sábado, 3 de marzo de 2012

Inteligencia Digestiva: Sentimos como Comemos

La mayor parte de los alimentos que consumimos hoy en día no es comida si somos estrictos en su definición. La forma en la que la consumimos tampoco es comer en el sentido que nuestra civilización había construido durante años: alimentarse como conducta animal vs comer o cenar como práctica social. Si fuésemos conscientes de cómo lo que comemos y la forma de forma de hacerlo influye sobre nuestro estado de ánimo y nuestras emociones podríamos ser capaces de alcanzar cuotas mayores de bienestar.

Nuestro estómago es nuestro segundo cerebro. En él se aloja una red interconectada de millones de neuronas capaces de regular nuestras emociones y nuestro estado de ánimo. Tengamos en cuenta que el 90% de la serotonina (hormona relacionada con estados de bienestar y placer) que nuestro cuerpo es capaz de generar es fabricada  y almacenada en este órgano. Pero no es ésta la única hormona que es segregada por nuestro sistema digestivo sino que es capaz de producir benzodiazepinas (relacionadas con la inducción del sueño) y otras muchas sustancias químicas liberadas por neurotransmisores.



Lo que comemos y lo que pensamos afecta a nuestras emociones. Si tomo un vaso de agua o una copa de brandy mis emociones serán muy diferentes porque someteré a un nivel de actividad diferente a mi organismo. Si consumo alimentos que bloquean el funcionamiento del hígado atravesaré por estados de cólera, ira, agresividad… porque el buen o mal funcionamiento de un órgano dará lugar a unos emociones u otras.

Irina Matveikova en su libro Inteligencia Digestiva nos plantea es que poseemos dos cerebros. La tesis que la autora sostiene es que ambos cerebros se encuentran interrelacionados y se comunican de manera bidireccional. El estado del cerebro influye directamente en el funcionamiento del sistema digestivo y viceversa. Por ejemplo, un problema de estreñimiento provoca una reducción en los índices de serotonina lo cual directamente dará lugar a estados de ánimo más negativos y a una reducción de la libido.



Lograr un equilibrio entre los dos cerebros y aumentar así nuestros niveles de bienestar es posible si atendemos a nuestra dieta. Llevar una dieta equilibrada, siendo conscientes de los alimentos que consumimos y cómo afectan a nuestro comportamiento, nos conducirá a mayores y más prolongados estados de bienestar, equilibrio y comprensión. Además, una dieta equilibrada nos ayudará a protegernos mejor de las enfermedades (el 70% de nuestras defensas son producidas en el sistema digestivo) y a evitar el envejecimiento tanto de la piel(el 80% de las afectaciones cutáneas que sufrimos tienen su origen en un intoxicación interna) como de las articulaciones.

Una toma de conciencia de nuestras pautas alimenticias repercutirá directamente sobre nuestro estado de bienestar. Abandonar la pauta primitiva de consumo de comer lo que sea en el momento que siento hambre, por otra en la que tengamos presente la influencia de ese consumo en mis niveles posteriores de bienestar más allá del objetivo a corto plazo de mitigar la sensación de hambre, nos ofrecerá como resultado salud o enfermedad en función de la alternativa que escojamos.



Si consumimos alimentos que nos debilitan, porque no nos ofrecen todos los nutrientes y energía diaria que necesitamos en unos niveles adecuados para el sostenimiento adecuado y equilibrado de nuestro organismo y a sus demandas energéticas en función de nuestros niveles de actividad, lo que conseguiremos es sumirnos en la apatía, la desmotivación y en otros estados de ánimo deficientes. Si alcanzo este nivel de desmotivación y para salir de él intento recurrir al consumo de estimulantes como la cafeína, los refrescos de cola, el chocolate… estaré demandando a mi cuerpo que genere una energía que no tiene. Esta pauta de consumo, mantenida de forma prolongada, provocará una fatiga crónica.

Otros tipo de alimentos como las carnes, el consumo de grasas saturadas, etc, nos generarán estados de tensión, agresividad, etc, porque  al saturar de trabajo al hígado y al páncreas darán origen a las denominadas emociones de exceso.



Una dieta responsable, adecuada y equilibrada repercutirá en nuestra actividad cerebral y por ende en nuestro estado de ánimo, provocando que éstos sean más positivos. No sólo eso, seguir una dieta equilibrada dará lugar a un desarrollo sostenible y a una mejor conservación de nuestro medio ambiente y de nuestros ecosistemas. ¿Cómo? Reflexionemos por un instante en cómo nuestras pautas de consumo alimenticio, del aquí y ahora, dan lugar a una técnicas de explotación agrícola y ganadera de nuestros suelos.

2 comentarios:

  1. Creo que todo lo que dice es correcto y se nota que hay un trabajo de investigación detrás de este blog, ahora bien, como paso de ser gorda desmotivada y ansiosa (con ansiedad) a ponerme en mi peso justo?

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    1. Una primera estrategia pasa por cambiar la manera de definirse a uno mismo. Si utiliza para describirse calificativos con una connotación negativa éstos tendrán repercusiones en su manera de enfrentar los retos o obstáculos que se le presente. Tenga en cuenta que, como dice la Programación Neurolingüística, la manera que tengo de narrarme y narrar a otros mi existencia provoca cómo se vive y se interpreta los hechos que nos suceden.
      Un buen comienzo pasa por invertir esos adjetivos y transformarlos en positivos. Haga la prueba.

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