en que todas estas técnicas para acceder a recuerdos olvidados o reprimidos pueden dar lugar, no sólo a recuerdos válidos y reales sino que , de la misma manera, pueden dar origen a recuerdos falsos.

Nuestro pasado construye nuestros sentimientos, pensamientos y conductas actuales, pero también los sentimientos, pensamientos y conductas presentes dan forma a los recuerdos del pasado. ¿Tan importante es lo que nos sucedió en el pasado en nuestra vida presente? La influencia del pasado en nuestra vida no está tanto en lo que nos sucedió, tal y como pensaban Freud y los psicólogos conductistas, sino que el factor determinante es la actitud que tenemos hacia los sucesos del pasado.

Tener una actitud positiva hacia nuestro pasado nos conduce hacia una existencia más feliz, sana y orientada a la consecución de nuestros objetivos. Mirar el pasado en positivo nos ayuda a utilizarlo como una base sobre la que predecir el futuro y ayudarnos a tomar decisiones más seguras y eficaces. Nos permite experimentar la sensación de continuidad del Yo y utilizar la experiencias anteriores para decisiones presentes de tal manera que nos resulte agradable el propio proceso de toma de decisión, evitando así permanecer y perpetuar el inmovilismo.

Esta actitud de mirar hacia el pasado desde actitudes negativas, centradas en la persecución, en los agravios y las humillaciones sufridas por una sociedad, cultura, religión, país o pueblo es el caldo de cultivo para actitudes de rechazo y hostilidad hacia toda innovación, avance o influencia que provenga de otros pueblos, culturas o religiones. Utilizar el pasado para evaluar las desigualdades del presente acrecienta el deseo de venganza, impotencia y una proliferación de conductas violentas que venguen los crímenes del pasado. Estos deseos de venganza son promovidos en el seno de una sociedad por quienes rechazan el cambio y tratan de perpetuar el orden social establecido para no perder así las posiciones de prestigio y poder como día a día los informativos nos muestran.


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