viernes, 16 de marzo de 2012

Psicología del Tiempo: Futuro y Expectativas

Construimos el futuro a partir de nuestras esperanzas, miedos, expectativas y objetivos. Esta construcción psicológica supone renunciar a la gratificación y al placer inmediato en una lucha constante para no sucumbir a los impulsos.

Mirar al futuro conlleva realizar cálculos y probabilidades, analizar cuáles pueden ser las situaciones futuras y cómo será nuestro Yo dentro de ellas. El resultado de todas las previsiones y las creencias de que serán ciertas, repercute en el presente afectando a nuestros pensamientos, sentimientos y conductas. La creencia en que podemos alcanzar el resultado o situación deseada hará que nos esforcemos e impliquemos más en el presente.

Como vemos las expectativas depositadas en los sucesos futuros influyen en nuestras conductas presentes, pero no sólo aquellas que nosotros albergamos a nivel personal, sino que las expectativas que los demás tienen de cada uno de nosotros también condicionan nuestro comportamiento actual. 

Un conocido estudio realizado por Robert Rosenthal y denominado efecto Pigmalión nos muestra cómo las expectativas de los otros alteran nuestras conductas. El escenario utilizado para demostrar empíricamente la certeza de esta hipótesis se llevó a cabo en un centro de enseñanza en donde se le indicó, al inicio del curso escolar, a diferentes docentes que en sus clases había varios alumnos, elegidos al azar, que tenían una inteligencia muy superior a la media. Los resultados obtenidos a final de curso por estos alumnos dieron la razón a Rosenthal ya que los alumnos señalados como más capaces obtuvieron mejores resultados y fueron objeto de interacciones diferentes por parte de sus profesores que el resto de sus compañeros.

¿Cómo adquirimos una perspectiva temporal dirigida al futuro? El lugar y el momento en el que nacemos son los principales factores que pronostican si adoptaremos este horizonte temporal. El lugar donde nacemos es un factor de gran influencia. Cuanto más cerca de los trópicos y del ecuador hayamos nacidos menor será nuestra orientación al futuro. Vivir en un clima tropical provoca que nos habituemos a vivir siempre en una misma estación, bajo unas mismas condiciones de temperatura, en el que el único cambio observado en el clima son las lluvias.


Sin embargo, vivir en una zona más templada en la que los cambios estacionales son más acusados repercute en una mayor tendencia a la planificación y a la provisión de recursos para períodos de escasez y fruto de la cual nació la agricultura. Hemos de tener en cuenta que la capacidad de proyectar y anticipar el futuro es una de las características fundamentales que nos diferencia como especie del resto de mamíferos gracias al desarrollo nuestro cerebro. Especialmente del crecimiento del córtex frontal que es la región cerebral que utilizamos a la hora de planificar.

Unas condiciones familiares, sociales, políticas y económicas estables nos ayudan a predecir las recompensas que seremos capaces de conseguir con las conductas que ejecutemos ahora. Aunque existen más factores que determinan nuestra capacidad de planificación y nuestra perspectiva hacia el futuro: la religión profesada por los miembros del grupo, el nivel educativo, la edad (una vez superada la adolescencia adoptamos un horizonte temporal dirigido al futuro, perspectiva que abandonamos y sustituimos por una presente con la jubilación), tener un empleo que nos haga sentir realizados…

Una perspectiva orientada al futuro nos habla de las personas que la hacen propia. Nos dice que son personas responsables y cumplidoras con los compromisos adquiridos, lo cual aumenta su credibilidad. Tienen una gran capacidad para resolver problemas ya que tienden a utilizar estrategias para resolver problemas de retroceso, es decir, su punto de partida es el resultado deseado y analizando los distintos caminos y estrategias que le conducen a ese resultado seleccionan la que consideran más eficaz…

Sin lugar a dudas el rasgo que mejor define a las personas orientadas al futuro es su capacidad de establecerse objetivos y metas realistas. Tener esperanzas realistas da lugar a poner en marcha mecanismos de acción constantes y basados en la disciplina que permitan, desde el punto de partida en el que el sujeto se encuentra, hasta la situación deseada. 

Una muestra de la influencia de las perspectivas temporales en las personas lo podemos observar en los sujetos que tienen que enfrentarse a una rehabilitación física. Los deportistas son un ejemplo de la influencia en la motivación y el seguimiento  de un plan de rehabilitación en función del objetivo que persigan. David Villa es un ejemplo de ello en el presente, su lesión en el último Mundial de Clubes le sitúa en una disyuntiva en la que su recuperación y trabajo físico de rehabilitación determinará su presencia o no en la próxima Eurocopa de Polonia y Ucrania.  La esperanza del futbolista español por estar presente en la cita veraniega hará que su implicación, sus esfuerzos y su tolerancia al dolor sea mayor que si, la misma lesión, en el mismo momento de la temporada, hubiese sucedido un año después.

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