viernes, 10 de febrero de 2012

Correr Aumenta el Éxito Reproductivo

Los atletas que participan en carreras de fondo son rápidos, disciplinados, delgados… y, como otros muchos deportistas, se lesionan con cierta frecuencia debido al estrés al que someten a sus músculos y a sus huesos. Las lesiones de los corredores es una tema por el que se han interesado diferentes disciplinas científicas, desde la biomecánica hasta la biología evolucionista, pero ninguno de los estudios realizados ha conseguido impedir que millones de corredores se lesionen cada año.



Las teorías que se han elaborado al respecto señalan la incidencia de diferentes factores en la tendencia a lesionarse de un atleta. Unas teorías se centran en la incidencia que tiene el hecho de correr por una superficie dura como el asfalto y el efecto rebote de las fuerzas a las que se ven sometidas las rodillas; otra teoría habla de la influencia de seguir una dieta inadecuada; acumular demasiados kilómetros de entrenamiento o demasiado pocos también se señalan como indicadores que aumentan la probabilidad de sufrir lesiones.
La teoría que más incidencia ha tenido durante la última década se la debemos a Daniel Lieberman, (Universidad de Harvard), y a Dennis Bramble (Universidad de Utah) y su estudio acerca de cómo ha afectado el acto de correr a la evolución humana (puedes leerlo pinchando aquí). Según estos autores, en el pasado, en el seno de las sociedades de cazadores-recolectores, los individuos mejor preparados para correr eran capaces de obtener más recursos alimentarios a través de la caza, lo cual les garantizaba un mayor acceso sexual a las hembras, aumentando así sus posibilidades de alcanzar el éxito reproductivo y con ello las perpetuación de sus genes en las generaciones posteriores.

Durante el desarrollo de esta teoría Lieberman y Bramble descubrieron la relación que tiene la forma de correr y el riesgo de sufrir lesiones. Para esclarecer esta relación prestar especial atención a analizar la forma en la que el pie entra en contacto con el suelo y ver si guarda alguna relación con la tendencia a sufrir lesiones. Los autores sostienen que correr descalzo, como los cazadores-recolectores,  es el patrón de carrera para el que nuestro cuerpo está preparado y mediante el cual la primera parte de nuestro cuerpo en entrar en contacto con el suelo es la parte anterior de pie lo cual es una forma más eficiente de correr (en cuenta produce un menor gasto de energía y un mayor impulso) y que, a su vez, repercute en una menor frecuencia a lesionarse.



El lanzamiento de esta hipótesis, cuya alcance se ha visto multiplicado gracias al libro "Nacidos para correr" de Christopher MacDougall, provocó un terremoto entre los fabricantes de calzado deportivo que veían peligrar una de sus principales fuentes de ingresos y resquebrajarse todos sus esfuerzos y mensajes en los que sostienen las virtudes de sus zapatillas. Lieberman sostiene que el hecho de utilizar zapatillas de alta tecnología no previene de la aparición de lesiones sino que más bien las fomenta. El uso de zapatillas ha obligado a miles de corredores a cambiar su estilo natural para la carrera, transmitido genéticamente durante generaciones, pasando a utilizar como primer elemento de apoyo durante la carrera el talón, estilo que aumenta la probabilidad de sufrir lesiones.





Las afirmaciones de Lieberman fueron atacados por la industria del calzado utilizando el argumento de que dichas afirmaciones carecen de contrastación empírica. Para defender su tesis valiéndose del método científico, Lieberman ha podido valerse de una base de datos en la que quedaban registrados los entrenamientos de los atletas del equipo de atletismo de la Universidad de Harvard durante cuatro años, en la que también dejaban constancia de si habían sufrido alguna lesión que les impidiese entrenar durante más de dos días seguidos, así como de grabaciones en vídeo del estilo de pisada de cada uno de estos atletas. Los datos obtenidos arrojaron, sobre una muestra de 52 corredores, el 69% utilizan el talón como primer elemento de apoyo, mientras que el 31% restante utiliza la parte anterior del pie (estas proporciones son iguales indistintamente del sexo). Puedes leer el estudio aquí

El dato más relevante obtenido en el estudio fue que dos terceras partes de los atletas sufrieron alguna lesión, eso sí, la incidencia de las lesiones en los corredores que apoyan primero el talón es dos veces superior a la que sufren los atletas que apoyan la parte anterior del pie. Este descubrimiento no hace otra cosa sino que incentivar aún más el debate acerca de si es mejor correr descalzo.

¿Quiere esto decir que aquellos que corren apoyando primero el talón deben cambiar su forma de correr? La respuesta que Lieberman ofrece es que sólo debe producirse este cambio en la forma de correr en caso de sufrir lesiones con mucha frecuencia y si se repite con frecuencia recaídas de una misma lesión.
Un caso de un deportista que haya tenido que modificar su forma de correr lo encontramos en el futbolista holandés Arjan Robben. El futbolista, durante su estancia en el Real Madrid (2007-2009), sufrió gran cantidad de lesiones que le llevaron a perderse prácticamente la mitad de partidos en esta etapa, llegando durante sus primeros meses en el equipo blanco, a perderse 14 de 23 partidos como consecuencia de alguna lesión.



El cuerpo médico del Real Madrid llegó a la conclusión de que tan elevada frecuencia de lesiones se debía a la mala técnica de carrera del holandés. Por ello, en su periplo madridista Robben se vió sometido a una proceso de reeducación a través de una rutina de ejercicios, creciente en complejidad, que le llevara a adoptar una nueva técnica de carrera, incidiendo en el apoyo de los metatarsos, hasta convertirla en un reflejo condicionado.

Antes de someterse a este tratamiento Robben corría apoyando los talones con gran fuerza lo cual sometía a un gran estrés a sus músculos flexores, dejando la cadera muy atrás y exigiendo un gran esfuerzo a su zona lumbar que se traslada a la parte posterior de los muslos, provocando una gran cantidad de lesiones musculares. Frente a esta tesitura Robben no tuvo más remedio que aprender a correr como si estuviera sobre los pedales de una bicicleta y el campo fuese un tapiz rodante que debe empujar hacia atrás.


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