martes, 28 de febrero de 2012

Mis Sueños Son Los Tuyos



Nuestros sueños son representaciones mentales de situaciones ideales que queremos alcanzar en los que la característica fundamental es la ausencia de miedo. Para alcanzar nuestros sueños necesitamos una elevada dosis de confianza y compromiso, personal y de nuestra red de apego, con las expectativas depositadas en su consecución. El amor de aquellos a los que nos sentimos próximos  y su respeto hacia las metas que nos planteamos nos genera confianza, mejora nuestra capacidad de pensar, aumenta nuestra energía, eficacia y eficiencia.
 

Cada persona elige los objetivos que quiere alcanzar. Algunos de nuestros objetivos son de carácter inconsciente y se resuelven mediante respuestas instintivas inscritas en nuestros genes. Por ejemplo, cuando sentimos calor desarrollamos conductas instintivas como sudar, jadear o la vasodilatación que cumplen con el propósito de reducir nuestra temperatura corporal sin que hayamos decidido, consciente y deliberadamente,  ponerlas en práctica.

El otro grupo de objetivos que perseguimos son de carácter consciente y planteados por cada individuo. Cada ser humano persigue sus propios objetivos. ¿Cómo lograr su consecución? Mediante el aprendizaje. Aprendemos a través de pruebas de ensayo y error o de tanteo de situaciones a elaborar y poner en práctica el protocolo de acción que nos lleve a conseguir nuestros objetivos. Por ejemplo, aprendemos las conductas que pueden ayudarnos a reducir la temperatura corporal: buscar un lugar fresco, hidratarnos y/o quitarnos la ropa son respuestas que hemos aprendido bien socialmente porque alguien nos las enseñó o bien mediante procesos de tanteo en situaciones similares.

Nuestra capacidad de aprendizaje es, gracias al tamaño de nuestro cerebro, lo que realmente nos diferencia del resto de mamíferos. Los seres humanos  hemos ideado un sistema de transmisión de conocimientos que nos permite aprender e interiorizar respuestas adaptativas que aumentan nuestra capacidad de supervivencia.  Para ello nos servimos del lenguaje y de otros mecanismos de aprendizaje como la observación, la imitación, para poner en juego conductas que se han demostrado valiosas. Además, somos capaces de realizar modificaciones de parte de esas conductas a fin de que sigan siendo útiles en situaciones diferentes a las originales, o bien idear conductas sustitutivas.

Sin embargo, el resto de mamíferos con los que compartimos el planeta tienen que idear continuamente, mediante el ensayo y error, conductas, que otros antepasados ya pudieron haber puesto en práctica, para problemas que siempre se encuentran presentes en su ambiente. Por ejemplo, un chimpancé puede haber descubierto que introduciendo una rama en un termitero puede obtener alimento sin realizar un alto coste energético. El problema está en que es incapaz de transmitírselo al resto de sus compañeros. Sólo pondrán en práctica esa conducta aquellos que lo hayan visto y decidan imitarle. Si no hay nadie para observar el éxito de su respuesta adaptativa, jamás trascenderá ni podrá legarse a futuras generaciones. Generaciones que deberán aprender por sí mismas la utilidad de introducir una rama en un termitero mediante el ensayo y error, con la alta inversión energética y de tiempo que este método representa.

Cada ser humano persigue objetivos inconscientes (primitivos) y objetivos conscientes (elaborados). Profundicemos en los segundos ya que sobre ellos tendremos capacidad de control. Nuestros objetivos conscientes están directamente influenciados y determinados por las personas a las que nos encontramos apegados. Las metas que cada individuo se plantea alcanzar deben ser apreciadas por las personas a las que se siente unido. Si esta coherencia no se produce existen dos alternativas: romper con la red de apego o abandonar los objetivos planteados. Por lo tanto, los objetivos individuales son, al mismo tiempo, objetivos sociales.

Un ejemplo de la influencia que tiene la red social de apego en el planteamiento de objetivos y en el empeño puesto en su consecución lo ofrece la nadadora estadounidense Janet Evans. Esta deportista, de 40 años de edad, que consiguió tres medallas de oro en los Juegos Olímpicos de Seúl en 1988, a las que añadir un oro y una plata en Barcelona’92,  ha decidido volver a competir en unas olimpiadas 16 años después de su última participación en Atlanta. Sin embargo, los objetivos que ahora se plantea son muy distintos a los que la llevaban a lanzarse al agua de la piscina hace 20 años.



Evans, madre de dos hijos Sydney y Jake, está dispuesta a competir frente a más de 1000 participantes (sólo los dos primeros tendrán plaza para Londres) en los “trials”de los 400 y 800 metros libres  que tendrán lugar en Junio. ¿Qué lleva a una atleta a prepararse de nuevo para la alta competición tras tantos años de ausencia? La respuesta está en que su red de apego, en este caso su familia, la apoya y motiva en este reto. “Sé que hay quien piensa que si me he propuesto este reto es porque deseo estar en los Juegos olímpicos y que si no lo consigo habrá fracasado” decía Evans en un artículo publicado por el New York Times. Sin embargo, Janet está más centrada en el proceso que en el resultado final “No lo hago por estar en los Juegos, lo hago para demostrarme que mi cuerpo es capaz de hacer cosas que mi mente le dice que puede lograr”.



Para llevar adelante este reto, Evans necesita del apoyo de su familia a la cual no está dispuesta a renunciar. Para poder compartir el tiempo de sus hijos se levanta cada día a las 4:30 de la madrugada para ir a entrenar a la piscina, mientras sus hijos duermen, estar de vuelta en casa a tiempo para prepararles el desayuno y llevarles al colegio y continuar con su entrenamiento una vez los ha dejado en el colegio.



La muestra de la importancia de la respuesta positiva hacia los objetivos propuestos por Janet y las conductas que pone en práctica para conseguirlas queda reflejada en la siguiente afirmación “Nunca valoré el hecho de ser una gran atleta porque se deba por sentado. Sin embargo ahora entiendo lo duro que es y lo divertido que me resulta decirle a mi marido lo que he tenido que hacer cada día para afrontar esta locura”. El apoyo de su marido y la ilusión y admiración de sus hijos hacia su madre son los pilares que sostienen el reto de Janet Evans. La nadadora ya posee la respuesta instintiva de supervivencia en el medio acuático, es su red social quien debe encargarse de ofrecerle el apoyo, la seguridad y los recursos para seguir viendo viable el reto iniciado. Para ello toda su red se encargó de que Janet reestructurara sus objetivos y prioridades.





En Junio sabremos si ha sido capaz de conseguir una plaza para los Juegos de Londres. No es un imposible. En los Juegos de Beiijing 2008 otra nadadora estadounidense, Dara Torres, consiguió ganar tres medallas de plata a los 41 años y con su hijo entre el público. Esperemos ver en Londres a Janet y a toda su red de apego entre el público. Seremos así conscientes de lo verdaderamente necesario para cumplir un sueño.

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