jueves, 23 de febrero de 2012

Decisiones Instintivas y Cerebro Reptiliano

Gracias a los dinosaurios poseemos un cerebro que vela por nuestra supervivencia al que le hemos añadido un conjunto de capas que han permitido desarrollar el carácter social y cultural que nos define como especie. Manda sobre nosotros el reptil que llevamos dentro, aunque para vivir en sociedad nos gusta pensar y hacer pensar a los demás que pensamos.

El 80% de la información que nuestro cerebro procesa es de tipo visual, por eso soñamos con imágenes. La importancia de los estímulos visuales es una herencia evolutiva de los reptiles, quienes comparten con nosotros el cerebro primario y las conexiones de los ojos con él. El cerebro primario o primitivo está integrado por el tallo cerebral y el cerebelo. Su funcionamiento es eminentemente emocional, guiado por estímulos visuales, y tiene como misión gestionar nuestras respuestas instintivas (muy resistentes al cambio) y  situándonos en el presente, sin otro horizonte temporal, con el objetivo la supervivencia.



¿Cómo detectar el funcionamiento del cerebro primitivo?  Se consigue mediante la medición de respuestas reflejas como los latidos del corazón, la respiración, la sudoración, la temperatura corporal…  Según el especialista en neuromarketing PatrickRenvoise el 99% de nuestras decisiones son tomadas por nuestro cerebro primitivo, quedando un 1% a las decisiones tomadas desde un nivel consciente. Somos seres instintivos por naturaleza y tratamos de enmascarar estos instintos a través de la justificación racional de decisiones tomadas desde un nivel instintivo. Tengamos en cuenta la cantidad de decisiones que diariamente tomamos, entendidas como comportamientos a seguir. Si racionalizáramos cada una de las decisiones aumentaríamos el coste de tiempo e inversión energética en decidir siquiera el camino a seguir para acudir a una cita.



Revestimos las decisiones instintivas de un aura de razón porque deseamos justificar nuestras conductas, queremos tener la sensación de dominio sobre nuestras acciones, deseamos tener una ilusión de control acerca de nuestras decisiones. Un ejemplo de esta ilusión lo demostramos cuando vamos a realizar una compra, nosotros desde niveles inconscientes ya hemos decidido entre las alternativas a nuestra disposición cuál es el producto que vamos a elegir. Sin embargo, demandamos la presentación de venta por parte del vendedor para sentirnos persuadidos, para justificar con los argumentos que ha utilizado una decisión que probablemente ya hemos tomado a otro nivel.



La racionalización de los instintos y su control es una conducta que es premiada socialmente y muy apreciada por las culturas, especialmente las orientales. ¿Cómo intentamos demostrar que hemos dejado de ser instintivos? Sirviéndonos del lenguaje. Empleamos las palabras para manifestar decisiones que nos hagan quedar bien y ganar prestigio dentro del contexto o grupo en el que nos encontremos, aunque nuestro cerebro primitivo se decante por otra alternativa. El lenguaje nos sirve para dotar de razones a y argumentos que embellezcan nuestros instintos. Su uso es apreciado por el resto de miembros del grupo ya que hablan de nuestra inteligencia y puede reportanos un estatus elevado dentro del grupo.



¿Podemos medir la actividad de nuestro cerebro primario frente al cerebro racional? Es posible y ya se ha hecho. Antonio Damasio, a mediados de los años 90, realizó un experimento por el que demostró cómo los instintos son más eficaces a la hora de dar una respuesta. Realizó para ello un experimento, mediante el que medía diferentes constantes  (frecuencia cardíaca, respiración, sudoración) de los sujetos que participaban en el experimento. El ejercicio consistía en un juego de apuestas en la que se presentaban dos barajas, una de las cuales estaba trucada. El experimento demostró que nuestro cuerpo emitía señales de haber detectado la trampa muchas jugadas antes de que éste hecho se manifestase a un nivel consciente.

Para terminar propongo un ejercicio que puede ayudarte a entender cómo funciona tu cerebro reptiliano. Un ejercicio clásico es comprobar nuestros reflejos rotulianos, nos golpeándonos en la rótula vemos que instintivamente nuestro cuerpo reacciona.



Otra actividad que demuestra el funcionamiento de nuestros instintos es el tiempo de reacción desde que se presenta un estímulo hasta que ejecutamos la acción. Para este ejercicio necesitamos una regla de unos 50cm de longitud y a otra persona. La dinámica es sencilla, una persona sujeta la regla, de manera que este queda en perpendicular con el suelo, mientras que la otra por debajo, en un punto bien definidor de la regla (por ejemplo en la marca de 10cm) con los dedos índice y pulgar abiertos alrededor de la regla sin tocarla. La persona que sujeta la regla la suelta cuando crea oportuno, sin aviso, y la otra persona debe intentar agarrarla cuando se dé cuenta de que ha sido soltada.



Una vez sujetada, teniendo en cuenta la distancia que la regla ha caído desde esos 10 cm que tomamos como punto de partida y la aceleración de la fuerza de la gravedad (9,8m/s) podemos calcular el tiempo de reacción.

Una última propuesta consiste en cronometrar el tiempo que se tarda en golpear ,25 veces cada uno, con la palma de la mano el área de dos círculos, equidistantes (20 cm) de un punto intermedio, situado encima de una mesa. El procedimiento es muy simple, se coloca al sujeto, con las piernas ligeramente separadas, delante de una mesa en la que están los dos círculos. Se pone la mano menos hábil en el centro de la mesa y se cruza por encima de ella la mano dominante (esta es la posición de partida). A la señal convenida se golpean con la mano dominante, alternativamente cada círculo, siempre pasando por encima de la mano situada en el centro de la mesa.
Se cronometra el tiempo y se compara con la gráfica que aparece a continuación, lo cual nos dará una información acerca de la movilidad y la agilidad de nuestra extremidad superior.


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